La primavera propicia bodas y broncas nupciales

24 / 05 / 2012 16:55 Jesús Mariñas
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Sonsoles Suárez se casa con su novio, Paulo Wilson, en una boda íntima. Le seguirán Gema Ruiz, el futbolista Iniesta y probablemente Guti y Romina.

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Es una competencia más allá de líneas, escotes corazón o alardes de tonos pastel, amarillo huevo, rosa, aguamarina o blanco natural y no ensuciado, velo con o sin tocado, confección española o made in China en encajes de dudosa ligereza. Son novias en pie de guerra disfrazadas de suntuosidad nupcial, para decirlo pronto y bien. Una industria multimillonaria con grandes nombres como Rosa Clará o Pronovias, de Alberto Palatchi. Duelo más allá de las pasarelas, una confrontación que casi recuerda los encuentros futboleros o los tenísticos duelos a dúo donde el mítico Manolo Santana ejerce de organizador supremo. Eso comentaban en un día de San Isidro festivo y verbenero donde el campeón que dio lecciones al Rey presumía de su exótica y casi recién estrenada compañera. Repasaban a la estilizada mulata y establecían comparaciones con las anteriores esposas, desde María Fernanda González Dopeso, a la que conocí bien en nuestra Coruña juvenil, madre de Beatriz, luego sustituida por la restirada Mila Ximénez engendradora de la tierna Alba casada en Holanda que la hizo abuela. Mila se conserva cautivadora de inocente sonrisa pese a la estética evidente. Enamoró a Encarna Sánchez y alguna otra. Es incombustible. Y también la rubia y nórdica Oti, que compartió con el campeón ajetreo deportivo ejerciendo de monitora.

Santana destacó juvenil en soleada mañana de este mayo mes de novias con Sonsoles Suárez dando el anhelado a su moreno novio mozambiqueño, tras 12 años juntos, la otra cara de la moneda de lo que para ella -entonces inexperta e ilusionada- supuso el aparentemente atolondrado Pocholo Martínez-Bordiú, actual barón de Gótor. Es de los títulos nobiliarios más antiguos de España datando de 1250.

Nuevo estado civil.

Le seguirá Gema Ruiz Cuadrado, que fue dejada por Álvarez-Cascos, que la encontró mentalmente inmadura tras aquella demostración de poder que supuso su boda cordobesa. Y les tocaba también a Guti y Romina en esponsales primeros fijados para San Juan en lugar indeterminado, no vayan a romperles exclusiva porque ¡Hola! les advirtió de que julio estaba completo a nivel casamentero con lo de Iniesta en Barcelona. Aunque podrían existir otros motivos aplazadores en lo que de momento afirman que solo queda pospuesto hasta octubre o Navidad. La pareja mantiene firmeza en sus intenciones. “Quiero que venga toda mi familia argentina, y no es tan fácil”, excusa ella desde su altura física, siempre muy provocadoramente receñida, en las mañanas de Espejo Público, ya programa líder desde que Susanna Griso enseña sus garras como en otro nivel lo hacen Palatchi y Clará, que envuelven su gresca en tul ilusión.

