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El novio de Gina, especializado en ancianas ricas

01 / 01 / 2007 0:00 Jesús Mariñas
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La “Lollo”es una mujer de recursos y saca buen partido a su añejo guardarropa y belleza. Javier Rigau, su pretendiente, es un catalán mitómano hasta las cachas.

Decepcionante: al final esos pretendidos románticos resultan un desengaño y acaban más retratados que Toni Hernández, el cubano de Sara Montiel. El futuro marido de Gina Lollobrigida se casará tras marear a Ursula Andress y otras ancianitas ricas o famosas. Pero el verdadero amigo de Javier Rigau aseguran que fue el cantante Pedro Marín, de quien era vecino en la rica Bonanova barcelonesa. Juntos patinaron y Marín ahora pide 48.000 euros (8 millones de pesetas) por descubrir la verdad de tanta mentira hecho romance.

Especie a extinguir

Parece increíble Javier Rigau es de los que ya no quedan, una especie a extinguir. Conquistador nato, rendido y también enamorado oscila entre Tenorio o Cortés, el arrojo de Pizarro y la constancia de Ponce de León. Una raza en vías de desaparición, símbolo racial de virtudes que se van perdiendo. Parejo al ímpetu hollywoodinse de Liz o nuestra Sara, Gina se une a la retahíla de maduras casi ancianas en edad casadera. O tal se espera, también previsible marcha atrás, en los planes de quien fue “la mujer más guapa del mundo”. Un esplendor hoy aplastado por enormes pelucones de los que tiene colección única como la de abrigos de visón teñido que van del chartreuse al naranja. La Lollo es mujer de recursos y saca buen partido a un añejo guardarropa abundante en trajes de inspiración hindú tan intemporales como su forzada sonrisa, recuerdo la impenetrabilidad o casi antipatía de su última intervención televisiva en Tómbola, donde no hubo manera de arrancarle un secreto ahora desvelado: su relación ya veinteañera con el barcelonés Javier Rigau. Podría ser su nieto, tal es la diferencia generacional obnubilada por la pasión mitómana del españolito que desde hace dos décadas tutela y arropa la ancianidad de ese rancio prototipo de belleza latina.

Pijerío

Javier Rigau es un catalán con la estirpe de los que iban al Liceo operístico compartiendo butaca con la legítima mientras la querida ocupaba palco. Fiel a lo que mamó, Javier tiene arranques de rauxa, ventoleras de tramontana pese a su aire casi feble, amable o tranquilo. Pero cuentan y no acaban quienes le conocieron en sus veranos de la montañosa Viladrau compartiendo ocio con un entonces juvenil Iñaki Urdangarín. O los que en el colegio Patmos, que concentraba al pijerío barcelonés, se pasmaban con su habitación empapelada hasta el techo con portadas de Marilyn. Mitómano hasta las cachas, lo mismo le daban las provocadoras redondeces de la americana oxigenada que las líneas más suaves y clásicas de Gina. Pero una cosa es la idealización y otra bien distinta, incluso cruda, la realidad. De ahí que en el historial amoroso de este barcelonés cuarentón que será el segundo marido de Gina, no abunden pimpantes jovencitas encabezadoras de repartos fílmicos. Echan mano a los recuerdos y no sólo resucitan aquel mes donde, con poco más de 10 años, Javier acudió al cole en pijama “porque no saben plancharme las camisas”. Los dejó cual pasta de boniato. No entendieron semejante excentricidad.

–Luego salió, o al menos se dejaba ver, con la dueña de una empresa de flores artificiales que le dejó un fortunón –extremo impreciso y casi innecesario porque papá Rigau “era el veraneante más acaudalado de Viladrau”, tal me certifican. Luego apareció Marita, no septuagenaria pero ya casi, con quien coincidí en la boda barcelonesa de Alex Estiles y Xavi Lanau, ceremonia donde el alcalde Jordi Hereu debutaba de oficiador.

–Bueno, sólo fuimos amigos y poco más –me confirmó Marta Guerín, en tiempos íntima del anterior conde de Godó.

–Pero, ¿Javier entraba a matar y la metía hasta el puño? –insistí quizá presionado por lo mucho que me había precisado Pitito Gamir, una especie de Biblia social del barcelonismo social o galante. –Bueno, ahí prefiero no profundizar –pero su melancólica mirada demostraba que hubo más de lo que ella cuenta, acaso molesta al verse desbancada por Gina.Verdades, mentiras, fabulaciones y datos contrastados, conforman la sólo entrevista biografía de este abogado que no ejerce, aunque en tiempos fue pasante del bufete Malagrida en el Paseo de Gracia. Muy bien relacionado tras estudiar en los mejores colegios de la Ciudad Condal, “solía desaparecer una vez al mes para irse a Montecarlo. Allí posiblemente se encontraba con la Lollo”, presuponen investigando como 007 y pasmados ante la inminencia del desigual enlace.

