Las bodas acaparan la actualidad veraniega

02 / 08 / 2016 Jesús Mariñas
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El verano llega cargado de enlaces destacados. Desde el hijo de Ana Rosa Quintana a Gabriela Palatchi y Guti. A la vuelta de las vacaciones Rocío Carrasco contraerá matrimonio con Fidel Albiac.

Mayo ya no es el mes de las novias, hay bodas a todo trapo. Y lo hacen variando expresiones que reflejan pompa y circunstancia. Pasó a la historia exaltar las felices caras de los contrayentes o referirse a la santidad del lazo antaño indisoluble. Hoy difieren las crónicas del género y lo titulan como “espectacular y mágica boda de Gabriela Palatchi”, “glamuroso sí quiero de Ana Ivanovic” o “la emotiva boda extremeña del hijo de Ana Rosa Quintana” obviando al también famoso –pero menos– padre, Alfonso Rojo. Y no por despiste, para qué aguarles la fiesta dejando en solo “románticos, elegantes y divertidos” los casorios de Guti y la riquísima María El Assir, donde asistieron, pero evitaron lucirlas, Tamara Falcó y Ana Boyer.

Resaltan a los contrayentes y en las 14 páginas casi publicitarias del bodón Pronovias, intencionadamente evitaron mostrar a Isabel Preysler, Irina Shayk y Karolina Kurková, auténtica guinda del pastel como imágenes promocionadoras de la firma de Alberto Palatchi. Lo que muchos no entendieron dadas sus raíces judías es usar una pequeña ermita católica. Igual oficiaron con dos ritos. Abundó en espectacularidad evitada por Guti y Romina Belluscio. Estuve en la primera boda del antiguo ídolo merengue. Fue en Los Jerónimos, a las suntuosas ocho de la tarde, con Arancha de Benito. Parecían hechos el uno para el otro. No fue así, porque el destino se divierte y el jugador era un dandi, el primer madridista en marcar estilo de elegancia rompedora entonces mal admitida y ahora imitada por Cristiano Ronaldo almidonado y con gomina.

La segunda boda para Guti

 Otro aire, Guti marcó época y luego lo comprobé cuando empezó a salir con Romina, dulce argentina de la Córdoba andina. Compartimos muchas mañanas televisivas donde encantaba su belleza unida al acento cautivador. Lo profesional vendría luego pero verla bastante tímida producía alegría. Tiene una sonrisa única y ahora, tras cinco años y un niño de 3 llamado Enzo, se casó de rosa. Los mensajes que colgaron solo hablaron de “emociones”. Ella eligió reluciente raso y melena al viento y su ya marido aseguró que “ella es una diosa”. Nada de aparatosidad. Sentido, vivo, juvenil. Ahí no hubo críticas a su esmoquin azul Kleim, Guti sabe lo que se pone, como las recibidas sorpresivamente en el casorio Pronovias, porque novio y padrino recurrieron al americano uso de llevar esmoquin con pajarita. La verdad, encajaba más en el ambiente rústico y montañoso que el recomendado chaqué, de más difícil postura. Tal nimiedad mereció más reprobación que el rebordado, acaso excesivo para el entorno, de la heredera de este imperio de lo casadero al unirse con el turco Edif Elhadef. La pareja no lo tuvo fácil, ella es heredera de la marca vendida en todo el mundo. Más seductor que seducido, el turco no gustó en el entorno familiar. Querían para la niña bonita algo menos exótico. Se opusieron sin dejarse convencer. Hasta que ella, echándole un par, marchó a Estambul para convivir con el mozo de 37 años. Barcelona, siempre irónica, los bautizó como “la pasión turca” tal la novela de Antonio Gala hecha cine por la aún arrebatadora Ana Belén.

Hablando de bodas, estuve en la suya, barcelonesa y a mediodía cuando conoció a Víctor Manuel haciendo Morbo, película maldita de Gonzalo Suárez.

