Shakira regala su embarazo

24 / 01 / 2013 17:33 Jesús Mariñas
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La cantante colombiana, que acaba de ser madre, hace un posado junto a su novio, el futbolista Gerard Piqué, para recaudar fondos para los niños necesitados.

El niño, de nombre Milán, nació el 22 de enero, apenas diez días antes del doble cumpleaños familiar: serán 36 para la rebosante mamá de caderas movedizas y 26 para el futbolista, que ya no es imagen masculina de Mango. Qué distinta postura esta de ahora, posando juntos para exhibir barrigón, que la de sus primeros tiempos ennoviados, cuando al presentar el spot Freixenet, cuyas ganancias legó a su fundación, ella negó cualquier relación con Piqué atribuyéndolo a un “waka rumor”. Era finales de noviembre y ya salían de tapadillo desde agosto, coleaba en la colombiana su relación con Antonio de la Rúa, ambiguo hijo del expresidente argentino, indeciso entre quererla o representarla, al que dejó fulminantemente tras meterle un gol el azulgrana. Su contundencia aniñada en cuerpo grande la rindió, y así lo confesaría a su abogado español y exministro José María Michavila.

Acabó instalándose en Barcelona y llenó de ritmo el piso que Gerard tiene en Bonanova, al final de la larga calle Balmes, muy cerca del local donde Iñaki Urdangarin y su panda tenían los recaudadores despachos. Shakira no es la primera estrella que posa desnuda mostrando la rotundidad de su gravidez y todas han provocado impacto como la entonces famosísima Demi Moore, que ocupó la portada de Vanity Fair en 1991. La siguió Claudia Schiffer, que estaba entonces en pleno apogeo. Su desnudo fue para Vogue International y era integral incluyendo pechos descubiertos, que, sin embargo, Shakira esconde bajo sujetador de tono carne. En Paz Vega era apenas perceptible y menos impactante, émula de las anteriores como sucesivamente también lo fueron la deslumbrante Angelina Jolie, la eterna Cindy Crawford, reapareciendo con cuarenta y muchos sin dejar de promocionar productos embellecedores, Britney Spears, Monica Bellucci o Sienna Miller.

Imágenes históricas.

Componen una galería singular de intrépida actitud mostradora de su satisfacción maternal que algunas esconden, como aquí estamos viendo con Chayo Mohedano evitando ser pillada de perfil. Suponen imágenes de impacto, hacen historia y descubren el orgullo de ser madre en el caso de la rubia colombiana con el apoyo feliz y casi exhibicionista de Piqué aportando más carnaza y causando desmayos y gritos al posar amoroso y desnudo de cintura para arriba. Imágenes históricas como las que ahora, inoportunamente, resucitan la primera boda manchega de Letizia, son ganas de jorobar y enturbiar más el ambiente plomizo de la Familia Real.

Gerard y Shakira lanzan posado de coleccionista como el gesto benéfico que impulsa tal muestra cárnica solicitando que a cambio, contribuyan con un regalo solidario dentro de lo que en Estados Unidos conocen como baby shower a través de Unicef, donde los posibles regalos para su inminente bebé son destinados a recién nacidos que viven en la más extrema pobreza. De ahí que el entrañable dúo tan dispar solicite, no el envío de juguetes, patucos o muñecas, sino comidas terapéuticas, vacunas y sales rehidratantes que salvarán la vida a miles de críos menesterosos. La colaboración parte de los 5 dólares (3,7 euros), lo que un café en el barrio de Salamanca, que equivalen a un mosquitero protector del paludismo; pasan por los 10 dólares (7,5 euros), que cuestan las vacunas antipoliomielíticas; los 37 dólares (28 euros), que resultan suficientes para adquirir una báscula supervisadora del crecimiento, y llegan hasta los 110 dólares (82,6 euros) de una alimentación terapéutica hecha de pasta de maní para los más desnutridos. Todo lo precisan, explican y detallan generosos mientras aguardan ilusionados a su primer hijo. Después se supone que llegará el enlace, aunque ninguno tiene prisa en darse el sí quiero.