Pelean más allá de lo creacional y la primera fila también les pierde la cabeza. Y si la diseñadora batió récords haciendo desfilar la ovacionada androginia del bosnio Pejic, Palatchi -su antiguo jefe o socio- se desquitó con un front row insuperable. Dio para mucho incluso con ocupantes sin proyectos románticos salvo Adriana, ya esposa de Carlos Baute, que el 29 de junio monta religiosa ceremonia nada menos que en El Escorial. Adelantaba detalles a Eva González, a quien Cayetano tiene en un ay y no sentimental, tras su reciente cogida que impide su actuación en San Isidro llena de tantas expectativas. Como toda mujer de torero -desde la Ordóñez esposa y madre sufriente a Carmen Tello, que respiró con el retiro de Curro Romero, al que mima-, la racial Miss España que lleva cinco años presentando imbatible un programa de copla en Canal Sur, me contó la frustración torera de su pareja. “Nunca hemos pensado en boda”, exclamó radiante desde su minitraje en doradas lentejuelas más escotado que el de Genoveva Casanova, a punto de trasladar a Madrid desde México a su madre convaleciente. “Prefiero tenerla a mi lado, me da mayor seguridad”, no está para juergas aquel país tan lindo y querido donde ya solo puedes pasear protegido por pistolones. La excondesa nada reveló de su acercamiento a su ex cerca de Tamara Falcó, ¡ya treintañera, con mohines de jovencita!. “Tito Miguel -habla de Boyer- se recupera muy bien y estamos muy contentos de cómo evoluciona”, comentaba acomodando su hombro desnudo de lentejuelas rosas con falda de la que sobresalían tules plisados. Alonso Aznar Botella pasaba de hacerle ojitos castigadores a posarlos en la más imponente Alejandra de Rojas, cuyo cruce de piernas impactó por su elegancia infrecuente. Como Helen Lindes bajo rutilancias azul noche o Karolina Kurkova arreglando mimosa el cuello camisero de su marido, Archie Drury. Se la vio entregada, risueña y muy delgada contrastando con los kilos ganados por la israelí Bar Refaeli, a quien atribuían cierto sitiamiento de Gerard Piqué que sigue entregado tanto a Shakira como a las partidas de póquer, donde gana un sobresueldo. Kurkova fue estrellón del desfile con 80 trajes, algo nunca visto -y también cansino- sobre una pasarela nupcial. Encantó a la infatigable Helena Rakosnik, atenta presidenta consorte, copada por Genoveva que apenas le dio tregua echándole mano como ex del conde de Salvatierra, ahora administrador del imperio familiar. Las dejó sin habla empeñada en hacerse notar ante la mirada captadora -ojos no le faltan- de Chus Ezquerra, ya como socia de la joyería  Puig Doria, y una Liliana Godia seguidora de la manía y obsesión museística de su padre.

Carlos Martorell lanzaba invitaciones para su pasión flower ibicenca a primeros de agosto y Susana Gallardo de Palatchi atendió exquisita en túnica negra salpicada de lentejuelas con sus hijas Marta y Gabriela auténticamente casaderas. Arrancaban suspiros especialmente por el balconette azulón de la primera, muy elogiado por su tío Stefano que estos días comparte escenario liceístico con el gran Roberto Alagna. Interpretan una Adriana Lecouvreur antológica, magnificaban ante su esposa Elena cerca de Josep Pujol Ferrusola, refeliz al lado de Laura Vecino. Cerca andaba Josep Creuheras muy moreno y Enrique Lacalle, que formaban un grupo emprendedor con el alcalde Trías y su esposa Puri Arraut.

Un gran desfile nupcial.

Marina Castaño y su cirujano enamorado -se llama Enrique Puras- formaron grupo aparte con Llanos de Luna, delegada del Gobierno en Cataluña. No hablaron de política ni de novelas, lo hicieron de gastronomía y hasta se intercambiaron recetas ante las miradas perplejas de sus cónyuges. Marina miró con indisimulada curiosidad exenta de envidia los trajes exhibidos por un si acaso. Igual hizo Tamara, tan parecida a su madre, rehuyendo con un “para qué y con quién”. Ella es un enigma por descubrir, menos boba de lo que pretende hacernos creer, subrayaron ante Totóm Comella plenamente recuperada de su cáncer, en eso todavía está la animosa Terelu Campos elogiada en la distancia ante Michelle Gallego, veinteañera ya reconocida como hija del cantante Luis Miguel tras ya añeja relación con Stephanie Salas, nieta de Silvia Pinal inolvidable Viridiana de Buñuel. Casi coincidieron con los conciertos barceloneses de este rey del bolerón modernizado donde no tiene competencia, eran otros tiempos los de Olga Guillot, Ana María González y hasta nuestras Nati Mistral o María Dolores Pradera. La cantante octogenaria que siempre va del puente a la alameda está recuperada de una neumonía que le obligó a cancelar varios conciertos que siempre resultan recuperadores de un tiempo tan feliz.

