Nuevo año y cambio de era
Los primeros pasos de Donald Trump como presidente de Estados Unidos anuncian una nueva época cargada de amenazas e incertidumbre. Una transformación del orden mundial... a peor, por supuesto.
Casi siempre, al menos desde hace bastante tiempo, celebrábamos la llegada del nuevo año con unos ritos más o menos entusiastas, sabiendo que no habría cambios profundos en las estructuras del paisaje político mundial ni en los esquemas sustantivos nacionales. Cambiaba el año, pero continuaban poco más o menos los mismos problemas. Este año es diferente, la llegada a la Casa Blanca del histriónico y multimillonario Donald Trump viene acompañada por el anuncio de unos profundos cambios de era. A peor, por supuesto. Una nueva era que se anuncia cargada de amenazas e incertidumbre.
Incluso la ruptura del Reino Unido con Europa por el triunfo del brexit cobra una dimensión más devastadora y preocupante con Trump al frente de la primera potencia mundial. Durante la campaña se decía que sus discursos xenófobos, ultranacionalistas, agresivos contra las minorías, amenazantes contra los musulmanes o despectivos con las mujeres no eran más que estridentes excesos verbales y que si llegaba al poder no los aplicaría. En realidad eran pocos los que pensaban que llegaría al poder. Pero llegó, y ahora a la vista de las personas que está nombrando para los puestos clave, vemos que su voluntad es cumplirlos hasta en sus partes más radicales.
Para el Ministerio de Defensa y los dos más altos cargos de la seguridad interior ha nombrado a generales de cuatro estrellas, alguno de los cuales, como el secretario de Defensa, James Mattis, había tenido serias discrepancias con Barack Obama por las negociaciones con Irán. Por su parte, el consejero de Seguridad Nacional, Michael Flyn, acusó a Obama de manifestar simpatía por regímenes de claros sentimientos antiestadounidenses. El responsable de Sanidad, Tom Price, es un activo militante contra la Obamacare, la ley que extendía el sistema público de salud. La responsable de Educación, Betsy De Vos, es defensora a ultranza de la escuela privada frente a la pública, y Scott Pruitt, nuevo jefe de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), es un escéptico confeso sobre la degradación del medioambiente. Podía seguir con otros, pero voy a ocuparme solo de dos que van a tener una profunda incidencia en la política internacional: el secretario de Estado (el cargo equivalente a ministro de Exteriores), Rex Tillerson, y el embajador en Israel, David Friedman.
El mejor amigo de Putin
De entrada, no era creíble que Trump nombrara embajador en Moscú al mejor amigo que tiene Putin en Estados Unidos. Pues lo ha hecho. Se trata de Rex Tillerson, mandarín absoluto de la ExxonMobil, la gran petrolera. Tillerson no tiene ninguna experiencia diplomática, pero sí una gran experiencia comercial en medio mundo. Es de los pocos privilegiados que puede llamar a Putin cuando le apetece y entrar en el Kremlin cuando le da la gana. Pues este hombre, es el que va a dirigir la política exterior estadounidense, confrontada tradicionalmente en puntos muy sustantivos con la del ruso Putin. Entre ellas la relacionada con Europa.
Uno de los puntos más ardientes es la guerra de Siria. Hemos visto cómo Alepo era reducida a escombros por la aviación rusa y de Al Assad. Siria es el mapa perfecto de la geografía del dolor, la tragedia y la barbarie. Cuando comenzaron las revueltas contra la dictadura de Al Assad, el presidente lanzó sus aviones y helicópteros a sobre el pueblo. Eso fue hace cinco años, desde entonces ha multiplicado los bombardeos y utilizado armas químicas. Estados Unidos y la UE se opusieron y pidieron la destitución de Al Assad, aunque no se implicaron a fondo en el empeño y por eso sus exigencias fueron inútiles. Putin le apoyó sin fisuras, no en vano tiene en la costa Siria una de sus grandes bases geoestratégicas, la de Tartus. Ahora Tillerson negociará con Putin para poner fin a esa guerra. Es probable el peor de los acuerdos. En otros puntos calientes, Tillerson está también al lado de Putin frente a Europa, ya lo estuvo cuando invadió y se anexionó Crimea y en la guerra del este de Ucrania. Aquí salta la pregunta: ¿podrá anexionar Rusia a Ucrania con la anuencia de los EEUU de Trump? La respuesta puede ser afirmativa. Inquietante. Tillerson contribuirá a debilitar la defensa europea, según su propia afirmación: “En caso de un ataque de Rusia a los Estados bálticos de la OTAN, EEUU no debe sentirse obligado a defenderlos”.
El abogado de Trump
Otro de los nombramientos inquietantes es el del embajador en Israel, David Friedman. Se trata de uno de los abogados de Trump, ligado a la extrema derecha israelí. Rechaza la política de los dos Estados al negar un Estado palestino como solución al conflicto palestino-israelí, doctrina defendida por Washington desde los tratados de Oslo de 1993. Es partidario de que Israel mantenga y amplíe los asentamientos en Cisjordania. Pretende trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, una provocación a los palestinos que avivará las llamas del conflicto.
Las espadas de Damocles que Trump tiende sobre nuestras cabezas son infinitas. Veremos cuáles suelta.


