Los fantasmas de Alexander Lernet-Holenia
Como incurría en la literatura del género de aparecidos, los libros del escritor austriaco gozan de una estima relativa.
25/02/11
HUBO UNA VEZ no hace mucho tiempo un espíritu singular que adoptó en el mundo la envoltura carnal y el distinguido nombre de Alexander Lernet-Holenia, y que escribió unas novelas muy interesantes, de atmósfera muy peculiar, sin relación estricta con los escritos de sus contemporáneos. Es uno de mis autores preferidos. Como incurría en la literatura de género, de género de aparecidos, y en sus libros pululan los muertos que hablan y los fantasmas, en épocas como ésta en que la literatura se ciñe a un comentario realista sobre las cosas que pasan, los libros de este aristócrata austriaco gozan de una estima muy relativa, pero aun así se han ido reeditando. Yo poseo una edición de 1968 de El estandarte, en aquella colección Reno de Plaza y Janés tan incómoda de manejar, de hecho conseguí este libro junto a un contenedor: un día salí a tirar la basura y al pie del contenedor encontré un montón de libros abandonados. Entre ellos, El estandarte. Melancólico destino de Lernet-Holenia. Avatares de la sociedad de consumo y del expandido desinterés por la literatura y los libros. Gracias a esos factores he podido adoptar el ejemplar de El estandarte, que ahora está la mar de bien en mi estantería, donde pronto le hará compañía la nueva traducción de Adan Kovacsis.
En Siruela salió hace unos años, y recientemente se ha reeditado en bolsillo, la obra maestra de este autor austriaco: El barón Bagge, sobre aquel oficial de caballería que cabalgaba con su escuadrón adentrándose en busca de un enemigo huidizo en tierras de Rusia sin percatarse de que todos los jinetes que con él cabalgan y todos los campesinos con los que se encuentran están muertos: el Barón Bagge que galopa por el ultramundo. Otras editoriales pequeñas han ido publicando otros libros y la editorial Minúscula, que recientemente publicó una obra menor pero deliciosa de Lernet-Holenia, El joven Moncada, ahora nos ofrece Marte en Aries, novela de estructura extraña, ambientada en los primeros días de la II Guerra Mundial y en experiencias parecidas a las que en aquellas fechas tuvo Lernet-Holenia, que combatió en la I Guerra Mundial, y en la segunda fue movilizado, pero se desentendió alegando no sé qué enfermedad. Marte en Aries es una novela de contrahecha estructura, pero estoy de acuerdo con Rafael Chirbes, el autor de Crematorio, cuando dice que toda novela tiene, hasta que decidimos que es grande, una forma monstruosa, y de hecho es grande porque ha roto con las formas normativas. La primera parte de Marte en Aries transcurre en Viena en vísperas de la guerra y describe un delicioso idilio entre el teniente Wallmoden y la baronesa Pistohkors, de comportamiento impredecible. Y tan impredecible, porque ni se llama así ni quizá esté en realidad viva. La noche en que el romance iba a consumarse, Wallmoden es movilizado y conducido a la frontera con Polonia. Esta segunda parte contiene algunas páginas sobre la experiencia bélica sin parangón en la literatura sobre la guerra. Entre detalles de un verismo escalofriante y observaciones que sólo puede hacer quien estuvo allí, aparecen también los presagios, los fantasmas, los amigos que vuelven de ultratumba para brindar un consejo vital, todo el pathos extravagante de las novelas de Lernet-Holenia.