Y lo comentaban Lucio y José Luis, también en buena forma física tras afección renal, con Manolo Santana y Pedro Trapote en la cita festiva de Ana Botella, primaveralmente volcada en un azul Francia de lino superarrugable. Lo prodiga en trajes y abrigos cortos que a veces combina o descansa para darle mayor uso. Soraya Saénz de Santamaría lo elogió ante Ignacio Rodríguez y un Miguel Blesa risueño. Exultaba pimpante, remoreno e iba bárbaramente rejuvenecido por su novia como el productor Enrique Cornejo con Juncal Rivero, revestida en el rosa pastel de moda. Parecía  romance lo que solo es amistad inocente bien seguida por Mar Utrera con su padre, José Utrera Molina, cojeando como el Rey por reciente fractura de cadera. Se apoyaba en un bastón plateado y contempló emocionado la entrega de la Medalla de Honor de Madrid a su yerno Alberto Ruiz-Gallardón muy aplaudido por Alicia Moreno, su anterior concejala de Cultura, llamativa bajo traje negro estampado en flores. Alejandro Amenábar flanqueado por seis barbudos y el padre Garralda, ya casi en los altares, completaron terna. “Soy madrileño de adopción y esta ciudad me permitió realizar mi sexualidad”, reconoció y exaltó el oscarizado director mientras el venerado cura habló de que “los emigrantes son los nuevos peregrinos” y del sida como la lepra actual.

Fernández Tapias exhibió plenitud física -esto ya parece un parte médico- flanqueado por Nuria González mientras un encorbatado y repeinado Carlos Goyanes compartió banco, que no conversación, con la malpeinada y siempre áspera Simoneta Gómez Acebo, que tanto recuerda a su intempestiva mamá, la infanta Pilar. Nuria deshacía entuertos inventadores de lo que no hay entre su hermana Yolanda y Carlos Herrera:

“Son muy amigos y ella ha estado quince días en su casa sevillana, por feria. Pero no pasa de ahí”, aseguró, y desmintió como Ortega Cano hace con los desvíos de su prohijado José Fernando, entregado a resucitar profesionalmente como apoderado a Julito Aparicio. No han tenido suerte en la feria isidril tan desleída donde Norma Duval aclaró lo ofrecido por su novio Mathias a Guti y Romina: no pidieron 145.000 por su isla ibicenca de Tagomago como posible marco casamentero. Fueron 120.000 por tres días con todo incluido, donde figuraba el catering, discjokey, alojamiento de diez personas y traslados en barco y helicóptero.

Presentación en sociedad.

Eso comentaron al bautizar el libro de románticas ejecutivas waku girls, algo pijas, elaborado por Fiona Ferrer. Concentración de famoseo amigo: desde el arquitecto Joaquín Torres, implacable con el exmadridista Raúl que parece adeudarle 130.000 euros, a una Ana Rosa engalanándose con tules y raso mientras Mónica Martín Luque sigue exprimiendo su tan solo aparente ruptura con un Gómez-Acebo descubridor de filón trincador. Qué familia más original, tal para cual. Chocaron los botines acharolados de Sandra Ibarra, que se mantiene haciendo el bien; la más disconforme que inconformista Simoneta súbitamente achinada en verde limón; la creciente cursilería de Carolina Adriana Herrera, que no aprende estilo de su refinada suegra Conchita Spínola; el compadreo de su socia Andrea Pascual parece que alternativa amorosa confirmada del exmarido de Laura Ponte; o el compacto grupo de las Tablada, abuela con sus hijas Vivian y Elena próximas a unos Trapote con Begoña realzada en blanco contrastador de su morenez. Marisa Jara pareció una quinceañera muy floral y a la caza al aire de la también florida Soraya Arnelas, mientras Maribel Yébenes exhibió tipazo, buen reclamo a tratamientos que no se pierden la duquesa Cayetana o Isabel Preysler. Enrique Ponce sorprendió por su inédita abundancia capilar como surgida cual efluvio primaveral, que para mí quisiera, y Jaime Martínez-Bordiú, tutelado por su novia gallega, que lució aparatoso bolso acebrado mientras Marina Castaño casi desapareció bajo anchas y voluminosas mangas azules que la empequeñecieron más mientras la mamma de Fiona, Mietta, brilló en dorados casi evocadores de su etapa hippy. Fue una apariencia refulgente a los muchos claroscuros que silencia sonriente. Merece un aplauso.

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