Ya volvió el PRI donde solía
México se echa de nuevo en brazos del Partido Revolucionario Institucional después de un paréntesis de 12 años. Ocupar el poder va en sus genes.
Después de tres meses de durísima campaña y seis de precampaña, las urnas han dado el poder en México a quien pronosticaban todas las encuestas, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Emilio Peña Nieto, aunque la victoria fue menos abultada de lo previsto. Después de 12 años ausente del poder, el PRI vuelve a ocupar la residencia de Los Pinos.
Para el PRI ocupar el poder era una costumbre consustancial a su naturaleza, tanto que más que un partido político parecía la maquinaria electoral de una dictadura perfecta. Lo de dictadura perfecta es una expresión que pertenece al patrimonio literario de Mario Vargas Llosa. Históricamente el presidente saliente del PRI elegía a su sucesor con el llamado dedazo y el engranaje totalitario del partido se ponía a su servicio para llevarlo a la presidencia. Así se mantuvo 71 años en el poder y parecía imposible que el poder saliera del PRI y el PRI del poder. El milagro se produjo cuando surgieron las disidencias internas, en tiempos de Salinas de Gortari, y se dieron pasos hacia una apertura democrática que permitió la victoria del Partido Acción Nacional (PAN), en el año 2000 con Vicente Fox como candidato y en 2006 con Felipe Calderón. Aunque conviene decir que el PRI siempre mantuvo importantes cuotas de poder en el gobierno de los Estados, en los municipios y en las cámaras legislativas. El PRI y su candidato, Peña Nieto, han sabido capitalizar los grandes deseos de cambio que alientan en la sociedad mexicana, apoyados por la mayoría de los canales de televisión, sobre todo por la poderosa Televisa, de la que se puede decir que prohijó al ahora nuevo presidente.
La opinión más generalizada sostiene que la gestión de Felipe Calderón ha sido desastrosa, fallando de una manera clara en la vertiente económica y en la lucha contra la corrupción y contra el crimen organizado del narcotráfico. Había que buscar una puerta de salida, por eso los tres principales candidatos prometían cambios profundos en sus programas, incluida la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mata, que se vio atada en la campaña porque no podía defender lo indefendible de su correligionario Calderón, ya que los datos adversos son demasiado visibles. Conviene recordar que la presidencia de Calderón comenzó mal, en primer lugar porque el Instituto Federal Electoral (IFE), le dio ganador con una diferencia del 0,56% de los votos, una victoria que el candidato de izquierdas y exalcalde de la ciudad de México, López Obrador, se negó a aceptar. Calderón consiguió pronunciar el juramento presidencial en medio de una batalla campal que no amainó a lo largo de varios meses, e incluso puede decirse que marcó todo el sexenio, a pesar de que López Obrador terminó por bajar la presión para adoptar posturas más moderadas. Ahora, a pesar de los siete puntos en la diferencia de votos, López Obrador también se niega a aceptar la victoria de Peña Nieto y anuncia una impugnación electoral por un cúmulo de irregularidades en el desarrollo de los comicios. No tiene opciones de prosperar y parece que en esta ocasión la hará como testimonio de protesta, ya que no tiene la posibilidad de montar el número de hace seis años.
Los datos finales del mandato de Calderón son alarmantes. Las despiadadas luchas entre los cárteles de la droga, a las que algunos califican como guerra civil de baja intensidad, se han cobrado unas 55.000 víctimas en los últimos años, a pesar de que Calderón implicó al ejército en el combate. Los detalles de ciertos asesinatos en serie por ajustes de cuentas son verdaderamente macabros e incluso, para colmo, tienen rapsodas que les cantan raps y rancheras. Los periodistas han pagado un altísimo precio por informar sobre el narcotráfico, ya que en el último decenio murieron asesinados 70 informadores. Nos damos cuenta de la magnitud de la cifra si tenemos en cuenta que en la Segunda Guerra Mundial murieron 86 periodistas.
