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Tensión en la UE por la crisis migratoria

07 / 09 / 2015 Alfonso S. Palomares
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La llegada masiva de inmigrantes a Europa ha provocado reacciones contradictorias entre los Gobiernos de la Unión. Sin embargo, el problema reclama una respuesta conjunta, consensuada y unánime

Inmigrantes ante la estación Keleti de Budapest protestan por el trato recibido por parte de las autoridades húngaras.

Los ríos de desesperados que llegan al sur de Europa y avanzan en dramáticas caravanas hacia el Norte desatan actitudes contradictorias en los ciudadanos europeos así como en sus Gobiernos y en los partidos políticos. Y por supuesto, en los medios de comunicación y en las organizaciones civiles. A unos les saca lo peor de sí mismos, y a otros, lo mejor. A unos les calienta la sangre avivando las brasas del alma nazi, xenófoba y racista; en otros, sin embargo, despierta la solidaridad humana que les mueve al apoyo y a la ayuda. En las narraciones sobre la entrega y los trabajos solidarios hay ejemplos impresionantes, personas en Macedonia, Serbia, Grecia y Alemania que lo han abandonado todo para aliviar a estos vagabundos de la desesperación.

Hay algo que llama la atención: el alto número de universitarios que forman parte de la fuga masiva de las guerras, la represión y el hambre. Vienen con ganas de trabajar y si acertamos a solucionar el problema adecuadamente significarán una aportación muy positiva al dinamismo de Europa, tanto en la vertiente económica como en la cultural. Avanzan cansados, sedientos, hambrientos tanto en barcazas destartaladas como en trenes intempestivos, en camiones-jaula y a pie bajo un sol de justicia o tormentas inesperadas. Es una odisea que reclama la pluma de escritores y el talento de los cineastas. El interminable trayecto es un trayecto de muerte con las caras más salvajes de la barbarie. Cargados de rabia e impotencia hemos visto cómo descubrían en Austria ese camión frigorífico con 71 muertos o la bodega de un barco con 50 cadáveres, aparte de los centenares de ahogados por una causa u otra que hay que apuntar en la agenda negra de la tragedia. Según la agencia Frontex, encargada de vigilar las fronteras exteriores del espacio Shengen, 340.000 personas llegaron a Europa en los siete primeros meses del año, procedentes del África subsahariana, de Pakistán, Siria, Libia, Irak, Eritrea y Blangladesh, y otros países. De estas, 2.500 han encontrado la muerte. Un auténtico desbordamiento si tenemos en cuenta que el año pasado fueron 123.500 los llegados a lo largo de los doce meses.

Actitud consensuada. El problema ya no puede esconderse. Un problema que reclama una solución adecuada y entre los Gobiernos de la Unión Europea existen contradicciones a la hora de afrontarlo y sabemos que no se resolverá si no existe una actitud consensuada y unánime. Con el fin de llegar a unos protocolos coherentes de qué y cómo hacer, la presidencia luxemburguesa de la Unión ha convocado para el próximo día 14 una reunión de los ministros de Asuntos Exteriores e Interior con el fin de evaluar la situación, analizar las políticas en vigor y debatir los próximos pasos a dar para fortalecer una respuesta conjunta.

Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), unos 200.000 migrantes entraron por Grecia y 100.000 por Italia. Los dos países están absolutamente sobrepasados. Las islas griegas, rebosantes de turistas, han visto cómo llegaban multitudes que no iban a tomar el sol ni a bañarse sino que usaban las islas como trampolín para saltar a Europa. Grecia, que como es sabido vive una situación económica dramática, carece de medios técnicos y humanos para hacer el papel que se le encomienda, que es el de crear eficaces centros de acogida donde se clasifique a los que son verdaderamente refugiados que huyen de las guerras como los sirios, iraquíes o afganos de los que llegan por razones económicas huyendo del hambre y la miseria. Los llamados emigrantes económicos. Para esa selección tanto Italia como Grecia necesitan más apoyo de Europa. Federica Mogherini, alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior ha dicho que ante una realidad tan dura, las respuestas deben ser audaces.

La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, han levantado el estandarte de la cultura de acogida frente a la del rechazo que defienden algunos países del este europeo y a la de los reticentes como España. Los neonazis alemanes aprovecharon la masiva llegada de inmigrantes, este año se calcula que llegarán 800.000, para montar violentas manifestaciones frente a los albergues de acogida. Parecía que estábamos mirando por el retrovisor de la historia hacia épocas pasadas. La canciller acudió a centros de refugiados para decirles que son bienvenidos. En Alemania, tanto los medios de comunicación, incluidos los de la derecha, como personalidades importantes han defendido que Alemania debe ser un país de acogida. La fundación Bertelsman acaba de publicar un sondeo donde los alemanes partidarios de la cultura de acogida suponían el 60%, cuando hace tres años eran el 49%. El cantante de rock Udo Lindenberg está montando con amplio apoyo de artistas un concierto para celebrar la cultura de acogida.

La canciller Merkel ha dicho que el reparto de cuotas de inmigrantes por países es la base para el diálogo y la solución del problema, si no se acepta esta filosofía peligra el tratado de Schengen y se rompe el alma solidaria europea.

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