Sí es lo que parece

25 / 05 / 2016 Agustín Valladolid
  • Valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 5 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

El Gobierno en la sombra de Sánchez es, sobre todo, un equipo diseñado para entenderse con el PP tras el 26-J. 

Pedro Sánchez presenta a su equipo de Gobierno para el 26-J en Hospitalet de Llobregat.

 Los socialistas más ortodoxos aún siguen sin entender que su secretario general despachara con un apresurado “no gracias” la invitación de Pablo Iglesias para que PSOE y Podemos constituyeran listas conjuntas al Senado. La hipótesis de un frente progresista con mayorías en ambas cámaras les parece tan sugestiva en la teoría como necesaria en la práctica tras cuatro años de “políticas antisociales”, y piensan que la negativa de Pedro Sánchez “ha sido un error de múltiples consecuencias”. El ala izquierda del PSOE siempre ha vivido colgada de la ideología, cumpliendo con su papel, pero muy alejada de la realidad circundante. Les puede el corazón, pero con el corazón no se gobierna. Felipe González y Alfonso Guerra nunca dejaron que las tripas se impusieran a la cabeza y, juntos o por separado, consiguieron mantener a los socialistas en el poder 14 años. De un tirón.

Defender una reforma de la Constitución que perdure es un objetivo loable, pero incompatible con arrinconar al PP. Y lo que no acaban de entender los defensores de la pureza ideológica es que una de las hipótesis de futuro menos convenientes para la estabilidad del país sería un Gobierno que intentara el cambio constitucional sin contar con el PP. Sánchez desarrolló sucintamente esa tesis en el debate de investidura y, a la vista de sus últimos pasos, sigue pensando igual. Su “Gobierno en la sombra”, sea cual sea el resultado del 26-J, es por encima de todo un equipo con alta capacidad de negociación. Insisto: sea cual sea el dictamen de las urnas. Si el PSOE gana –opción improbable, según las encuestas–, porque deberá buscar prioritariamente un acuerdo con el PP para liderar la reforma constitucional prometida. Si queda segundo o tercero –a estos efectos da lo mismo–, porque sería un error de envergadura abordar tal reforma, y la búsqueda de una salida al problema catalán, a través de un pacto de izquierdas que excluyera al partido más votado.

No parece que esa sea la intención de Sánchez si, como digo, nos atenemos a los perfiles del núcleo duro del llamado “Gobierno en la sombra”. José Enrique Serrano, el coordinador del grupo, es un tipo que ha demostrado una gran capacidad de interlocución con el PP. En estos meses, ha sido el encargado de mantener una vía segura de comunicación con el Gobierno en funciones para asuntos, digamos, delicados. Sobre él se tiene la mejor opinión en el entorno de Mariano Rajoy. No tiene ambiciones ocultas y suele ver más allá que los demás, por lo que Sánchez ha ido incrementando su confianza en él.

Algo parecido sucede con Ángel Gabilondo, cuya imagen ha crecido exponencialmente desde que consiguió un más que digno resultado en las elecciones autonómicas. Fue el ministro que más cerca estuvo de lograr un gran pacto educativo con el PP. Nadie cuestiona su extraordinaria capacidad de diálogo. La creciente influencia de Gabilondo en Sánchez es palpable, como lo demuestra la incorporación al grupo, como responsable de Cultura, de la muy eficaz parlamentaria madrileña Ana D’Atri. ¿Y qué decir de Patxi López, lendakari gracias al PP de Antonio Basagoiti y de Jordi Sevilla, un pragmático al que las recetas económicas de Podemos le parecen un infalible camino hacia la quiebra?

Caso distinto es el de Margarita Robles, de quien muchos en el PSOE piensan que no aporta un voto y puede quitar unos cuantos. A favor: Robles es gran conocedora de la Administración de Justicia y en su época de vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) demostró que entenderse con el PP es perfectamente posible. En contra: lo mismo, pero desde otra perspectiva. A Robles se la identifica con la defensa a ultranza de posiciones corporativistas y de reparto excluyente del poder con el que en su día era la cabeza visible judicial del PP en el CGPJ, Manuel Almenar, hoy presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura.

Declaración de intenciones

En todo caso, lo de Robles no es cosa menor si nos atenemos a que se le asigna uno de los roles más sensibles, bien sea desde el Gobierno o la oposición, en la legislatura de la presunta reforma constitucional y la reapertura del diálogo con las fuerzas políticas en Cataluña. Iñaki Anasagasti acaba de recordar que la exsecretaria de Estado de Interior con Belloch mostró su comprensión con el Plan Ibarretxe y recibió por ello un premio de la Fundación Sabino Arana. Añadamos a este detalle la inclusión en el “Gobierno en la sombra” de una partidaria del derecho a decidir como la alcaldesa de Santa Coloma, Nuria Parlon, y de Meritxell Batet, la misma que dijo lo de “mi concepto de nación depende del contexto”, y ya tenemos una declaración de intenciones con la que deberá coexistir Josep Borrell, quien no acudió a la foto de familia por razones distintas a las oficialmente publicitadas.

Por último: Pedro Sánchez no ha incluido en su “gabinete”, diseñado para entenderse con el PP, a ninguna andaluza o andaluz. ¿Casualidad o intento de estrechar el campo de juego de Susana Díaz?

Grupo Zeta Nexica