La esposa de Ribó justifica la ruptura por su bisexualidad
Cristina López del Hierro tira a matar: “Entre la homosexualidad y lo heterosexual está la bisexualidad”. Se desahoga tras 14 años a la vera del hoy doblemente apetecido ya nada galán.
Mal empezamos el año, así no hay manera de festejar a San Valentín y todos incurren en la carnavalada, el disfraz y oportunismo, tal parece lo de Mónica Hoyos sacándole jugo a su Nochevieja africana con Cayetano Martínez de Irujo. También lo de Natalia, ex señora de Rafa Camino. O lo de Paco Marsó nuevamente abandonado, lo cierto es que a la cubana Diosi nunca le vi excesivo entusiasmo, como no fuera usando al empresario ex de Concha Velasco tal pasaporte y papel radicador entre nosotros. Aunque ella dice que está muy bien en La Habana, por Navidad hizo el traslado con su cría incluida. Traía perspectivas de futuro asentador, aunque dijo que no proyectaba casarse. Marsó lo admitió convencido de que en ella encontraría un bonito hombro donde apoyar la sesentena ruinosa. Apenas duraron un mes.
No confió en vueltas atrás como la acaso maquinada por Cristina López del Hierro para recuperar a ese Juan Ribó más apetecido ahora que en su juventud con los glúteos desnudos protagonizando Equus. Si Victoria Vera fue la primera en despelotarse en nuestra escena, amparada por el magisterio de Alberto Closas, Ribó lo hizo empujado por su amigo Manolo Collado -luego marido de María José Goyanes- y tiene la primacía masculina. Íbamos a ver su culo doblemente provocador por erotizador y por la audacia que suponía en un franquismo bastante permisivo, hacían lo que querían mientras no tocasen la doctrina nacionalsindicalista. Cheri, que ahora presentan como una obra de Colette escandalosa, fue representada en los 60 marcando el debut teatral de Vicente Parra. Formó compañía con una juvenil Lola Herrera, que lo acompañó hasta la temprana muerte.
Orfandades amorosas.
San Valentín en puertas y nosotros sin saber qué hacer, Dios nos coja confesados. Hay miedo, suspicacia o temor a enamorarse con las de la ley. O, quizá, están hartos de esa especie de embrollo como endogámico rejuntando o cruzándose unos con otros. Cómo estará el patio de orfandades amorosas que en el acto de la semana no había ni una pareja recién creada; tan sólo acudieron en paz, armonía y olor a mucho dinero el incombustible Pedro Trapote y la pimpante, estilizada vía tratamiento y retozona Begoña García Vaquero, siempre puntual en el bien recibido parte confirmador de que entre Felipe González y su hermana Mar “todo sigue perfecto y se llevan de maravilla”, falta le hace al presidente tras romper súbitamente con Carmen Romero.
Fiestón social y literario con el que se inauguraba año en un Madrid ahora remiso a las convocatorias. Es un lastre post navideño, todos anclados en un casi colectivo inmovilismo. Rosa Villacastín hizo el milagro bautizando solemnemente un libro sobre los 60 años amadrinado por las telerreinas que animan las mañanas nacionales: una Ana Rosa Quintana con túnica naranja cual de harekrisna, buen remate a unos altos zapatos en ante, a la que le preguntaban dónde los había encontrado, igual que a Susanna Griso el origen de sus botines recubiertos de tachuelas; Concha García Campoy como una secretaria eficaz, faldita gris con rebeca sobre blusa blanca; y Mariló Montera verdaderamente maciza ante una Lola Carretero con modelo de mini chaqueta recogedora de busto sobre conjunto gris. La aniñaba, y no estaba mal, entre la perenne juventud de la ahora casi platino marquesa de San Eduardo, cual un catálogo rodante de su joyerío.