Idílica estampa

Marcha nupcial para Gabriela y ese ya marido que quita el sentido. Provocó desmayos con la rosa blanca del ojal que ella arrancó de su ramo. Todo muy acorde con lo que vende la firma. Perfección al máximo tras imponer, después de dos años batallando, su romántico sueño. Conforman idílica estampa tal aquellos calendarios que nuestras mamás colgaban en sus cocinas. Menuda imagen, ella recamada en bordados japonizados, buen soporte a su escote palabra de honor. Son ejemplo a imitar ante intolerancias que parecen decimonónicas y mucho me recuerdan lo padecido por la también en capilla y entonces joven, caprichosa e inexperta Rocío Carrasco al enamorarse con 17 años de Antonio David. La Jurado y Pedro Carrasco pelearon para quitarle de su cabezota al que luego fue expulsado de la Guardia Civil por quedarse el importe de unas multas de tráfico. Trampeó, conocía el obstinado enganche que desoía razones. No la convencieron y amenazó con “me iré con David al cumplir mi mayoría de edad”. Encajaron el golpe y transigieron, resignados a padecer. Recuerdo una agosteña madrugada marbellera, la cantante tras su tradicional concierto en el entonces mítico Don Pepe, planteó estrategias con la madre del malagueño pretendiente. No se entendieron, eran felices ante casorio tan provechoso. Acabó llorando y luego en su cuarto la consolamos Hilario López Millán y servidor. Un mal trago previo a la boda postinera con 2.000 invitados en la ermita del aquella Yerbabuena, para siempre ya historia de nuestro folclore. Aunque debieron conservarla como museo-relicario de la más grande, muerta Rocío pronto la soltó Ortega Cano. No guardaba buenos recuerdos aunque maridó ante su altar. También enmarcó lo de Rociíto –“¡no me llaméis así!”–, hoy protesta peinada con trenzas ensortijadas que no se las saltaba un torero. La artista destacó por elegancia con un abrigo granate Victorio & Lucchino. Fue la interminable noche con flamenquito donde Ortega se despepitó con el “estamo mu a gustito” luego supuestamente difundido por un infiel Amador Mohedano, que más tarde vendería por 15 millones de pesetas a su hermana vistiéndose de novia. Era un inefable traje del gaditano Tony Ardon que disfrazó de goyesca hasta con redecilla a la cantante para el sí, quiero al mataor.

A ver cómo la viste Hannibal Laguna, amigo venezolano y diseñador en quien confía, el 7 de septiembre. Y si Palatchi habló de “boda íntima” con 300 invitados, lo mismo anuncia Rocío Carrasco calculando 250. “Seremos más si mantiene mi invitación. Lo deseo y espero”, así se lo dije pretencioso arrogándome antigüedad y concurrencia a las bodas paternas comentadas.

Pero suenan más que marchas nupciales aunque Madrid languidece y desertiza con las calores o la caló, que dicen por allá abajo. Mila Ximénez mantuvo la estrategia elegida para no ganar Supervivientes. Mejor aunque peor pagado, quedar tercera cuando todos la daban triunfadora. Los 30.000 euros semanales que percibió durante tres meses le han alegrado un porvenir lleno de pagarés. Lo mismo pasa con los 20.000 que recompensaban al amigo, peleón y efectista, Víctor Sandoval: “El programa me ha librado de deudas. Hasta me permito el lujo hasta ahora imposible de convidar a mi madre y hermana a pasar un mes de vacaciones en Sitges”. Vive en el paseo marítimo y en momentos de penuria y desesperanza lo invitaban sus amigas del Kansas frontero a su apartamento junto al hotel Calípolis. Sandoval ya es imagen del Sitges actual, donde vivieron desde Ramón Casas y Rusiñol hasta José de Zamora, el que en el París de la belle époque ideó los primeros pantalones masculinos para Marlene Dietrich cuando diseñaba en el Folies. Retirado en Sitges, allí murió de pena dos días después de hacerlo su pareja griega de toda la vida. Emocionante.

Una Ibiza abarrotada

La duquesita de Montoro como Patricia Pérez o Adriana Abenia siguen adictas al pantalón largo, con brazos desnudos y aupadas en sandalias de plataforma y apuntadas a todos los conciertos pop del Teatro Real. Entiendo su tardanza en buscar aire más fresco en la ya abarrotada Ibiza, donde Carlos Martorell adelantó su passion flower temiendo esos llenazos agosteños que transforman la isla blanca en sucursal de Benidorm. De ahí que muchos, caso de los Alvarno, apenas vayan al centro como antaño hacía Kate Moss, tan rebotada de los precios igual que Valentino: un café de pie cuesta 8 euros, 12 la hamaca de Es’Cavallet que en Puerto Rico no sube de 5 dólares (4,5 euros) y tan solo dos en las habaneras Playas del Este. Hemos perdido el norte o algunos encontraron El Dorado, ya no sé. Helen Lindes, rellena de cara, luce tripita de dos meses mientras promocionan sus marcas, y Sara Carbonero recompone triste el Quiero ser con mal debut. Le espera un futuro incierto mientras Marbella abrió temporada con la gala benéfica de Eva Longoria y María Bravo en Rosa Clará de escotazo crema mostrando su potencia andaluza nacida al pie de las murallas. Lorena Bernal deslumbró delgadísima sobre rojo; Gonzalo Miró y Luis del Olmo reaparecieron en el premio Concha García Campoy y, por La Voz, David Bisbal, Rosario y Manu Carrasco. Me aseguran que Julio Iglesias llora lágrimas de sangre al verse excluido del Starlite marbellero que tendrá su día grande el 7 de agosto anticipando el cumple de Antonio Banderas. No faltaremos al apoteósico happy birthday casi tan festivo como una boda. 

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