Comedia y sueño político de unas noches de verano

11 / 07 / 2016 Jesús Rivasés
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Hay mucho postureo en los contactos para una investidura. en la trastienda, ya suena un candidato de Ciudadanos para presidir el Congreso, mientras Sánchez, que podría reafirmase como líder del PSOE y de la oposición, escucha cómo sus barones quieren que haya Gobierno pronto porque necesitan ya más dinero

Postureo, paripé, comedia. Todos lo niegan, pero todos hablan y ahora todo muy discreto, como le gusta a Mariano Rajoy. Todos mienten, claro, pero son las reglas. Y si Jean-François Revel insistía en que la “mentira es la primera de las fuerzas que mueven el mundo”, Herman Melville le escribía a su amigo Nathaniel Hawthorne que “la verdad es la cosa más tonta que hay bajo el sol. Intente ganarse la vida con la verdad y después vaya a los comedores sociales”. Casi dos semanas después del 26-J la actividad política se divide entre las reuniones que ha empezado a tener el líder del PP con grupos minoritarios y autonómicos –Coalición Canaria, PNV, ERC y Convergència– y las conversaciones y contactos reservados. Todos lo niegan, claro, pero ha habido algo más que breves charlas telefónicas. Albert Rivera, que al frente de sus Ciudadanos es una pieza clave del sudoku político, ha estado desaparecido algunos días, igual que Pedro Sánchez, por mucho que al final fuera descubierto en una playa de Mojácar. Los teléfonos no han dejado de funcionar ni un solo minuto después de que se cerraran las urnas. El PSOE, por supuesto, debe oponerse a la investidura de Mariano Rajoy, pero como ha recordado Miguel Sebastián, el que fuera ministro de Industria con José Luis Rodríguez Zapatero, también hubo un tiempo en el que los socialistas, con el mismísimo Felipe González a la cabeza, proclamaban aquello de “OTAN, de entrada no” y el que luego defendieran lo contrario –referéndum incluido– no les impidió volver a ganar elecciones e incluso con mayoría absoluta. Algún analista cercano al PSOE, como Bolaño, lo resume en un “PP, de entrada no”.

Rajoy y el PP cogieron un fuelle inesperado el 26-J y, desde entonces, transmiten más que tranquilidad. Nada está asegurado todavía, pero todo ha cambiado. La víspera de las elecciones barajaban planes que han quedado arrumbados por la fuerza de los hechos y los votos. También lo negarán, pero notables del PP hablaban el día de reflexión de unas terceras elecciones como una opción si las urnas lo dejaban todo igual que el 20-D. Ahora esa opción no le interesa a nadie, sobre todo a los distintos adversarios del PP, temerosos de cosechar un resultado todavía peor. En diciembre, Pablo Iglesias decidió enseguida que le convenía una repetición electoral y, aunque decía lo contrario, trabajó para ello, como ha repetido tantas veces Pedro Sánchez. También él se equivocó y el jefe de Podemos bastante tiene ahora con los líos internos de su propio grupo.

La trastienda de la comedia política de un verano tórrido, que se representa en Madrid, construye un modelo para los próximos meses, incluso años si todo se da bien. Están interesados el PP, el PSOE, Ciudadanos y también el PNV, Coalición Canaria e incluso podría estarlo Convergència. Podemos vociferará, pero lo asumirá, mientras diseña una estrategia para intentar recuperar en la calle, a partir del otoño, lo que no logró en las urnas. Eso sí, si la comedia tiene un final feliz, Iglesias y los suyos tendrán menos cobertura mediático-televisiva, porque el PP y el PSOE también hablan ahora de ese asunto y, tras el susto o muerte previo al 26-J, nadie quiere repetir la experiencia, sobre todo con el ejemplo del Brexit caliente, con efectos colaterales que ya se empiezan a notar, como el corralito –no en Argentina, ni en Venezuela, sino en el Reino Unido– a las inversiones inmobiliarias.

Nada está decidido. Todo puede ocurrir, incluso unas terceras elecciones, pero no parece probable. Los contactos y negociaciones en segundo plano –los que se niegan y se ocultan– sugieren que Albert Rivera volverá a arremeter contra la figura de Mariano Rajoy, pero que ya hay un nombre del partido naranja encima de la mesa como posible presidente del Congreso –suena el asturiano José Ignacio Prendes– y que el líder de Ciudadanos estaría dispuesto a que su partido tuviera algunos ministerios en el próximo Gobierno. El grupo político que lidera Rivera, tras el chasco del 26-J, se juega su futuro y lo último que le interesa es parecer prescindible, tropa auxiliar y sobre todo, una tercera cita con las urnas.

El PSOE, en teoría, no puede ni debe propiciar un Gobierno del PP ni por acción, ni por omisión, es decir, por abstención. Sin embargo, la opción de la vuelta a las urnas espanta a todos, Pedro Sánchez incluido. El jefe del PSOE ha tenido –porque se la han susurrado– la tentación de explorar un enrevesadísimo pacto con Podemos e independentistas varios, pero ese sí es “el sueño de una noche de verano”. Todo es negociable, con y sin taquígrafos, pero Pedro Sánchez también podría garantizarse su supervivencia al frente de la oposición mientras el PSOE se recompone y lleva la voz cantante ante un nuevo Gobierno de Rajoy, con o sin ministros de Ciudadanos. Los llamados barones socialistas, incluida la baronesa Susana Díaz, descartan cualquier apoyo del PSOE a la investidura de Rajoy, pero también le han explicado a Pedro Sánchez que les conviene que haya Gobierno cuanto antes porque hay que desatascar la financiación. Necesitan dinero con urgencia y para conseguirlo hace falta que haya Gobierno. Comedia y sueño político de unas noches de verano. ¿O no?, como diría Rajoy. Melville ya escribió que quien quiera ganarse la vida con la verdad, que vaya a los comedores sociales. Sobre todo en política española.  

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