Portugal: crispación política y dramas económicos

24 / 07 / 2013 10:03 Alfonso S. Palomares
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La inmensa mayoría de los portugueses son más pobres y solo una minoría ha prosperado. En las épocas de crisis surgen nuevas oportunidades, pero para los más ricos.

Los tecnócratas de la Troika, formada por los delegados del Fondo Monetario Internacional (FMI), de la Unión Europea y del Banco Central Europeo, conocidos como los siniestros hombres de negro, no han viajado a Lisboa el pasado jueves día 18 debido a la crisis política que agita Portugal con un Gobierno que se mueve en la incertidumbre del ser y no ser. Era la octava vez que los hombres de negro iban a ir al país desde que se produjo el rescate, en junio de 2011. En las siete ocasiones anteriores su discurso y sus recetas no han variado, había que reducir el déficit y recomendaron recortes sobre recortes, tanto que han dejado una sociedad deshuesada.

El Gobierno del derechista Passos Coelho, secundado por los más derechistas del Centro Democrático Social (CDS) de Paulo Portas, cumplió con estricta observancia las recetas de la Troika, pero las cosas fueron a peor. Los de la Troika, al despedirse después de cada visita, les daban a los dirigentes lusos palmadas en la espalda al tiempo que les decían: vais por el buen camino; y dirigiéndose al pueblo portugués le pedían paciencia. Ahora vemos que el buen camino les ha llevado al despeñadero, subieron los precios y los impuestos, bajaron los salarios y aumentó el paro. La consecuencia de estas premisas ha sido la lógica, bajó el consumo y llegó la recesión.

Ante la situación, el siempre comedido expresidente Jorge Sampaio, en una explosión de ira, manifestó: “Ya todo el mundo sabe que esto no funciona. Esta austeridad está reventando el país, va a reventar la esperanza de la gente y va a terminar por reventar la democracia en Portugal”. La mayoría de los portugueses son más pobres y solo una minoría es más rica. Hay un discurso que afirma que en épocas de crisis surgen nuevas oportunidades y conviene aprovecharlas. Es evidente que surgen para los más ricos. Entre los pobres son una rara avis.

No hace mucho, el equipo de análisis del FMI hizo un comunicado en donde señalaba que la política de la austeridad como dogma genera más desigualdad y más desempleo. Esta reflexión, que puede basarse en la abundancia de datos empíricos, ¿cambiará en adelante las políticas rigoristas de la Troika? Esas políticas austericidas no solo afectan a Portugal, sino también a Grecia, a Irlanda, a Italia, a España y a Francia. Y acabarán afectando a países que parecían intocables como Holanda, y con el tiempo estas hijas de la Merkel terminarán revolviéndose contra la misma Alemania.

Deterioro económico.

La crisis política ya estaba allí y el deterioro económico es muy visible a poco que nos fijemos en los diversos sectores sociales portugueses, y los dramas que les martirizan para afrontar, en muchos casos, la supervivencia. Sin embargo, el estallido de esta enésima crisis política saltó al escenario con gran estrépito el pasado día 2 de julio cuando Paulo Portas, ministro de Asuntos Exteriores y líder del CDS, anunció su dimisión irrevocable del Ejecutivo, lo que abocaba a una convulsión política que podía desembocar en la caída del Gobierno.

En las elecciones de 2011 el Partido Social Demócrata (PSD) de Coelho logró 108 escaños en una Asamblea de 230 diputados, a 8 escaños de la mayoría absoluta. Con el objetivo de formar un Gobierno estable tejió una alianza con los democristianos de Paulo Portas, que le aportó 24 escaños, lo que significaba una confortable mayoría absoluta de la derecha pura. Al escuchar la presentación de la dimisión irrevocable, Passos Coelho sabía que todo puede revocarse y se lanzó a unas negociaciones frenéticas con el objetivo de salvar el Gobierno.

