Los Darlins

08 / 05 / 2009 0:00 Alfonso Ussía
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Competían con los toffes de la Viuda de Solano, pero arrancaban mejor los dientes y se vendían en todas partes, de fresa, menta, naranja y limón.

El orgullo del régimen en confitería industrial. Los Darlins, caramelos blandos y blancos de los años difíciles. Joyas de los dentistas. Competían directamente con los toffes de la Viuda de Solano, pero los Darlins arrancaban mejor los dientes durante su masticación que los toffes. Se vendían en todas partes, cines incluidos. De fresa, de menta, de naranja y de limón. Hubo unos caramelos mejores, los guipuzcoanos tiuius, blandos de verdad, bondadosos con las dentaduras. Los Darlins endurecían muy pronto, y para encontrar su blandura en la boca había que proceder a movimientos molares compulsivos. Entonces el caramelo se pegaba a la zona dental superior. Era necesario, en ocasiones, meter los dedos en el ánfora bucal para despegar el caramelo de los dientes y, en bastantes casos, el diente acompañaba al caramelo. La marquesa de Gozoleve no pudo asistir a la boda de Carmencita Franco y el doctor Martínez- Bordiú por perder parte de la dentadura frontal el día previo al nacional enlace reduciendo sus nervios mascando Darlins. Cuando su marido, el marqués de Gozoleve, observó durante el almuerzo los huecos dentales que presentaba su cónyuge, le prohibió terminantemente su asistencia al festorrón del palacio del Pardo. Se le llamó, a partir de aquel día, la Cenicienta, porque se quedó sin fiesta por tonta. –Como comprenderás, yo no puedo consentir que Su Excelencia pase un mal rato saludando a una mujer tan horrorosa como tú-. Y ella sollozó amargamente durante semanas. A mí sólo me arrancaron una muela. Fue durante la sesión de tarde de 55 días en Pekín, justo en el instante en el que Charlton Heston besaba por primera vez, apasionadamente, a Ava Gardner. Intenté hacer lo mismo con mi acompañante, y ella, muy complaciente, en amoroso susurro, me dijo: “De acuerdo, pero sácate el caramelo de la boca”. Lo hice y con él salió una muela, con la consiguiente hemorragia, ante lo cual, caballerosamente, renuncié a la culminación del ósculo labial. “¿Por qué no me morreas?”, preguntó ella nerviosa. “Por razones de higiene, Estoy sangrando como un cerdo”. Y me devolvió el rosario de mi madre y se quedó con todo lo demás. ¡Ay los Darlins!

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