El gesto maternal era producto de regocijo en el tumultuoso y alborozado primer gran estreno del año. No se podía pedir más y los más viejos del lugar, como Trialasos o Ferrando, lo hacían notar ante Charo Reina, ahora zarzuelera porque la copla se extingue. Ante una Maribel Martín todavía espléndida, rubia de melena, luminosa y tan seductora como cuando hizo Fortunata y Jacinta con  Ana Belén. Se dispone a reaparecer teatralmente, igual que la magnífica Lola Herrera –que siempre presume de que la primera entrevista de su vida se la hizo este menda en La Coruña, cuando protagonizó Rebelde con Vicente Parra– montando la versión teatral de El estanque dorado donde la acompaña Héctor Alterio. Lola sorprende con su nuevo peinado de pelo cortísimo casi ceniza, un buen trabajo merecedor de premio hecho por Mary Ángeles Cáceres, jefa de salón de Moncho Moreno. Él canceló viaje unas horas antes de irse a Barcelona llamado por Pronovias, donde peinaría a siete modelos con el primor con que Nati Abascal hace en París los reportajes de Alta Costura.

Tenía que ponerlas a punto para presentar nuevas –trabajo póstumo de Manuel Mota– colecciones nupciales a compradores de todo el mundo, la vida y el negoci siguen mientras colea la polémica generada por Mota, que en paz descanse. Lo organizaron como un desfile tradicional con siete maniquíes pero, precavidos, sensibles o quizá afectados, en el último minuto decidieron eliminar lo que tenía de show divertido y social. Al final se limitaron exclusivamente al aspecto comercial ojeador de lo que ya es última obra del diseñador desaparecido de forma trágica y absurda. Las compras se hacen ahora igual que los encargos porque mayo sigue siendo el mes de las novias. El día 4, en El Salvador (Sevilla) se celebrará nuevo bodón solemne del hijo mayor de Carmen Tello, futuro marqués de Solís.

Estreno jocoso donde, sin embargo, lloraron la muerte de Fernando Guillén, otro galán primer actor que nos dejó como meses antes lo habían hecho Carlos Larrañaga, despedido de tapadillo por decisión de sus hijos, que prometieron un homenaje todavía irrealizado; el bravucón Juan Luis Galiardo; el buenazo y racial Sancho Gracia, eterno Curro Jiménez, o la sobria comicidad de Paco Morán, un andaluz catalanizado antes de que el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, la metiera con que “hay que españolizar”.

Un texto espantapenas.

Noche festiva aportando lo último sobre un Guillén años separado de Gemma Cuervo que cuando empeoró se lo trajo a Madrid y lo cuidó hasta su último suspiro. Suerte que Sofocos es un ligero texto espantapenas arropado, o más bien iluminado, con frescos diseños escénicos de Ágatha Ruiz de la Prada, que se veía impotente ante el gentío amontonado, casi hora y media haciendo cola en pos de localidad. Allí igual se agolpaban desde Gómez de Liaño a Isabel de Silva Ramos con Zurita, que veías a Mercedes Milá –firme en rechazar el condado de Montseny, que le corresponde por progenitura al morir su padre– o a María José Álvarez, luminosa siempre que sonríe y asombrada del barullo casi verbenero, con todo el mundo haciendo tertulia en platea. Veías con encaje azul a Teresa Campos, que abre el espectáculo con un vídeo de ocho minutos disparatando sobre la menopausia –ella habrá pensado, ¡a buenas horas!, que cabe como truco teatral– presumiendo con su nieta mayor, Carmen, hija de su pequeña, que no es la recuperada más que recuperada Terelu, sino la más opaca pero igualmente eficaz Carmen Borrego.

Campos nada aclaró de si volverá a trabajar con Jorge Javier Vázquez en Sálvame después del reciente enfrentamiento, donde ella recriminó al badalonés cierto maltrato a la audiencia. Jorge perdió los papeles y dejaron de colaborar. Terelu se estilizó tras el superado mal, ya no abusa de brillos abaratadores y hasta cambió su sonrisa, ahora más abierta y diferente. Lo comprobó José Manuel Parada, tan cubierto por bufandones como Chayo Mohedano escondiendo tripa con un chal negro –ha engordado–, buen contraste a la extrema delgadez de su madre.

