Un presidente para la cohabitación
Los portugueses eligen al conservador Marcelo Rebelo de Sousa nuevo presidente del país. Su principal misión será lidiar con el Gobierno de izquierdas del socialista Antonio Costa.
Entre las portuguesas y los portugueses hay un gran consenso, incluso entre los que no le han votado: el nuevo presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, es el hombre adecuado para mantener un diálogo e impulsar el Gobierno de izquierdas presidido por el socialista Antonio Costa. Se conocen bien y ambos son gente pragmática. Marcelo lo ha sido casi todo en política, menos primer ministro. Hombre culto, presidente de la Fundación Casa de Braganza y catedrático de Derecho en varias universidades. Tiene el carnet del Partido Social Demócrata (PSD) y ha ocupado en él todos los cargos, pero para lograr la presidencia ha renunciado a esas ventajas, incluso ha prescindido del apoyo económico y logístico del partido a lo largo de la campaña. Tampoco ha querido donaciones de empresarios. La ha pagado de su bolsillo y ha sido de una austeridad extrema. En los últimos años tuvo en la televisión portuguesa un programa de análisis político que le ha hecho enormemente popular, era el brillante programa del sentido común, en donde decía cosas como que si el crecimiento no favorece a los más pobres y desfavorecidos, no es un verdadero crecimiento.
Una campaña atípica. Ha recordado al papa Francisco al manifestar que conviene rescatar a quienes viven en la periferia de la sociedad. La campaña ha sido atípica, prescindió de los grandes mítines para pasear la calle, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad. Salía de casa y a los que le iban rodeando les decía cómo pensaba presidir el Estado en tiempos tan difíciles. Ya saben, un pacto de izquierdas, nunca ensayado en Portugal, ha permitido la investidura del socialista Antonio Costa con un programa antiausteridad, contrario a las directrices que recomienda Bruselas y que tanto han empobrecido y aumentado las desigualdades en los países del sur de Europa. Entre las medidas tomadas, podemos citar: aumento del salario mínimo; reponer los salarios de los funcionarios, que habían sido recortados, actualizar las pensiones con respecto a la inflación... A partir del mes de julio reducirá el IVA en los restaurantes del 23% al 13%, y a partir de octubre implantará el horario de 35 horas semanales para los funcionarios.
A pesar de todo, el Ejecutivo tiene intención de reducir el déficit de este año al 2,6%. Es difícil saber cómo se lo tomará Bruselas, va contra sus principios básicos para combatir la crisis. La práctica nos dirá si estos cambios dan los resultados esperados, los socialistas piensan que sí, ya que se recaudarán más impuestos al haber más dinero en circulación para estimular el consumo. El primer ministro hace equilibrios entre lo que llaman las dos troikas: por un lado la de Bruselas, que le exige rebajar el déficit del Estado a través de los recortes del gasto público; por el otro, la de los partidos de izquierda que apoya a los socialistas, formada por el Partido Comunista, Bloco de Esquerda y los Verdes, que quieren mejorar la vida de los trabajadores subiendo los salarios y las pensiones. De los equilibrios que haga Costa para contentar a unos y a otros dependerá el éxito.
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