A pesar de haber comprometido al ejército en esa lucha, no se ve una solución cercana. Calderón se presentó como el presidente del empleo, pero ha aumentado el número de pobres en tres millones y medio, elevando la cifra total a 52 millones, casi la mitad de la población. Una barbaridad insostenible. El PIB del país ha crecido una media del 2,5%, muy inferior al crecimiento de los países de América Latina y de su teórico competidor, Brasil. Existe una notable precariedad en el empleo y, lo que es peor, el 40% de la población activa se mueve al margen de la economía articulada, en el limbo de lo que se llama economía informal, impropia de un Estado moderno como quiere y debe ser México. Estos hechos supusieron una carga demasiado pesada sobre los hombros de la candidata Vázquez Mata y, para colmo, el anterior presidente del PAN, Vicente Fox, decidió apoyar al candidato del PRI.
En tales circunstancias, los dos candidatos con posibilidades eran dos: Peña Nieto, del PRI, y López Obrador, por la izquierda. La potente maquinaria electoral del PRI se puso en marcha, logrando un enorme acompañamiento mediático, y a pesar de eso la diferencia con el izquierdista Obrador solo fue de siete puntos, cuando las encuestas preveían entre 15 y 17. Al recorte de la diferencia contribuyó sin duda el movimiento de jóvenes indignados YoSoy 232, que desplegó una gran actividad en las redes sociales en contra del candidato priísta.
Galán de telenovela.
¿Quién es Emilio Peña Nieto? Es un hombre de 45 años, muy telegénico y con gran atractivo físico y verbal, un poco el arquetipo de protagonista de telenovela. Se graduó en Derecho en la Universidad Panamericana, cercana al Opus Dei, por eso se le liga también a él con esa organización, aunque su comportamiento personal no armoniza con los principios públicos de la Obra de Escrivá de Balaguer. Tiene cinco hijos, en eso podría ser, pero dos de ellos son extramatrimoniales. Se propagaron informaciones confusas acerca de la muerte de su primera mujer, que él atajó. Le da relieve al papel de galán el que su segunda mujer, Angélica Bravo, sea actriz de telenovela.
La filosofía política de Peña Nieto es el pragmatismo. “Mi única definición –ha declarado– es que soy un pragmático al que le importan los resultados”. Los resultados, eso es lo único que importa. No es precisamente un hombre culto ni leído, como demostró en la feria del Libro de Guadalajara, en donde a las preguntas de los periodistas solo supo citar el título de un libro, la Biblia, y después atribuyó al sociólogo e historiador Enrique Krauze una obra de Carlos Fuentes. Sin embargo, se le considera un buen gestor, condición que demostró cuando fue gobernador de México.
Necesitará toda su capacidad de gestor, pues los problemas que le esperan son enormes. Tiene que vencer en la lucha contra el crimen organizado de los narcotraficantes y para lograrlo ha nombrado asesor al general colombiano Óscar Naranjo, que en la mitad de los noventa descabezó varios cárteles de la droga, entre ellos el de Pablo Escobar. Es posible que termine retirando al ejército de los frentes de combate y confíe la misión de desmantelar las organizaciones criminales a las Fuerzas de Seguridad. Lo que ha negado es que vaya a negociar con ellos un modus vivendi a la manera tradicional del PRI. Para complementar la acción policial o militar debe funcionar la maquinaria de la Justicia para imponer la Ley, que en México no es una institución que se pueda calificar de eficaz.
Entre sus declaraciones figura la de que estaba decidido a ejercer una presidencia moderna, responsable, abierta a la crítica, dispuesta a escuchar y a tomar en cuenta a todos. Entre sus propósitos confesados figura la lucha contra la corrupción. Para ello tendrá que hacer un cambio profundo en su propio partido, ya que la corrupción ha sido una de las señas de identidad de su pasado. Los desafíos para convertir México en uno de los grandes países emergentes, al igual que Brasil, son los de modernizar las arquitecturas económicas que eliminen la economía informal, para ello son necesarias nuevas leyes fiscales y de seguridad social. Otro de los grandes retos para la economía mexicana es cómo abrir Pemex, la empresa nacional del petróleo, a los capitales extranjeros para evitar una crisis energética y desarrollar su potencial.
La verdad es que a Peña Nieto no le va a faltar trabajo.


