Cómo acabar con el PSOE en dos tardes

24 / 02 / 2016 Agustín Valladolid
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Lo singular de la situación es que Iglesias & Cía no ocultan cómo piensan reventar al PSOE por dentro.

Irene Montero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en una rueda de prensa en el Congreso.

No hay prueba científica de que Mariano Rajoy sea una onda gravitacional. Ni Pablo Iglesias un agente de algún servicio secreto extranjero. Ni que la verdadera identidad de Pedro Sánchez sea la de un infiltrado de Podemos en el PSOE. Aunque lo uno, lo otro y lo del medio lo parezcan. Luego analizaremos las repercusiones de que el presidente en funciones esté, aparentemente, a años luz de la realidad. Detengámonos primero en el lamento machadiano sobre la desesperación del que espera, que parece estar haciendo mella en los dirigentes del PSOE.

Los ideólogos de Podemos, en sus pausas de sinceridad a puerta cerrada, admiten que lo de compartir el poder con los socialistas, si se diera el caso, es solo un paso más para quedárselo (el poder). Sus “Bases políticas para un Gobierno estable y con garantías” (sic) no pasarían de ser una batería de ocurrencias congruentes con las aspiraciones de un partido extraparlamentario, inviables en lo económico y esperpénticas en lo político, si no fuera porque Podemos no es ni mucho menos un partido extraparlamentario y de sus votos o abstención depende que España tenga un Gobierno en plazo razonable.

Hay quien cree que todo es un paripé, que cuando llegue el momento, casi con el tiempo cumplido, Pablo Iglesias dará un paso atrás y sacrificará algunas de sus exigencias más chirriantes para que pueda haber en España un Ejecutivo progresista, un Frente Popular 3.0, y así mandar a la derecha a la Oposición.

No descartemos nada. Del materialismo dialéctico de Iglesias, Errejón y Monedero se puede esperar todo. Pero el principal problema al que se enfrenta el PSOE, a la hora de pactar una relación estable con Podemos, no es la imposibilidad de aceptar el referéndum catalán o la insistencia de Iglesias en nombrarle a Pedro Sánchez los ministros. Lo que hace inviable cualquier posibilidad de formar “un Gobierno estable y con garantías”, con la participación o apoyo de la formación morada, es la mutua certidumbre de que nunca será posible alcanzar entre ambos partidos unas mínimas cotas de confianza.

Por muchas cataplasmas retóricas que utilice César Luena para intentar mantener abiertas las vías de comunicación con Podemos, la tozuda evidencia señala que la búsqueda desesperada de un acuerdo sería la peor de las inversiones que de cara al futuro puede hacer el PSOE. Lo singular, además, es que en la hoja de ruta de Iglesias & Cia no se oculta cómo tienen previsto reventar a los socialistas por dentro y mandarles, junto al Pasok, a la cuneta de la política. El diseño de una presidencia bis –aunque la llamen vicepresidencia– de la que dependería la lucha contra la corrupción, la comunicación gubernamental y los servicios de inteligencia, es lo más parecido a un manual que podríamos llamar “Cómo acabar con el PSOE en un par de tardes”. ¿Se imaginan lo que puede dar de sí la maquinaria del CNI puesta al servicio de la imaginación de Pablo Iglesias?

Barberá y Aguirre empujan a Rajoy. Claro que en el portal de enfrente tampoco es que estén para celebraciones. Cierto que Mariano Rajoy tiene razón en eso de que “España necesita un Gobierno y lo necesita ya”. La pega que hay que ponerle a la afirmación es que lo podía haber pensado antes. Rajoy tiró de brújula y anteojo topográfico para definir su estrategia, pero midió mal. No contaba con el grave rebrote de corrupción que afecta a los dos fortines históricos del PP. Valencia le salvó en 2008 de una muerte política prematura y Valencia, con la inestimable ayuda de Madrid, puede dictar sentencia irrevocable. Esperanza Aguirre también ha echado una mano: “¡Qué políticos tenemos!”, cuentan que dijo días antes de dimitir. El presidente podría cambiar el aserto por el de “España –toda– necesita un PP renovado y lo necesita ya”, y habría grandes aplausos.

Rajoy, salvo que haya cambiado mucho más de lo que parece, está muy lejos de ser una onda gravitacional. Ha equivocado la estrategia, pero conoce mejor que nadie la realidad circundante, porque es quien maneja más y mejor información. Les suele ocurrir a los presidentes del Gobierno.

Es, por tanto, consciente de que está amortizado y de que, en este trámite, solo le queda una carta en la manga para salvar a su partido: si fracasa Sánchez, pedirle al Rey que encargue la negociación para formar Gobierno a otro candidato respaldado por el PP. Porque Felipe VI no parece dispuesto a concederle, a él, una segunda oportunidad. No tendría sentido y situaría a la Corona en una posición excesivamente comprometida. El estrecho margen que Rajoy se reservó al ceder el paso a Pedro Sánchez se lo han convertido en intransitable, cada una a su modo y manera, Rita Barberá y Esperanza Aguirre. Cuanto antes lo asuma, mejor para su partido y para el país. 

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