Todos pendientes de Rivera

13 / 04 / 2016 Agustín Valladolid
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Si hay elecciones, Sánchez y Rivera deberán decidir si va cada uno por su lado o asumen una coalición electoral.

Imaginemos que Pablo Iglesias llega a la conclusión de que la repetición de las elecciones es un mal negocio para él y para Podemos. Imaginemos –mucho imaginar, pero ya puestos imaginémoslo como mero ejercicio teórico– que convence a sus socios de todas las Españas para que dejen gobernar a PSOE y Ciudadanos y pasar a ejercer una vigilante oposición mientras se consolidan las estructuras de un partido a medio hacer. Imaginemos que, en una brillante cabriola, para expulsar a la derecha del poder, Podemos se abstiene en bloque sin pedir nada a cambio, libre de ataduras y por tanto plenamente habilitado para negociar a cara de perro cada uno de los cambios pactados por Pedro Sánchez y Albert Rivera. Imaginemos un Gobierno respaldado por poco más de un tercio del Congreso de los Diputados, acorralado a izquierda y derecha y con el aliento de la Comisión Europea, y sus exigencias de cumplimiento del déficit, en el cogote. Demasiada imaginación. Aunque no del todo descartable.

El miedo al “pacto del penúltimo minuto”, como lo ha bautizado el director de este semanario, se fundamenta en la supuesta convicción del líder del PSOE de que es ahora o nunca. Ciertamente, es esa una incógnita que todavía tardaremos algunos días en despejar. Sin embargo, los movimientos de Sánchez dan a entender que se cayó del guindo hace tiempo; que ya ha comprendido lo engorroso que puede llegar a ser tomar decisiones sin la aprobación de los prohombres y promujeres del partido, por muy secretario general que se sea. Pedro Sánchez no ha descartado nada, pero en su entorno se reconoce que los lóbulos frontales de su cerebro ya están procesando de forma prioritaria el plan B: vuelta a las urnas y que sea lo que Dios quiera, que traducido al sanchismo quiere decir mejorar resultados y sumar con Ciudadanos, aunque el PP siga siendo el partido más votado.

El connubio entre Sánchez y Rivera interesa a ambas partes. El madrileño sabe que es en el territorio moderado del centro izquierda donde más cosecha puede recoger y también el espacio en el que se sienten más cómodos la mayoría de líderes regionales del partido. Para el catalán, su sociedad con el PSOE, aunque sea en régimen de separación de bienes, no es solo una necesidad coyuntural, sino un posicionamiento estratégico que pretende empujar al PP a la derecha pura y dura y ocupar el lugar preeminente del centro derecha. A poco que haya aprendido de los errores cometidos durante la campaña del 20-D, Ciudadanos puede ser el gran beneficiado de una “segunda vuelta” a tenor de cómo está reaccionando la sociedad española en esta fase de bloqueo institucional y teniendo en cuenta que el partido de Rivera fue uno de los grandes perjudicados por la Ley D’Hondt en la última cita con las urnas.

Diez diputados claves

El 20 de diciembre de 2015 Ciudadanos obtuvo 3.500.541 votos. De ellos 570.140 no le sirvieron para nada. Como si los hubiera tirado. En 26 de las 52 provincias no logró representación. En nueve se quedó a un suspiro de lograr un diputado. Las últimas encuestas incrementan en más de cuatro puntos el respaldo a Ciudadanos. Pasaría del 13,93% a situarse por encima del 18%. No es descartable que, de confirmarse las expectativas, Ciudadanos suba al tercer peldaño del escalafón político en unas nuevas elecciones, desplazando a Podemos. Los 60 escaños parecen pan comido; aproximarse a los 70 ha dejado de ser una entelequia. Se entiende la juramentación de fidelidad de Sánchez a su acuerdo con Ciudadanos. Si el PSOE cumpliera con su parte y rozara los 100 escaños, el Gobierno estaría hecho y habría líder socialista para rato. Lo de menos sería el resultado del PP. Ese es el acuerdo tácito al que han llegado Sánchez y Susana Díaz: si no hay Gobierno en plazo, el
 26-J dictará sentencia.

El problema es cómo rentabilizar el desfondamiento de Podemos y robarle esos diez diputados que hacen falta. En el campo de la mercadotecnia política Pablo Iglesias es un temible adversario. Ya estamos asistiendo al inicio de su fase de recuperación. No va a haber tiempo de descanso. Podemos va a hurgar en la caricatura de Pedro Sánchez como socio de la derecha. Y este y Rivera tienen que resolver la difícil papeleta de clarificar qué traje eligen para ir de nuevo a votar, si cada uno el suyo o uno nuevo y compartido con el que vender el pacto entre ambos como tique y programa de una implícita coalición electoral.

En paralelo, el PP ya no tiene otra opción que la de reivindicar la gestión de Mariano Rajoy y rezar para que las siglas sigan drenando con razonable eficacia los efectos de la corrupción. Si los populares aguantan el tipo y se mantienen en torno a los 120 diputados, a significativa distancia del PSOE, cuentan con que Rivera ni podrá decir “no” a un Gobierno de clara mayoría absoluta, ni tampoco vetar a Rajoy. Ese es el programa del PP. Esperar y ver. 

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