Chocaba con la sobriedad bajo chupa encuerada de Soraya Sáenz de Santamaría, siempre con quebraderos de cabeza por la posición de su oposición. “El Gobierno y su gente nos quitan el sueño”, reconoció ante una Carmen Alborch de lo más colorista. Sobrepasando el sombrío panorama nacional ahora agravado con los planes no jubiladores -un decreto con freno y marcha atrás cual una comedia jardeliana–, era imagen optimista constante en sus indumentos como de verbena: un collar de al menos doce vueltas formado con pequeños botones de nácar multicolor animaba su siempre permanente sonrisa. Habló del Cabanyal, de atentado histórico y del empecinamiento conjunto de Camps y Barberá para supuestamente cargarse un barrio pescador ya semi derruido. No dejó de darles caña mientras Giovanna Marone de Borbón, hija de la infanta Cristina, hermana de Alfonso XIII, impactó con su refinamiento más que genético. Sus claros y borbónicos ojos no perdieron ripio: ni el desaire rejuvenecedor de Lita Trujillo -que se había pasado en el colorete- con jersey de pico, a la distinción de Gloria Pujol, pasando por el conjunto deportivo de María Zurita de Borbón. Todos elogiaban lo bien que quedó tras la operación -bestial intervención rehacedora de mandíbula–: “No fue por estética, que conste, sino por problemas dentales“. Es un amor de niña y lo más querido de la descendencia de don Juan Carlos, hijos excluidos. Las infantas Elena y Cristina son punto y aparte y siempre encandilan con sus arranques borbónicos.
Aún comentaban la visita de Sus Majestades al XX aniversario de Antena-3 ,donde doña Sofía reconoció a Susanna Griso: “Usted es la que anuncia Actimel, en casa lo tomamos todos...”. Y así Su Majestad, reconvertida en ama de casa, proporcionó una campaña publicitaria extra a la marca. A Susanna le pareció halago como empeño de niños lo que don Juan Carlos observó al descubrir que el prompter –pantalla donde leen noticias o mensajes oficiales- puede usarse con un pedal: “Yo quiero que la próxima vez me pongan uno y regularlo personalmente”, anticipó ante Consuelo y José Manuel Lara, Silvio González, un más alejado Mauricio Carlotti y Matías Prats, al que cada semana replican en La escobilla nacional. Desde Barcelona practican una limpieza y puesta al día imprescindibles. No estar en la Villa y Corte les proporciona diferente visión. Agrandan o disminuyen momentos, actuaciones o personajes, también la misma actualidad del cuore.
La copia supera al original.
Parodian sin agredir casi compartiendo ácidamente algunas posturas, actitudes o desmadres. La Karmele de Mireia Porta supera al original, que según y cómo, tampoco es mucho, lo mismo que en su hilarante interpretación de esa Esperanza Aguirre ya convertida en mosca cojonera. Javi Jiménez borda a Coto Matamoros y Marta Corral a María Patiño. Juro que llegué a confundirlas y sólo reaccioné al ver que la catalana tiene mejores y más rotundas piernas. Yolanda Ramos está incomparable como Belén Esteban o recreando a la Campos. Es de las pocas protestonas por esta réplica casi exacta, lo mismo que Jordi González al verse clonado por Pepe Plaza, el mismo caso y actor de Pepe Navarro, aunque en él no extraña pertinaz cabreo.
Con su programa amplían, completan y van más allá del disparate nacional donde Bárbara Rey -ya cumpliendo 60 años- se enfrentó a María José Cantudo cuatro días después de ni saludarse convocadas por Villacastín. Allí sorprendió la simpatía de la totanera y la soledad en que se movió sin conmover la andujareña acaso nacida en Puente Genil. Porque circula, difunden y proliferan singulares versiones acerca de su natividad, algunas avaladas por ese Manolo Otero que es padre de su único hijo. Cantudo parecía de carnaval, revestida como una sacerdotisa hindú llena de brillos rematados en la frente con una piedra artificial a modo de tercer ojo, linterna vital o faro orientador. Lo sugerían ante la sapiencia de Esperanza Gracia, alertada de la negativa influencia de Saturno sobre casi todos los signos favorables. Comentaron críticas la desbandada social y la ausencia de madamas en el sepelio de María Rosa Salvador, de las primeras que con las hermanas Molinero hizo en España copias de los grandes modistas internacionales.