Prisión

Casi como un cuento que ahora podría encarnar también Esperanza Aguirre ya que Agatha revistió de hada madrina con tules rojos, estrellas blancas y remarcada pechuga, no sé si también amadrinadora de enlaces como el proyectado entre la Lollo y este Rigau entregado a lo largo de veinte años. Casi lo de Isabel Pantoja y Julián Muñoz; pese a su propósito y firme intención de no visitarlo en prisión, algo anunciado recientemente con “no me haré foto en la cárcel”, pudo más su amor. O acaso la ya incontenible pasión después de tres meses y dos días de no verlo, tocarlo, sentirlo y estremecerse ante su pantalón línea Imperio, siempre rozando el sobaquillo. El corazón se impuso a la cabeza. El deseo a lo planificado acaso fríamente; en una tarde doblemente gris, revestida de negro y escondida bajo un paraguas igualmente oscuro, Isabel dio el gran paso provocando una nueva polémica acerca de si era el momento, había oportunismo desbancador de la actualidad supuestamente cocacolera de Maite Zaldívar o si había tenido que hacerlo antes, nada más ingresar primero en Alhaurín. Cuatro horas de vis a vis pueden dar para mucho, los supuestos se han disparado y también disparatado. Era de esperar y ya circulan quinielas elucubrando sobre qué se dijeron, la duración de sus encuentros físicos o por qué Julián encargó a su compañero de celda, hábil en las manualidades, un par de pulseras hechas con cuerda ante la visita. ¿Supondría o representaba la pulsera de pedida, y ya tenemos boda en puertas como la de Gina y Rigau?

La protagonista única

Especulan, desbarran, cavilan o suponen como ya no cabe ante la rotundidad indumentaria de Esperanza Aguirre. Como tocada por la varita mágica que ella trocó en bolso bombonera rematado por un rutilante corazón aurífero, la presi madrileña fue la más de los Premios Telva.Y eso que era nutrida y juvenil la competencia, pero ni caso; ella destacó, sobresalió y fue protagonista única en una noche donde la Infanta Cristina se realzó con tirabuzones superpuestos al aire actual, ya casi moda. O donde Natalia Verbeke se achinó sin soltar de la mano a un Miguel Abellán que se dejaba guiar dentro de su áspero esmoquin Dolce&Gabbana. Nieves Álvarez se encogía bajo el peso, diez kilos, de la túnica multiperlada mientras Mirian Ungría miraba distanciándose el aire de Embrujada de la marquesa de Murillo ante una asombrada Ana Botella y un Eduardo Zaplana –“algún día te contaré el asunto de Castellón”, me prometió– refeliz con Rosa Barceló, al lado de un también remoreno Pío Cabanillas mientras José Bono me dio receta para mantener la línea, no sólo de conducta. Con este régimen ha perdido ocho kilos, tomen nota:

–Caminar mucho a primera hora del día, y sobre todo, alejarte de la política. –me dijo amarradito a la aparentemente tierna Ana Rodríguez, tocando el osito de Tous que lucía al cuello, nada que ver con el brillantazo de Rosa Tous, los diamantes –prestados, eso sí– de Cari Lapique, el zorro blanco de una Paloma Cuevas celebrando con Ponce diez años de matrimonio y estrenando anuncio; es nueva imagen Ferrero Roché reemplazando a una Isabel Preysler que no responde a lo actual. El público cambia de gusto pero no de paladar.

Laura Ponte remarcó ojazos con moño alto tal Bette Davis en La loba –algún zarpazo casero no le vendría mal de vez en cuando–; Arancha del Sol pasmó con su escotazo; los Pernas en doble versión llevando camiseta negra bajo el terciopelo de gala –“ahora vivimos de rentas”–; Ana Rosa, en su Cavalli verdoso; Mar Utrera de Gallardón con sus pendientes retro,“son de mamá”, años 40, rubíes y brillantes; Jaydy Mitchel con su delgadez; Juanjo Oliva con sus modelos llenos de glamour –era el premiado Revelación– y Christopher Bailey, renovador del clasicismo Burberry, con su engominado mechón rubio.

Aniversario

En el veinte aniversario de Elle se encontraba la rellenita Claudia Schiffer,Nati Abascal revalidando que es la más –su hijo Luis confirma ruptura con Alejandra Montarco–, Elle Macpherson demostró quién fue, Armani se emparejó socialmente con su musa Eugenia Silva y se prendó de Cayetano, a quien quiere de imagen. Eugenita ríe las provocaciones de Rivera Ordóñez, y Brody no dejó de manosear el trasero ya tan suyo de Elsa Pataky mientras Anita Obregón sacó pecho. Resulta tan antipática como el trasnochado novio de la Lollo.

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