Los ‘rodríguez’: veinte años de vacaciones
Detrás de “Odiseo y Penélope” está Alessandro Baricco. Vargas Llosa vio un espectáculo organizado por el escritor italiano y quiso hacer algo parecido.
Así describe el Diccionario de la Academia al “rodríguez”: “Hombre casado que se queda trabajando mientras su familia está fuera, normalmente de veraneo”. No parece una especie en peligro de extinción, conocida la precariedad laboral y los salarios, y no cuesta mucho imaginarse a un rodríguez castizo, a lo López Vázquez o a lo Alfredo Landa; pero el rodríguez clásico está descrito a la perfección en La tentación vive arriba, la película de Billy Wilder basada en una obra de teatro del británico George Axelroad. ¿Qué ofi cinista no desea que una inocente Marilyn aparezca en su aburridísima vida para darle un poco de alegría?
Problemas
En el matrimonio de Odiseo y Penélope, tanto en los libros de Homero como en el de Vargas Llosa, no se sabe muy bien quién hace de rodríguez. Está claro que es Odiseo quien se larga de casa para hacer la guerra, en principio es para un ratito pero la cosa se alarga más de veinte años, y que quien se queda en la ciudad, a sus anchas, es Penélope. Pero también es cierto que, tras acabar la guerra de Troya, quien se toma unas vacaciones (viajes, placeres, sexo a discreción y sin ganas de evitar la tentación) es Odiseo, mientras Penélope le espera con una infi nita paciencia, tejiendo y destejiendo y soportando la permanente tentación.
En cualquier caso, el deseo de libertad, el deseo de un nuevo amor, el deseo de otra vida late en estos dos personajes, que acaban recomponiendo su pareja, no sin ciertos reproches.
Detrás de Odiseo y Penélope está Alessandro Baricco. Mario Vargas Llosa vio en el año 2000 un espectáculo organizado por el escritor italiano en el que se mezclaban literatura, música y narración oral. A Vargas Llosa le estimuló tanto el espectáculo que trató de hacer algo parecido con textos en castellano. Consiguió montar La verdad de las mentiras, con la intervención de Aitana Sánchez Gijón, en la que él mismo participaba en el escenario. Y de esa experiencia surgió poco más tarde, a propuesta del Festival de Teatro Clásico de Mérida, la idea de montar un espectáculo basado en la Odisea: el texto que se puso en escena, también con las interpretaciones de Aitana Sánchez Gijón y de Mario Vargas Llosa, es Odiseo y Penélope.
Tampoco resulta difícil comparar este Odiseo y Penélope con otro experimento escénico de Alessandro Baricco, el que hizo con su versión de la Ilíada, Homero, Ilíada (Anagrama), en la que suprimió del texto griego la participación de los dioses para dejar solos a los hombres, Ulises y Aquiles y Patroclo y Andrómaca y Agamenón, con sus problemas y con sus amores y con su ira y, sobre todo, con sus guerras. Escribe Baricco: “Lograremos, antes o después, sacar a Aquiles de aquella mortífera guerra. Y no será ni el miedo ni el horror lo que lo lleve de regreso a casa. Será cierta belleza, una belleza distinta, más cegadora que la suya, e infinitamente más apacible”.
Odiseo y Penélope tiene también mucha violencia, pero llega sólo como un eco. Odiseo ya está junto a Penélope, en Ítaca, relatándole sus veinte años de regreso a casa. Y sí, aparece la guerra de Troya y Odiseo habla de las muertes de sus marineros en esa larga vuelta y habla de los ajustes de cuentas que ha tenido que hacer en la propia isla antes de poder estar de nuevo con Penélope, pero la violencia no es el elemento más importante de la obra de Vargas Llosa: la sangre no se ve correr.
Sueño
Odiseo y Penélope es una reflexión sobre el arte de contar historias. Y de cómo esas historias nos hacen mejores. Lo ha escrito Vargas Llosa muchas veces: “Las historias en las que los antiguos se sumergían les deparaban una libertad que desconocían en la sordidez y la rutina embrutecedoras de su existencia real y les daban la ilusión de la inmortalidad”. Los rodríguez del veraneo, como esas historias contadas, tratan de salir de su sórdida existencia real para mecerse en el sueño de la existencia imaginaria.
Si Vargas Llosa optó por una versión dramatizada fue para dar mayor fuerza: “Es, de todos los géneros que se proponen crear una ilusión de vida, el que está más cerca de la vida de verdad, sin las mediaciones que a los otros (la palabra, la imagen), no importa cuán admirables sean, los mantienen a raya, sin permitirles salvar esa frontera que los separa de la vida real, de la vida vivida”. Desgraciadamente, el lector de Odiseo y Penélope, que ya no es espectador, se tiene que conformar con la palabra, aunque la sensación de “vida real” salga perdiendo.
Vargas Llosa se metió en la Odisea de Homero, poema “que nunca había leído completo”, para defender su teoría sobre el arte de contar historias. Y de cómo cualquier historia lleva dentro el germen de todas las demás historias. Así, dentro de la Odisea, escrita con “todas las técnicas y experimentos, desde la invención de un tiempo propio para su historia hasta las más atrevidas mudanzas del punto de vista y los cambios de nivel de realidad que crean un mundo total y múltiple”, están Las mil y una noches, el Decamerón, Shakespeare, El Quijote y están Sterne, Madame Bovary y, también, Julio Verne y James Joyce y... Odiseo y Penélope.
Odiseo y Penélope es una versión minimalista de la obra de Homero. Sólo hay dos personajes en escena, que encarnan a todos los demás protagonistas, a los dioses y a los hombres. Odiseo cuenta a Penélope las peripecias chungas que vivió para poder volver a Ítaca. Penélope cuenta a Odiseo los esfuerzos que ha tenido que hacer para soportar a los que la presionaban para dar por muerto a Odiseo. Odiseo cuenta a Penélope sus muchas aventuras sexuales. Penélope habla de su fi delidad. Odiseo cuenta a Penélope las acciones bélicas. Penélope cuenta a Odiseo cómo ha tejido y destejido todas las noches el mismo sudario. Odiseo habla de sirenas y de otros monstruos terribles. Penélope habla de hombres codiciosos.
Odiseo y Penélope es un gran texto, y acaba dando igual que Homero sea la fuente, porque “ya no es la hora de los cuentos, sino, de nuevo, la hora del amor”.


