Rabia

17 / 10 / 2013 10:33 Santiago Roncagliolo
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¡Gracias!

Para sus críticos, Molotov es un grupo de demagogos, siempre listos para criticar y sin nada que proponer.

Es difícil encontrar en las salas de cine de España un documental sobre un grupo de rock duro mexicano, especialmente si sus canciones llevan nombres como Puto o Chinga tu madre. Pero, gracias a iTunes, cualquiera con Internet puede descargar Gimme the power. La película, dirigida por Olallo Rubio, cuenta la historia del grupo Molotov. O la historia de México a través de Molotov. O la de Molotov contra México.

Hasta el final del siglo XX, ese país pasó más de setenta años gobernado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), un sistema de gobierno que ha sido bautizado como “la dictadura perfecta”, porque no tenía aspecto de tal: aparentemente había elecciones, aparentemente cambiaban de gobierno cada seis años, y aparentemente no había masacres. El PRI controlaba todos los resortes del poder, de los juzgados a la televisión, y tenía la firme voluntad de mantener contento a cualquier quejumbroso potencial.

Con los medios al servicio del poder, y generosas becas estatales para la creación, al PRI no le hacía falta censurar o reprimir a las voces disidentes en el mundo de la cultura. Bastaba con darles la opción de salir –o no– en la foto. Los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX eran candidatos políticos, como Mario Vargas Llosa, o militantes comunistas, como Julio Cortázar. Los mexicanos, como Octavio Paz o Carlos Fuentes, eran diplomáticos. Pero estaban los jóvenes. Gente sin oficio ni beneficio y siempre idealista. El historiador Eric Hobsbawm sostenía que las universidades eran los “focos más peligrosos de motín potencial”. Podría haber añadido los conciertos de rock.

Los jóvenes mexicanos fueron acribillados en 1968, en la plaza de las Tres Culturas. Los altavoces de sus festivales de música eran desconectados. Y sus canciones estaban vetadas. Hasta que, en los años noventa, llegó Molotov. Gimme the power sigue la trayectoria del grupo desde que las discográficas los rechazaban por soeces, desagradables y salvajes, hasta que las masas los aclamaron por soeces, desagradables y salvajes. Los Molotov podían insultar al presentador más famoso de Televisa en Que no te haga bobo Jacobo. O proclamar en una canción que querían ser diputados para no tener que respetar la ley. O llamar a la revuelta contra todos los políticos.

Pero la rabia de Molotov no se limita a los políticos. También detestan a la policía migratoria americana (“Te pegaré un tiro por racista y culero”), levantan polémica por sus insultos homófobos o se burlan del cantante de baladas José José.

Para sus críticos, Molotov es un grupo de demagogos, siempre listos para criticar y sin nada que proponer. Pero ¿le toca a una banda de rock proponer? Más bien, la etiqueta obliga a armar desmadre. Según dice en el documental el escritor Xavier Velasco: “Dos o tres mil personas en un concierto de Molotov coreaban las letras. Y todos pensaban: ‘¡Mira lo que estamos gritando! Y ¿A ver quién puede pararnos?”.

 

Gimme the power cuenta la fascinante historia de un grupo que empieza a vociferar lo que nadie se atreve a decir. Y se encuentra con todo un país que necesitaba hacerlo. En realidad, a varios países: de Perú a Bilbao, de Los Ángeles a Moscú, Molotov siempre encontró un público que, con PRI o sin él, deseaba desesperadamente gritar.

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