Rajoy y el entero santoral

14 / 12 / 2016 Agustín Valladolid
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Con Italia en la UVI y Francia en letargo, Mariano Rajoy ha pasado de ser el “pobre Mariano” al rey del mambo.

El gran periodista italiano, y maestro de generaciones de periodistas, no solo italianos, Indro Montanelli, dijo en cierta ocasión que “España es una versión trágica de Italia, que es una versión cómica de España”. Probablemente, si hoy viviera, y a la vista de los resultados del referéndum impulsado por Matteo Renzi para modificar la Constitución y dotar de mayores márgenes de maniobra a un Gobierno en demasiadas ocasiones maniatado, Montanelli cambiaría de opinión. La Italia posreferéndum no es una versión cómica, sino tragicómica, y tampoco de España, sino de la propia Italia. De la Italia creativa, mágica, emprendedora y económicamente imparable de la segunda mitad del siglo XX; a pesar de sus muchos defectos.

Renzi ha perdido la apuesta y el puesto, esencialmente, por un pecado de soberbia, al convertir una consulta vital para el futuro del país en un plebiscito sobre su propia gestión. De este modo, como ha señalado, Mario Calabresi, director del prestigioso diario La Repubblica, logró agrupar en torno al “no” a todo el arco político italiano, desde el independentismo populista de la Liga Norte, al estrambótico y desideologizado partido del cómico Beppe Grillo (Movimiento 5 Stelle); pasando por el populismo de derechas, los antisistema, la izquierda anti Renzi y un sector del partido del ex primer ministro, el Partido Democrático, que nunca le perdonó su ambición, y ahora, al igual que los demás, ha aprovechado la oportunidad para darle al toscano una patada en el culo aun a costa de los intereses generales de Italia. Lo ocurrido el domingo es la plasmación transalpina del comprobable dicho español que dice aquello de “en el pecado llevan la penitencia”: la alta presión fiscal está en gran parte relacionada con la hipertrofia institucional cuyo desmantelamiento parcial acaban de impedir con su voto los italianos. Pero también es la respuesta al aumento del paro y del empobrecimiento, y a una política de inmigración que no satisface a nadie. Dicho lo cual, una vez enumerados los principales errores de Renzi, no conviene perder de vista el trasfondo de la aguda frase de Montanelli, si la aplicamos al decepcionante resultado: el que dibuja una Italia con una incontrolable vocación anarcoide, que no a anarquista, en la que muchos ciudadanos creen que son mejores que sus representantes políticos; una Italia en la que todo el mundo brama contra el gigantismo institucional, y por ende administrativo, contra la colosal burocracia, pero cuando ha tenido la oportunidad de acabar con esa acromegalia paralizante ha preferido votar contra el sistema, en lugar de a favor de su reforma, metiéndose en un callejón de compleja salida.

Las consecuencias más profundas del fracaso de Renzi se irán viendo con el tiempo. Por el momento, probablemente asistiremos a una nueva modalidad de gran coalición en la que el partido de Silvio Berlusconi, Forza Italia, volverá a ocupar un lugar central; algo más que una metáfora de la decadencia de un modelo que hace aguas y que mantendrá el país en estado comatoso, políticamente hablando, y alargará sine die su situación de estancamiento económico.

 

Primero, la estabilidad

En cuanto a sus repercusiones externas, el patinazo italiano, tras el brexit, presagia serias dificultades para el proyecto europeo. Tanto porque la arrogancia de David Cameron y Renzi ha agregado nuevas dificultades a un modelo que urge reinventar, como por la creciente inestabilidad de las otras dos economías con más peso en la Unión Europea, Alemania y Francia, que celebran elecciones en 2017.  Es en este contexto de peligrosa volatilidad en el que España ha recuperado una estabilidad desconocida desde hacía casi un año. El primer pacto de calado entre PP y PSOE, en torno al techo de gasto y otras derivadas económicas, tiene la virtualidad de trasladar de puertas afuera un mensaje de solvencia política de extraordinario valor en el actual contexto. Con Francia en letargo, Italia de nuevo en ambulancia y Portugal y Grecia todavía con respiración asistida, Mariano Rajoy ha pasado de ser el “pobre Mariano” del interminable Gobierno en funciones, al rey del mambo del sur de Europa. Si a Rajoy se le apareció en su día la Virgen gracias a un Pedro Sánchez que hizo un uso cuando menos perfectible de su liderazgo, ahora se le ha manifestado el entero santoral de una Europa sin apenas referentes y en riesgo de desmontaje. A eso hay que sumar un Partido Socialista que, haciendo una interpretación correcta del entorno –interno y externo–, acierta al favorecer la gobernabilidad, se demuestra instrumento de utilidad pública y se sitúa de nuevo en el centro del tablero político.

La contrarreforma italiana es una desgracia para Europa y un inesperado regalo (aunque, supongo, no del todo deseado) para Mariano Rajoy, que ya ha pedido tiempo a los socialistas para rentabilizar una situación manifiestamente ventajosa en términos de confianza económica por parte de los mercados e inversores extranjeros. La recuperación por delante de una renovación constitucional. El gatillazo de Renzi como antídoto, al menos temporal. Estaremos pendientes. 

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