La batalla de las hegemonías
C’s y Podemos meten miedo por haber convertido en verosímil el desplazamiento de los partidos hegemónicos.
No está del todo claro dónde se pararán, si es que se paran, pero la irrupción de Ciudadanos y Podemos en la realidad política española ya está sirviendo para algo. No hubiera sido imaginable la osadía reformista de Susana Díaz con un PSOE andaluz cómodamente asentado en la mayoría absoluta. Puede que algunas de las propuestas de la presidenta en funciones sean más que discutibles, pero suenan a un nuevo tiempo, son frescas y, sobre todo, nacen de la necesidad de cambio forzada por los nuevos actores del panorama electoral. En un lapso de tiempo muy corto C’s y Podemos no es que hayan modificado el escenario, es que lo han cambiado de sitio. Son ya influyentes y, como en Andalucía, su posición va a seguir siendo determinante no porque se hayan hecho un hueco más o menos relevante en el mapa político español, sino por convertir en verosímil el desplazamiento de los dos partidos hasta ahora hegemónicos por unas nuevas siglas. Lo que convierte a C’s y a Podemos en fenómenos supracoyunturales es el miedo de los demás, el temor de PP y PSOE a perder la hegemonía (o al menos a tener que compartirla) en sus respectivos nichos ideológicos.
Miedo a inspirar miedo. Lo acaba de escribir Pablo Iglesias: “La política de la guerra de trincheras es la lucha por la hegemonía (…). Podemos nació para ganar las elecciones generales y ninguna batalla previa [municipales y autonómicas] nos va a distraer de la principal”. Lo puede decir más alto, pero no más claro. “En España no hay una mayoría social moderada, hay un pueblo al que se ha querido humillar y que tiene muy claro quiénes son sus enemigos (…). Debemos decir que no habrá cambio sin ruptura”. El camino ha quedado señalado. No valen medias tintas. Desde un puñado de ayuntamientos y ciertas influencias ante algún que otro Gobierno autonómico no se cambia un país. La apuesta está clara: directos al cielo. Iglesias no ha variado el rumbo. Quiere ganar. Cosa distinta es que module la táctica para no inspirar miedo y atraer al votante desencantado del PSOE e IU. Y en esa táctica hay que encuadrar el caso Monedero, una hábil jugada de la que las dos partes salen ganadores. El purgado, porque al colocarse como paladín y guardián de las esencias, poniendo temporal distancia con el apparatchik del partido, recupera una buena parte de la imagen perdida cuando quedaron al descubierto sus habilidades como gestor del Impuesto de Sociedades (versus IRPF). Y su amigo Pablo porque suelta lastre radical en la travesía hacia el definitivo abordaje del voto socialista y, además, demuestra –o al menos eso pretende– su capacidad de liderazgo, enseñándonos a todos cómo hay que manejar una delicada crisis interna provocada por uno de los fundadores de la formación. La última frase de Pablo Iglesias en el artículo citado (publico.es) descubre el juego: “No ganaremos pareciéndonos al adversario, sino siendo nosotros mismos”. Suena a reconciliación –Monedero dijo exactamente lo mismo cuando tiró los pies por alto–, pero solo es la confirmación de una estrategia que nunca han dejado de compartir.
Principios por poder. Ciudadanos va de otra cosa. No han querido camuflarse porque su gran activo es demostrar que pueden ser útiles sin tirar la puerta abajo. Ya se escuchan las primeras críticas a la predisposición de C’s a pactar con unos y con otros. Se trata de un juicio de valor prematuro, porque los votantes, los que sean, van a respaldar al partido de Albert Rivera precisamente para eso, para que pacte, para que actúe como elemento corrector, como contrapeso, y sin necesidad de taparse la nariz. Si Ciudadanos, desde el 24 de mayo hasta las generales, realiza la travesía facilitando la estabilidad de Gobiernos de comunidades y ayuntamientos, no a cambio de poder sino de principios, habrá ganado la partida. Es ahí donde radica el temor de los demás, mayormente del PP: en que el españolito de a pie perciba que C’s puede ser un elemento crucial en la regeneración de los demás, que su concurso servirá para convertir en irreversible la operación limpieza, y sin riesgos innecesarios. El gran valor electoral de C’s es que ha logrado que su oferta sea percibida como una buena fórmula para hacer compatibles estabilidad y cambio. Y resultan escasamente convincentes algunas de las descalificaciones que se escuchan, como la de acusar (sic) a Rivera de socialista al tiempo que se critica la propuesta de reforma del IRPF “porque el Estado recaudaría 4.350 millones menos” (del argumentario del PP contra Ciudadanos). ¡Un partido “liberal” que ataca al que plantea rebajas impositivas para animar el consumo! (ver recuadro).
Las vamos a leer y escuchar de todos los colores. Y según salga el PP de la prueba de las municipales y autonómicas el ruido puede ir a más, hasta llegar a aplastar el debate racional. Hay mucho en juego y ya estamos en periodo de descuento. No se admiten bromas. Si Rajoy naufraga el 24-M, y se desata la batalla interna, no hay escenario descartable. Tampoco el de un posible sorpasso, el de un cambio de hegemonías.



