¿Quién conoce a Julian Assange?
“Mesiánico”, “paranoico”, “megalómano”... Al fundador de WikiLeaks, que ultima la publicación de sus memorias, le llueven las críticas de sus excolaboradores.
Habíamos tenido algún contacto, pero empecé a conocerle un poco mejor en Oslo, en una conferencia de periodistas. Un sábado por la noche nos emborrachamos y de repente me soltó: ‘¿Quieres ver algo?’. Fuimos a mi habitación y cerró la puerta. Echó la cadena, sacó un ordenador de la bolsa e introdujo una contraseña interminable. Apareció un vídeo en la pantalla. Eran personas... ¡muriendo en directo!”. Al periodista británico David Leigh, jefe de Investigación del diario The Guardian, la escena le hizo tragar saliva: “Nunca había visto nada igual, Julian tenía entre manos algo extraordinario. Y estaba nervioso”.
Así recuerda Leigh, que recibe a Tiempo en un coqueto ático del centro de Madrid, el día en que empezó a ser la sombra de Assange. Aquel vídeo, en el que el ejército estadounidense disparaba contra un fotógrafo de la agencia Reuters y un grupo de iraquíes, finalmente se publicó desde Islandia en la web de WikiLeaks –a pesar de las ofertas de Leigh– bajo el nombre de Asesinato colateral. Dio la vuelta al mundo y presentó a la organización en sociedad... pero quedaba lo mejor. Con el otoño llegó la madre de las noticias, el anuncio de la mayor filtración de la Historia de material reservado: los cables de la diplomacia estadounidense. También llegaron la negociación y la alianza entre WikiLeaks y cinco grandes diarios y revistas -Le Monde, El País, Der Spiegel y The New York Times, liderados por The Guardian-, los rumores, la publicación periódica de los cables -que aún no ha cesado-, las acusaciones de violación por parte de la Justicia sueca –la vista del recurso contra su extradición será en julio–, su reclusión en Londres, las amenazas, las llamadas a su “caza como terrorista” por parte de personajes como Sarah Palin y el anuncio de una película cuyos derechos ha adquirido DreamWorks y se rumorea que podría dirigir Spielberg.
Ante la publicación inminente de las memorias de Assange, WikiLeaks contra el mundo, que en España, a pesar de los retrasos, edita Debate, dos libros de reciente aparición han añadido, si cabe, más picante a la trama: WikiLeaks y Assange (Deusto), escrito por el propio Leigh y Luke Harding, los dos periodistas ingleses que más horas han dedicado al cablegate, y Dentro de WikiLeaks: mi tiempo con Julian Assange en la web más peligrosa del mundo (Roca), firmado por la exmano derecha de Assange, el alemán Daniel Domscheit-Berg, que hace unos meses fundó Openleaks.org tras sentirse “traicionado” por un “mesías” con aires de “estrella”.
¿Qué ha cambiado tras la filtración de los cables de la diplomacia de EEUU? Para Leigh, al menos, dos cosas: “El Gobierno estadounidense ha desenchufado su información sensible de Internet y Assange ha salido de la oscuridad para convertirse en una celebridad global”. Eso sí, con el tiempo a WikiLeaks le han salido sus propias filtraciones. Y están haciendo ruido. Tanto que su líder ha anunciado una demanda contra Leigh y Harding por mentir al asegurar que, tras la publicación de los papeles del Pentágono, les dijo que “la muerte de informadores en Irak le parecía bien” si ocurría como represalia tras las filtraciones. El problema es que, según Leigh, esa afirmación es cierta: “Assange estaba de acuerdo con que colaboradores de los estadounidenses [en Irak] muriesen como parte de su trabajo, aunque luego cambió de opinión. Ahora no puede admitir la verdad y se supone que él cree en la verdad”.
Impredecible.
Pero, ¿quién y cómo es realmente Julian Assange? Las versiones de Domscheit-Berg y Leigh coinciden. Si el alemán ha repetido que WikiLeaks “no es transparente” y que el creador “ha corrompido” su obra, Leigh va más allá: “No es de fiar. En nuestras negociaciones, que rompió varias veces fruto de su megalomanía, demostró que es impredecible”.
Nada más llegar a Londres, Leigh acogió a Assange en su casa: “Llegó a la ciudad -recuerda Leigh- con una bolsa con ordenadores y un par de calcetines. Nos lo llevamos a un restaurante y pidió 12 ostras y un trozo de queso. Luego vino a mi casa y estuvo hasta las cinco de la mañana delante del ordenador, hasta que se quedó dormido en el suelo”. Quién sabe si aquella noche, entre contraseñas y mensajes encriptados, Assange consultó su viejo perfil en una web de contactos sentimentales en la que se hacía llamar Harry Harrison.
La biografía del fundador de WikiLeaks es un oasis de recuerdos borrosos. El Personaje de 2010 según la revista Time, el Rockero del año según la edición italiana de Rolling Stone, el gran rebelde digital del siglo XXI, nació en Townsville, Australia, el 3 de octubre de 1971. El libro Undergound, en el que colaboró el propio Assange, cuenta que un buen día su madre, Christine, abandonó el hogar familiar y se compró “una moto, una tienda de campaña y un mapa”. Según los datos que Leigh y Harding han recopilado en WikiLeaks y Assange, la madre de Assange puso rumbo a Sydney y en la gran ciudad se enamoró de John Shipton -nombre con el que fue registrado en 2006 el dominio WikiLeaks.org-, un joven al que conoció mientras protestaba contra la Guerra de Vietnam. Se quedó embarazada. El señor Shipton desapareció y Christine acabó en Townsville, donde se casó con Brett Assange, un actor a cargo de un teatro de marionetas, y dio a luz a Julian. La familia vivió, al parecer, en una casa en la playa y en una granja.
Julian creció entre hippies, pasó en dos años por 37 colegios y adoró a un padre que con el tiempo se perdió en la espiral del alcohol, lo que le costó su matrimonio. Su madre conoció más tarde a Keith Hamilton, “un psicópata”, según Assange, con cinco pasaportes y un pasado inventado. Comienza entonces un éxodo que llevará a madre e hijo por Adelaida, Perth y Melbourne huyendo de Hamilton. Leigh matiza: “Nadie ha logrado corroborar al 100% el pasado de Assange”. ¿Cuánta ficción contiene entonces su biografía? “El problema del melodrama de WikiLeaks -sonríe- es que Julian se cree un personaje de película, como Jason Bourne, perseguido día y noche. Además de verse como un salvador, es algo paranoico”. Su vida adulta parece una repetición. “Un patrón de vida de fugitivo –según Leigh– que Assange ha repetido creyéndose cercado por la CIA”. Leigh insiste: “Es muy sencillo: cuando Sarah Palin dice que es más peligroso que Bin Laden, le da alas en su rol de rebelde contra los poderes establecidos. Todo eso alimenta su ficción y su ego”.



