Cándido Méndez, el otro vicrepresidente de ZP
Cándido Méndez, que ahora deja la dirección de UGT, fue el otro vicepresidente económico de Zapatero y fue quien le recomendó la política de subsidios y endeudamiento que aplicó y que, finalmente, tuvo que rectificar.
Cándido Méndez (Badajoz, 1952) acaba de retirarse como secretario general del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT), después de estar 22 años seguidos al frente de la organización. Accedió al liderazgo de la UGT en 1994 y sucedió al histórico líder sindical –y también político– Nicolás Redondo, que tuvo un final de mandato agridulce, afectado por la crisis-escándalo de la Promoción Social de Viviendas (PSV) y por los enfrentamientos con el entonces presidente del Gobierno, Felipe González.
PSV fue una cooperativa impulsada por el sindicato UGT a principios de los años 80 del siglo pasado que, simplemente, terminó mal y con algunos de sus responsables directos en los tribunales. Fue una especie de pelotazo inmobiliario fallido de la época, que se llevó por delante parte del prestigio del sindicato y que, de rebote, salpicó a Nicolás Redondo, que, aunque no estaba implicado directamente en nada, tuvo que asumir la responsabilidad como máximo dirigente de la organización sindical. El problema fue enorme en la época porque los cooperativistas eran trabajadores, algunos vinculados a UGT y otros no, que con la confianza que les daba el sindicato se embarcaron en un proyecto que les prometía unas viviendas que, en un momento dato, estuvieron en el aire por los errores –y algo más que errores– de los gestores de la cooperativa. Al final, UGT, con su patrimonio de por medio y con la ayuda del Gobierno, tuvo que salir al rescate del proyecto y, sobre todo, de los cooperativistas atrapados. Todo se arregló, pero aquello, unido a las discrepancias de Redondo con Felipe González, contra cuyas políticas económicas impulsó la histórica huelga general del 14-D de 1988, forzó su salida de la dirección del sindicato.
Cándido Méndez tuvo que afrontar la tarea, hercúlea en algunos momentos, de reorganizar el sindicato y, sobre todo, hacerse cargo del larguísimo proceso de solución final de los infinitos flecos que dejó el asunto de PSV, que se prolongó durante nada menos que 15 años. Méndez fue siempre un personaje indiscutido en la organización y, aunque él ha reconocido que quizá debería haberse retirado un par de años antes, nadie intentó nunca ninguna acción en su contra. Se va, como su predecesor, con un cierto sabor agridulce, motivado por el hecho de la pérdida de poder e influencia de UGT –de todos los sindicatos–, la deserción de unos 230.000 militantes y, sobre todo, el haber dejado de ser un referente en la sociedad y entre los trabajadores, hasta el punto de que su influencia quedó reducida a poco más del sector público.
Méndez, por otra parte, fue considerado como “el otro vicepresidente” de los Gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero sin que, obviamente, nunca formara parte de ellos. Sin embargo, su influencia sobre el entonces presidente fue inmensa, y de ahí, lo del “otro vicepresidente”, por encima a veces incluso de los de verdad, María Teresa Fernández de la Vega, Pedro Solbes o Elena Salgado, sucesivamente. Hay una historia, no demasiado conocida, que ilustra la influencia que tuvo Méndez en Zapatero y las consecuencias para la economía española, que todavía se arrastran.
La primera reacción de Zapatero ante la Gran Recesión fue negar que afectara a España. Luego, cuando lo evidente estaba ahí, Cándido Méndez –lo contó el propio sindicalista entonces– le aconsejó al presidente que se olvidara de cualquier política de creación de empleo en tiempos de crisis, porque eso es imposible. El sindicalista decía, con una frase poco afortunada, que eso era “como hacer el amor con un muerto” y que la única solución era aplicar una política muy generosa de ayudas públicas y subsidios de todo tipo y, para hacerlo, aprovechar el bajo endeudamiento público español para financiarlo con deuda pública. Dicho y hecho. Zapatero se aplicó con esmero y siguió el consejo de su otro vicepresidente y en tan solo dos años logró pasar de un superávit de 21.620 millones de euros (en 2007) a un déficit de 118.237 millones (en 2009), y eso sin rescate bancario. Al mismo tiempo, la deuda pública, que rondaba el 36% del PIB, unos 350.000 millones de euros, se duplicó y el gasto de las administraciones públicas aumentó en 100.000 millones más o menos entre 2006 y 2010. Algo así como lo que ahora plantean desde Podemos. El resultado es conocido: deterioro de las cuentas públicas, otros tres millones más de parados y llamada al orden de la comunidad internacional a Zapatero, que se vio obligado a rectificar por la vía de urgencia en la primavera de 2010. Al año siguiente, el PSOE perdió las elecciones por goleada.
Méndez, en los últimos tiempos de Zapatero, estuvo a punto de pactar con los empresarios una reforma laboral más suave que la que luego aprobaría el PP. Los empresarios estaban de acuerdo, pero al final, Méndez no se atrevió a dar el gran paso y, también gracias a eso, los sindicatos han tenido que apechugar con el hecho de que no supieron reaccionar adecuadamente en los peores momentos de la crisis, aunque en su haber hay que anotar el mantenimiento de la paz laboral en el país. Méndez, que ha sido un líder honrado y con carisma, deja pendiente el reto de que su sucesor consiga liderar un verdadero sindicato, moderno y poderoso, del siglo XXI. Es imprescindible, para los trabajadores y para la democracia.