Para los conocedores de Paulo Portas, de quien señalan la ambición como uno de los rasgos más significativos de su carácter, no sorprendió que lo que planteaba como irrevocable terminara siendo revocado. Seguiría en el Gobierno, pero dando un enorme salto hacia arriba, sería vice primer ministro y coordinador de la economía. Es decir, se había convertido en mandarín de la situación, porque la economía es actualmente el gran eje de la política portuguesa. Los dos políticos celebraron la estabilidad recobrada que les llevaría hasta el fin de la legislatura.

Los periódicos titularon “Superada la crisis” y cosas así. No contaban con algo imprevisto. Desde que es presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva ha mantenido una distancia de neutralidad, respetando la acción gubernamental y los acuerdos parlamentarios. Esta vez no dio el preceptivo refrendo presidencial. Hay que decir que el sistema portugués es semipresidencialista. La jefatura del Estado tiene poderes constitucionales importantes, muy superiores a los de nuestro Rey o a los de la mayoría de los presidentes en las repúblicas parlamentarias.

Confusión kafkiana.

El jefe del Estado portugués tiene la competencia para ratificar o no los cambios del gabinete y, lo que es más llamativo, puede disolver la Asamblea y el Gobierno, y en situaciones extremas puede llegar a formar un gabinete presidencial designado por él mismo. No creo que acuda a ese planteamiento extremo, aunque de momento la situación de Paulo Portas se presta a una confusión kafkiana. Después del último debate en la Asamblea parece que las cosas, de momento, siguen como antes del 2 de julio, con la diferencia sustantiva de que se han puesto en marcha los mecanismos para llegar a lo que el presidente Cavaco Silva calificó de “compromiso de salvación nacional”.

El Gobierno se encuentra en un estado de limbo, como quedó claro en el debate. Paulo Portas, con la lengua de los hipócritas, proclamó que en aras de la solución a la crisis había puesto los intereses del país por encima de los de su partido y los de su partido por encima de los suyos propios. Lo dijo sin que se le cayeran la voz ni la cara de vergüenza, cuando era evidente que solo había retirado la dimisión irrevocable cuando le dieron el puesto de vice primer ministro y la coordinación económica.

La mayoría de los diputados, especialmente los de la oposición, estaban sorprendidos al escuchar sus palabras, tanto que un representante del Bloque de Izquierdas le preguntó al primer ministro Passos Coelho que aclarara en condición de qué condición hablaba Portas. ¿Qué puesto ocupaba en esos momentos después de que el presidente no ratificara los acuerdos? Passos Coelho, visiblemente incómodo, respondió: “Ya he dicho varias veces que nunca había aceptado la dimisión del ministro de Asuntos Exteriores”. Un completo sainete.

El compromiso de salvación nacional que propone el presidente Cavaco Silva se apoya en estos tres pilares: habrá elecciones generales anticipadas a partir del mes de junio del año próximo, cuando terminen los compromisos adquiridos por el rescate; los tres grandes partidos, el Partido Socialista (PS), el PSP, y el CDS deben negociar un acuerdo para alumbrar, sostener y apoyar al nuevo Gobierno que se forme ahora para llevar a cabo las reformas necesarias. Cavaco da un paso más y pide a los tres partidos un compromiso de apoyo al Gobierno que salga de las próximas urnas con el fin de asegurar la gobernabilidad.

El líder del PS, Antonio José Seguro, en una reunión con el presidente, pidió elecciones anticipadas y que si había que negociar un compromiso de salvación nacional, debían estar en esa negociación todos los partidos representados en la Asamblea. Al fin, Seguro se rindió a los argumentos del presidente y aceptó sentarse en la negociación a tres. El PSP está representado por su vicepresidente, Moreira da Silva, el PS por el diputado y miembro de la dirección Alberto Martins y el CDS por el ministro de Solidaridad y Seguridad Social, Pedro Mateo Soares. No me atrevo a hacer pronósticos, porque cuando ustedes me lean estarán a punto de hacerse públicas las decisiones que condicionarán el futuro del país.

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