Venezuela, al borde del colapso

09 / 05 / 2016 Alfonso S. Palomares
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Mientras el Gobierno intenta entorpecer la convocatoria del referéndum de revocación del presidente Nicolás Maduro, la crisis energética y la inflación galopante hacen estragos entre la población venezolana.

El presidente Nicolás Maduro había programado la celebración del Primero de mayo para iniciar la contraofensiva del chavismo frente a la oposición. Había bautizado la fiesta como “Mayo de la rebelión obrera”, pero una serie de noticias y presiones sobre el deteriorado régimen le rompió los esquemas. Maduro gritó su desesperación diciendo: “Estoy preparado, mi destino está en manos del pueblo. El pueblo no me dejará solo”. Pero la realidad es que el pueblo le está dejando solo, como se vio en las pasadas elecciones parlamentarias y se está viendo ahora en la convocatoria de un referendo para retirarle de la presidencia. La Constitución venezolana prevé que una vez pasada la mitad del mandato, se pueda convocar un referendo en el que por mayoría se pueda destituir de su cargo al presidente. A Hugo Chávez le convocaron uno, pero lo ganó. Ahora el resultado podría ser diferente y, según los sondeos, Maduro lo perdería de calle.

La norma da treinta días hábiles para la recolecta de 197.000 firmas, el 1% del Registro Electoral, pero la oposición logró hasta el 1 de mayo, en cuatro días, más de dos millones y medio de firmas según comunicó el gobernador Henrique Capriles. Un tumulto popular contra el presidente. En el palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo venezolano, no quieren saber nada del referendo y tratan de obstaculizarlo al menos hasta el año que viene, porque en ese caso, si lo pierden al presidente le sucederá el vicepresidente mientras que si se celebra este año y lo pierde se convocarán nuevas elecciones. La rectora principal del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tania D’Amelio, sostiene que la oposición no puede presentar las firmas hasta pasados los 30 días que marca la ley. Después vendrá la comprobación y, según el expresidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el Gobierno no va a acatar las firmas sin más sino que va a revisar una a una. A causa de la desesperada crisis energética el presidente Maduro ha decretado que la semana laboral para los funcionarios tenga solo dos días, lunes y martes, lo que alargará los plazos de comprobación de firmas provocando serios retrasos en el proceso del referendo revocatorio.

Balones fuera

Para dramatizar la crisis perfecta, el actual presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, ha anunciado que los parlamentarios no podrán cobrar el sueldo del pasado mes de abril por falta de liquidez. Ha afirmado en tono seco: “El presidente Maduro no nos hace llegar el dinero y por eso no tenemos dinero para pagar”. Si no se produce esa transferencia ningún empleado de la Asamblea Nacional cobrará; es posible que ante la alarma social que ha producido el anuncio, el presidente trate de solucionarlo pronto, tal vez cuando lean estas líneas esté solucionado. Maduro sostiene que la desesperada situación no es responsabilidad suya, ni de su Gobierno, es consecuencia de la actitud de la oposición, respaldada por Estados Unidos, que caldea la inflación y oculta bienes básicos. Todo se debe a los movimientos de la oligarquía, al imperialismo gringo y al decadente imperialismo de Madrid. Maduro tiene entre ceja y ceja a Rajoy, le insulta de forma primaria siempre que puede. Hay carencia de medicinas y alimentos, las colas para conseguir comida son interminables. Para dar un golpe de esperanza al optimismo, Maduro anunció el 1 de mayo que subía el 30% los salarios poniendo gran énfasis al decirlo. Esta fue su frase: “Solo un presidente como Nicolás Maduro, hijo de Hugo Chávez, puede hacer una cosa así”. No causó el efecto que esperaba, recibió un aluvión de críticas nacionales e internacionales porque la inflación se come cualquier subida, ya que el Fondo Monetario Internacional prevé una inflación del 700%, la más alta del mundo. La capacidad productiva del país se ha desplomado como consecuencia de la carencia de energía y bienes intermedios.

En esta coyuntura el papa Francisco escribió una carta personal a Maduro. El portavoz de la Santa Sede ha admitido el envío, pero no ha revelado los pormenores, aunque no es difícil adivinarlos, porque no es la primera vez que el Papa se preocupa por los asuntos venezolanos, cuya situación sigue muy de cerca. En el Vaticano se conoce muy bien lo que allí acontece, no solo por la labor informativa del nuncio, monseñor Giordano, sino porque el actual secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, fue el anterior nuncio en Caracas. Sin duda que en la carta le pide lo que ya dijo en su alocución Urbi et Orbi de la pasada Pascua, al subrayar las difíciles condiciones en las que vive el pueblo venezolano y rogar a quienes tienen en sus manos los destinos del país que trabajen en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos.

Para coronar el cúmulo de las malas noticias, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal hizo público en Ciudad de México que Caracas desbancaba a la ciudad hondureña de San Pedro de Sula en el triste récord de ser la ciudad más violenta del mundo. En la capital venezolana se cometen 119 homicidios por cada 100.000 habitantes, mientras que en San Pedro de Sula se quedan en 111. Tremendo. 

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