Una lectura incómoda de la crisis griega
Solo a quienes hacen una lectura ideologizada les puede extrañar que en la UE se la cojan con papel de fumar.
La “expropiación de Grecia”, el “fin de la primavera griega”, “el rapto de Europa”, “abuso mafioso”. Y Varoufakis: un “golpe de Estado” como el de 1967, pero esta vez ejecutado con bancos en lugar de tanques. ¿Todos los que así se expresan se han leído el texto del acuerdo alcanzado en la cumbre del euro del 12 de julio? Supongo que Varoufakis sí, pero lo pregunto porque últimamente detecto demasiadas opiniones construidas únicamente a partir de la lectura de otras opiniones, en ocasiones las muy “reflexivas” que se vuelcan en 140 caracteres. Yo sí me lo he leído, y creo que merece la pena revisar algunos extremos del texto para que cada cual saque sus propias conclusiones.
Uno: el Eurogrupo pide que se garantice la total independencia jurídica de la autoridad estadística griega, Elsat, organismo similar a nuestro Instituto Nacional de Estadística. ¿Recuerdan ustedes cuando el ex primer ministro Papandreu reconoció que los datos que sobre el déficit había transmitido Atenas a las autoridades europeas eran falsos?
Dos: se señala como uno de los objetivos prioritarios fortalecer el sector financiero –al que, por cierto, se destina la mitad del tercer rescate, 25.000 millones de euros; Tsipras rescatando a la banca, quién lo iba a decir–, eliminando, entre otras medidas, “toda posibilidad de interferencia política, especialmente en los procedimientos de nombramiento”. España ya hizo en este terreno sus deberes limpiando las antiguas cajas de ahorro.
Tres: se insta a la “aprobación inmediata de la Ley de Enjuiciamiento Civil para acelerar los procesos judiciales y reducir los costes”. Se trata de poner fin a una burocracia judicial que contribuye a fomentar la inseguridad jurídica y frena las inversiones.
Cuatro: “De acuerdo con las aspiraciones del Gobierno griego, modernizar y despolitizar la Administración Pública griega”. La recomendación se puede aplicar a otros países, entre ellos España, pero también aquí Grecia se ha revelado como la más brillante intérprete del nepotismo. Un dato, que no concierne a Syriza: en el no muy lejano pasado, 9 de cada 10 militantes del Pasok vivían de un sueldo público. Lo cuenta Stathis Kalyvas, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Yale en su libro Modern Greece: What Everyone Needs to Know.
Cinco: trasposición de la directiva europea sobre reestructuración y resolución bancaria con el apoyo de la Comisión.
Seis: “Para ayudar al crecimiento y la creación de empleo (en los próximos 3-5 años) la Comisión trabajará estrechamente con las autoridades griegas para movilizar hasta 35.000 millones de euros (al amparo de diversos programas de la UE) para financiar las inversiones y la actividad económica, inclusive en las pymes”.
Europa ladrona. Hasta aquí algunas de las exigencias de la malvada Europa. En los últimos cinco años Grecia ha recibido créditos públicos por 250.000 millones y el paro se ha duplicado. Ahora vienen de camino, entre préstamos y ayudas, otros 85.000. Solo a quienes hacen una lectura parcial y extremadamente ideologizada de la crisis griega les puede extrañar que los representantes políticos del resto de ciudadanos europeos se la cojan con papel de fumar.
A Grecia se le ha pedido que racionalice el IVA –es decir, que lo ajuste a sus necesidades de ingresos–; que amplíe la base tributaria para recaudar más; que reforme un sistema de pensiones que a fecha de hoy lo único que garantiza es que los jóvenes griegos no lo podrán disfrutar; que liberalice el mercado de bienes y servicios para reactivar la producción, reducir precios y potenciar el consumo; que modernice un sistema de relaciones laborales cuya rigidez frena la creación de empleo, y lo haga de acuerdo no con el modelo anglosajón, sino con las “directivas y prácticas idóneas de la UE”.
Alexis Tsipras se ha pasado la mitad de su vida política echando pestes de la UE. En la campaña electoral les dijo a los griegos: ustedes no son culpables de nada, tampoco de no pagar impuestos, de tener la tasa más alta de Europa de funcionarios por metro cuadrado y de chóferes por coche oficial, etcétera, etcétera. La responsable era Europa. Y claro, ganó. Luego montó un referéndum solicitando el No y, por lo que ha contado Varoufakis, casi rezando para que ganara el Sí. Bernard-Henri Lévy: “¿Qué ocurriría si cada vez que se enfrentan a una decisión que no tienen el valor de asumir los socios de Grecia suspendieran las conversaciones y pidieran ocho días para que el pueblo zanjase la cuestión?”.
Pero la tribu ya ha dictado sentencia: “Europa ladra” (ladrona), que era lo que gritaba en los mítines el líder de la Liga Norte, Umberto Bossi, refiriéndose a Roma. La mala es la Merkel. Tsipras es un demócrata que ha consultado a su pueblo, aunque gobierne con el apoyo de la extrema derecha. La canciller, que aunque no lo necesitaba formó un Gobierno de amplia mayoría con los socialdemócratas, es una bruja que quiere poner de rodillas a los griegos. Tsipras, el pobre, tiene mucha contestación interna. A Merkel nadie le cuestiona que firme un acuerdo que les va a costar a los ciudadanos alemanes decenas de miles de millones de euros. Ni a Hollande, ni a Rajoy... De locos.