Isabel Preysler fue su estrella, lo más distinguido de una clientela que acaba siendo amiga. Creadora de la Aguja de Oro otorgada durante 22 años, su premio era cita imprescindible y muy discriminatoria. Tenía un prestigio del que carecían los modelos salidos del taller, algunos abominables, como aquel pijama amarillo y negro que Preysler se puso para inaugurar en Marbella la tienda Porcelanosa. Traje pánico que podría emparejarse al de la ministra González-Sinde en los premios José María Forqué que, ante el sobrio pero llamativo alarde en negro con plumerío de Belén Rueda, usó otro pijama grisáceo, un enredo de telas intentando ser falda pantalón que evidencia el lío estético en que se mueve la titular de Cultura. Lola Dueñas y Luis Tosar fueron lo mejorcito de este aperitivo de los Goya, también en puertas, donde se prevé que Celda 211 barra, consiga y confirme sus múltiples candidaturas ante la pretenciosa recreación histórica de Amenábar y esos Abrazos rotos que tan poco gustaron al público español. Celda 211 sobrecoge por la crudeza de situaciones, ritmo muy a la americana y denuncia de la situación carcelaria. Tosar parece uno de los grandes malditos del cine hollywodiense, está que se sale.
El spa de moda.
Y era lo que pasó con el gancho de Rosa Villacastín, es como un Tenorio femenino que no diferencia clases ni situaciones sociales, desde Raúl del Pozo a Lola Carretero, quejándose de que la última Navidad, en sus vacaciones dominicanas, le robaron el reloj con bisel de brillantes que tenía en la caja fuerte del hotel. “Suerte que el seguro lo cubrió”, suspiraba la hermosa esposa del ahora nuevamente agobiado Iñaki Gabilondo, ante Beatriz de Orleans dando óptimos resultados de su trabajo como Relaciones Públicas en Sha, el spa alicantino de moda. “Nos han elegido el mejor centro del mundo, tras haberlo sido de España y Europa”. Situado en Alfaz del Pi, lo mismo es visitado por Elsa Pataky que cuida a esa inmarchitable que es Nati Abascal. Es un panal de rica miel como en tiempos lo fue el Incosol marbellero a punto de completa rehabilitación tal si fuera la clientela. Jordi Gutiérrez, frustrado presunto jefe de prensa del Príncipe, recuperaba libertad de movimientos ahora que ya no está entre los veladores de la intimidad real. Un fontanero a prueba de bomba hoy reconvertido en hombre de confianza del empresario Arturo Fernández. Algunos lo entienden como patada hacia arriba, así completa la facilidad de movimientos también provocada por su divorcio matrimonial, las desgracias o fortunas nunca llegan solas. Lo felicitaban por partida doble y respondía de manera ambigua, quizá algo habitual en sus muchos años de servicio a la Corona. Trapote invitaba indiscriminadamente a su ryah de Marrakech: “Acabo de rehabilitarlo y está en la misma medina, ya figura en todos los libros de decoración sobre residencias de la zona”.
Y ante San Valentín, conclusión recopilante, definitiva y acaso aclaratoria de la aún mujer de Juan Ribó. Siempre cuestionados en una relación sin bendición -igual que la de Imanol y Pastora, me pregunto cómo van a repartirse ganancias, a ella le esperan momentos de economía apretados-, Cristina habló y se desahogó con Jesús Manuel Ruiz. No tuvo pelos en la lengua. Tira a matar: “Entre la homosexualidad y lo heterosexual está la bisexualidad”, justificó tan pancha y quizá como desahogo tras 14 años a la vera del hoy doblemente apetecido ya nada galán. Pero Ribó cautiva con un magnetismo encandilador y nada distinguidor de sexos. De eso presumió siempre y hoy, tristemente, se ha hecho realidad. Más claro, agua, aunque yo no entienda, si seré burro, a qué bisexualidad se refiere la abandonada. Me gustaría descubrirlo porque nada intuyo. Ahora entiendo que Pastora Vega ande desorientada, según me aseguran sus íntimas, igual necesita brújula.


