Estado de confusión
Hay quien aconseja a Rajoy que ni intente ser elegido en primera vuelta; que deje primero estrellarse a Sánchez
Esto es lo que hay a simple vista, señoras y señores, un país de quincalla incapaz de activar mecanismos que en circunstancias difíciles favorezcan y protejan, como si de una especie en peligro de extinción se tratara, un movimiento social de cordura que se abra paso entre tanta mediocridad. Aplastado por el ruido de los eslóganes de unos y el número circense de la nueva hornada de estadistas, el ciudadano estupefacto asiste al mezquino espectáculo de atrincheramiento que ofrecen en sesión continua los que han optado por situar el tacticismo alicorto por encima de los intereses generales del país. El mundo nos observa con atención y preocupación creciente, y hasta los gurús económicos de la socialdemocracia avisan de que, gobierne quien gobierne, habrá que “pedir árnica” a la Comisión Europea para sobrellevar con dignidad el año en curso y los nuevos recortes que se avecinan: unos 9.000 millones de euros; la cruda realidad que hay que afrontar desde ya. Nadie con dos dedos de frente quiere nuevas elecciones y aplazar a mayo o junio la toma de decisiones. Pero es que hay mucho descerebrado que no ve más allá de sus intereses, y mucho palmero que recuerda que esta es una democracia parlamentaria para descalificar el argumento de la prevalencia de la lista más votada, pero no para conceder a los dos principales partidos –todavía– la legitimidad para alcanzar, en ese mismo Parlamento, un acuerdo de estabilidad. Sería un “pacto de gran traición” (que no de gran coalición), dicen estos insensatos que, a lo que se ve, prefieren un Gobierno débil y un Congreso inmanejable para garantizar el progreso.
Cada vez son más representantes de eso que podemos llamar la intelligentsia del país los que tocan a rebato. No nos confundamos: no es la misma intelligentsia que rodeaba al rey emérito. El campo de visión se ha abierto y la edad media ha descendido. Tienen la cabeza más puesta en el World Economic Forum y en el The Global Risks Report 2016 que en la Carrera de San Jerónimo. Pero están alarmados. No entienden que España no aproveche la oportunidad de formar un Gobierno de amplio espectro que aborde las reformas alrededor de las cuales se ha generado un gran consenso. Hay mucho trasiego de coches a horas intempestivas por la carretera de El Pardo. En esta coyuntura no falta quien ve en Felipe VI, y en su intacta facultad moderadora y arbitral, un recurso
de emergencia. El monarca va a ser
cauto e imparcial, pero dará su opi-
nión en su momento y a quien se la tenga que dar. De momento escucha y mantiene abiertos los canales de comunicación institucional. Pero también levanta el teléfono a mandatarios extranjeros. Por ahí fuera hay preocupación. Más de la que se reconoce. Lo último que Europa necesita ahora, con la amenaza terrorista latente y la crisis de los refugiados sin resolver, es una España populista, una frontera Sur sin las ideas claras.
El año sabático de Rajoy. Mariano Rajoy cotiza a la baja y su problema es que la suya ya no será la última palabra. Veremos, pero es posible que ni haga el intento de ser investido. Ese es el consejo que algunos le han trasladado: reconocer ante el Rey que no tiene la mayoría suficiente para formar Gobierno y dejar expedito el camino a Pedro Sánchez, en el convencimiento de que el líder socialista tampoco podrá sacar adelante su investidura sin rebasar los límites dibujados por los barones de su partido. Solo así, tras fracasar y salir muy debilitado Sánchez del trance, podría llegarse a una situación límite en la que Rajoy tuviera una última oportunidad. Lo más parecido a escribir en el agua.
Sea como fuere, y más allá de la colección de especulaciones que estos días se van acumulando en las sedes de los partidos y en las redacciones, las variables que a fecha de hoy se manejan como más probables son dos (no necesariamente en este orden): la repetición de las elecciones –para la que trabajaría principalmente Podemos–, o la formación in extremis de un Gobierno de compromiso en el que casi con total seguridad no estaría Mariano Rajoy y hay dudas de que, tras quemarse en una negociación complejísima, pudiera estar el secretario general del PSOE.
En el entorno de Rajoy hay quien piensa que el presidente es muy capaz de dar un paso atrás y tomarse un “año sabático”. Y ya hay nombres que circulan, con Alberto Núñez Feijóo y José Manuel García-Margallo a la cabeza. Y en el cuartel general de los socialistas no se descarta la sorpresa: que Sánchez haga un intento de negociación con Podemos y los nacionalistas –para cumplir con la progresía elemental–, pero acabe escenificando la imposibilidad de un acuerdo antinatura y con quien acabe pactando, su continuidad y el apoyo a un Ejecutivo de transición, sea con quienes hoy, en el PSOE, parecen dispuestos a cortarle la cabeza.


