Una larga batalla se cierne sobre Mosul
Fuerzas iraquíes, kurdas y de la coalición internacional inician la ofensiva para arrebatar la ciudad al EI.
En la hora decisiva contra el terror, el jefe de Gobierno iraquí viste uniforme. Rodeado de nueve generales, Haidar al Abadi se muestra resuelto ante las cámaras de la televisión estatal. “Querido pueblo iraquí –dice con voz firme el primer ministro–, la hora de la victoria ha llegado. La operación para la liberación de Mosul ha comenzado”. Luego se dirige a los habitantes de la metrópolis: “Muy pronto estaremos entre ustedes e izaremos la bandera iraquí”.
No solo Irak esperaba estas palabras desde hace meses. Tras largas semanas de preparación, en la noche del lunes 17 de octubre comenzó la gran ofensiva sobre Mosul para liberar a la ciudad de la violencia de la milicia terrorista del Estado Islámico (EI). Imágenes de la televisión mostraban el avance de los tanques y columnas de humo en el horizonte. Es la mayor operación desencadenada contra los extremistas, aunque también la más difícil. Al Abadi promete una victoria este año. Sin embargo, el general estadounidense Stephen Townsend, comandante de las tropas norteamericanas en Siria e Irak, ha advertido que la operación puede durar semanas o incluso más.
Túneles y trincheras
Cerca de 30.000 combatientes están desplegados en las afueras de Mosul y avanzarán sobre la ciudad desde diferentes puntos, según los medios. La operación es conducida por el Ejército y la Policía iraquíes, ha afirmado Al Abadi, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. La ofensiva no solo tendrá el apoyo de las milicias suníes, sino también de combatientes peshmerga kurdos, aunque estos no podrán entrar en solitario en la ciudad. Aviones de la coalición liderada por Estados Unidos bombardearán a los extremistas del EI desde el aire.
La alianza supera claramente en número a la milicia terrorista, que según cifras de los peshmerga cuenta con solo 4.000 combatientes en Mosul y los alrededores. Pero estos no solo habrían cavado profundas trincheras en la ciudad, sino un sistema de túneles por el que pueden desplazarse sin ser detectados. Calles y edificios están infestados de artefactos explosivos improvisados. Como ya han intentado en el pasado, buscarán detener la ofensiva con ataques suicidas.
Los peshmerga han sido entrenados por el Ejército alemán durante meses para el uso del sistema antitanques Milan, provisto por Alemania, para frenar a los atacantes suicidas, y en la desactivación de bombas.
Aun así se avizora una sangrienta batalla en el horizonte, ya que no se espera que los extremistas entreguen Mosul sin entrar en combate: la ciudad es el último bastión del Estado Islámico en Irak. Si los extremistas son expulsados de la ciudad, la derrota en el país no será solo política, sino militar.
Humillación
Mosul también tiene una importancia simbólica. En junio de 2014, el Estado Islámico logró tomar la ciudad sin combatir y con apenas unos pocos cientos de milicianos, debido a la baja motivación y la corrupción del Ejército iraquí, lo que significó una humillación para las fuerzas Armadas y el Gobierno de Bagdad. Poco después, el líder del EI, Abu Bakr al Bagdadi, se mostraba por primera vez en un oficio religioso en la Gran Mezquita de Mosul venerado como “califa” por sus seguidores.
El Ejército iraquí ya ha vivido este año lo que puede esperarle en Mosul. Pasaron meses hasta que las fuerzas del Gobierno lograron expulsar de Faluya al los extremistas del EI, aunque esa ciudad es mucho más pequeña que Mosul.
Como ha manifestado Al Abadi en un discurso por televisión, no está claro todavía si los habitantes de Mosul continuarán apoyando al Estado Islámico o por el contrario cooperarán con las fuerzas iraquíes. Cuando la milicia terrorista suní irrumpió en el verano de 2014, encontró una fuerte simpatía entre los ciudadanos, ya que Mosul es la mayor ciudad suní de Irak y muchos suníes se sienten excluidos entre la mayoría chií del país.
No obstante, numerosos habitantes que han huido de Mosul afirman que los extremistas han perdido apoyo en la ciudad debido al estado de terror impuesto sobre la población. “La mayoría de las personas ya no apoya al EI”, dice Abdulrahman, de 22 años, quien vive ahora en un campamento de refugiados al sudeste de Mosul. “La vida bajo el Estado Islámico es un infierno”, concluye.