Raquel Bollo se hizo notar intimidada pero rebrillando agitanadamente y Mila Ximénez, siempre de vuelta, cáustica y descacharrante en su impasibilidad a veces saltona, se divertía con el tablao de esta nueva farsa donde Lolita olvida la tragedia tan premiada de Rencor y provoca carcajadas como monja minifaldera o recordando a Juana la Loca, en una versión que me hizo pensar en su madre, Lola Flores. Y cuando lo estaba haciendo, comparando a una y otra Flores, a mi lado sonó el móvil de Juanito Golosina. Un timbrazo que sonó a más allá. Toqué madera porque en pleno despachurre cómico de Lolita sonó La zarzamora en voz y genio de su señora madre. Juan y yo nos miramos estupefactos, él por el despiste de no apagar y yo por la casualidad de volver a juntar a madre e hija en un estreno.

Disfrutando del jolgorio.

Me dio escalofríos y lo comenté con Vladimir Cruz, protagonista del mítico Fresa y Chocolate que bajo engalanador terciopelo negro y con óptica cubana disfrutaba del jolgorio igual que Antonio Albert tras rematar monólogo destinado a Loles León. Va de tragicomedia, algo apenas tocado por la barcelonesa almodovariana que empezó cantando “aquí te traigo el higo” y otras sutilezas por el estilo. Ángel Barutell reaparecía con la exquisita Gloria después de pasar 56 días encamado. Ya es solo un mal recuerdo, todavía irrepetible su etapa como relaciones públicas de El Corté Inglés, igual que Juan Pedro Abeniacar, que vestía abrigo gris con cuello aterciopelado, creando y difundiendo perfumes en Guerlain. Cósima, la dulce y veinteañera hija del periodista Pedro J. Ramírez, llegaba de exótica aventura hindú, y Ágatha la cuidaba tal si fuese aún una niña.

La diseñadora controló bajo rutilante túnica azul Francia que embobó a la princesa de Orléans, que no entra en el repetido contencioso de su hijo Charles Philippe con Luis Alfonso reclamando mutuamente, y los dos con derechos históricos, el ducado de Anjou, que en Francia viene a ser como el Principado de Asturias. Ahí pelean Orléans contra Borbones, algo que suena a música de otro tiempo, cuando no había liberté, fraternité ni égalité. Consuelo Berlanga era felicitada por ser complemento, a veces desaprovechado, de la Campos y José Toledo contó penas de su paso como presentadora por Telemadrid: “Aquello me sirvió de experiencia, hay que ver lo mal que está todo”, casi suspiró cerca de la eterna María Kosty como parada en el tiempo con la misma lozanía que Isabel Pisano con su turgente pecho firme. Costó reconocer a Ana Villa, exesposa de Antonio González, como Mota, otra víctima de sí mismo. El tiempo ha atemperado su carácter, le ha puesto gafas y más kilos remarcados por blusón felino al que Carmen Lomana echó ojo: “Es que ayer, en la comida –aniversario de Carmen Navarro por sus 40 años en la estética donde estuvieron desde la refeliz Helen Lindes a Marián Camino, pasando por Lujan Argüelles o Paco León– me robaron un foulard muy parecido”, contó en pleno lamento mientras María León supera divorcio con estilo y desenfado, quizá porque sabía dónde se metía, como el antaño conflictivo Javier Saavedra, mostró cachaza, flema y aguante sin quitarse el sombrero que siempre compra en Florencia, igual que los guantes.

Es lo que antes llamaban pisaverde, mientras la obra de teatro Sofocos no pasa de entretenimiento evasor apropiado y relajante para la tensión latente. Es una demostración de lo gran cómica que es Lolita y de cómo Paz Padilla hace autocaricatura en dos tipos de humor: sutil o simplemente chistoso.

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