Occidente, enemigo íntimo de África

23 / 08 / 2016 Carolina Valdehíta
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Francia ha sido atacada en diversas excolonias africanas. Para entender el porqué de estas acciones hay que remontarse a la participación gala en los conflictos locales.

En 1994, Ruanda iniciaba su peor pesadilla: el ejército hutu tomó las armas y exterminó a machetazos a la población civil de etnia tutsi. La pasividad de la ONU y de los Gobiernos europeos fue un escándalo. Años después EEUU y Francia lidiaban con la mala conciencia de no haber actuado a tiempo para frenar el genocidio (EEUU), e incluso de haber facilitado armas al ejército hutu (Francia). En 2008, Ruanda presentó un informe de 500 páginas con 150 testimonios que involucraban a 33 franceses directa o indirectamente en el conflicto, entre ellos, el entonces presidente François Mitterrand y los antiguos primeros ministros Alain Juppé y Dominique de Villepin. Francia lo ha negado siempre. Ruanda es un ejemplo de cómo Occidente se ha convertido en enemigo íntimo de los africanos, posibilitando Gobiernos corruptos y armando guerras cruentas.

La Franáfrica

En 1957, Mitterrand profetizó: “Sin África, Francia no tendría ninguna historia en el siglo XXI”. Sin duda, su paso por la República Centroafricana ha dejado la peor huella: en 2014 salieron a la luz múltiples acusaciones de violación contra soldados franceses. Un par de años antes participa en la guerra civil de Malí, para acabar con las células de Al Qaeda en el Magreb, muy arraigadas en el norte del país, con la ayuda de Bélgica y EEUU. París consideraba que ambos países eran parte de la Franáfrica (antiguas colonias con las que aún tiene relación económica y militar). Abandonarlos sería mostrar debilidad internacional. Esa presencia fue la que posteriormente propició los ataques yihadistas de Al Murabitún en Malí, Costa de Marfil y Burkina Faso, entre finales de 2015 y principios de 2016.

Madagascar es otro ejemplo de cómo la presencia gala se mantiene. En 2009 se llevó a cabo un golpe de Estado que derrocó al presidente Marc Ravalomanana, quien no era muy dócil en sus relaciones con el Elíseo. Convencido del papel de Francia en el golpe, declaró: “El objetivo de Francia es volver a colonizar Madagascar y esclavizar a la población”.

Recientemente, Human Rigths Watch (HRW) ha publicado un informe en el que denuncia el apoyo de EEUU al exdictador del Chad, Hissène Habré, en los ochenta. Hace un mes, La Haya le condenó a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, violaciones y torturas. Se calcula que durante su Gobierno, más de 40.000 personas murieron y unas 200.000 fueron torturadas. La implicación de Francia y EEUU tenía como objetivo minar el expansionismo del presidente de Libia, el fallecido Muamar Gadafi, quien tenía acuerdos con el entonces presidente de Chad, Goukouni Oueddei. Habré, en el exilio, recibió según HRW más de 10 millones de dólares (9 millones de euros) de EEUU entre 1981 y 1982, además de apoyo económico francés. El informe alega que los dos países conocían las graves violaciones de derechos humanos. En lugar de denunciarlo, le permitieron continuar a sus anchas y colaboraron hasta su caída.

Durante su expansionismo anticomunista, Estados Unidos aumentó su presencia militar a nivel internacional. Hoy cuenta con 800 bases en todo el mundo, y la de Yibuti, Camp Lemonnier, en la frontera con Somalia, es el punto más estratégico en África y con mayores efectivos desplegados. Tras años de investigación en ese continente, el periodista Nick Turse ha demostrado que el Ejército estadounidense ha pasado de 172 acciones en 2008 a 674 en 2014, pese a que “casi siempre han terminado con consecuencias desastrosas”. Una presencia que, lejos de desaparecer, crece como la espuma. 

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