Los trapos sucios de Trump y Clinton

09 / 02 / 2016 Fernando Rueda
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

Hillary Clinton y Donald Trump son los principales candidatos en las primarias que acaban de comenzar en los partidos republicano y demócrata de Estados Unidos. ambos aspiran a presidir el país.

Hillary Clinton es a día de hoy la gran candidata a ser la inquilina de la Casa Blanca dentro de un año, en la que ya vivió como primera dama durante los dos mandatos de su marido, Bill Clinton. Si los pronósticos le han sido hasta ahora tan favorables es más por el bajo perfil de sus rivales que por méritos propios, que los tiene, y muy importantes. No obstante, los trapos sucios de su pasado están sembrando dudas sobre las posibilidades que puede tener para ser la sucesora de Barack Obama. En España la película se estrenará a finales de mes, pero en Estados Unidos lo hizo hace un par de semanas. 13 horas, los soldados secretos de Bengasi ha contado en su promoción con el apoyo del principal rival republicano de Hillary, Donald Trump, que alquiló un cine para que militares y votantes pudieran contemplar la versión de lo que pasó el 11 de septiembre de 2012 en la ciudad libia. Unos acontecimientos que llevan más de cuatro años persiguiendo a la que en ese momento era secretaria de Estado.

Aquel día, un grupo de manifestantes ante la delegación estadounidenses protestaba contra la película La inocencia de los musulmanes, producida en EEUU, en la que se criticaba a Mahoma. Los guardias de la embajada comenzaron el tiroteo creyendo que estaban siendo atacados, lo que resultó ser cierto. Terroristas de Al Qaeda en la Península Arábiga sacaron en ese momento sus armas y comenzó un ataque sangriento en el que perdieron la vida cuatro funcionarios, entre ellos el embajador. La polémica que ha embarrado a Hillary Clinton se debe a que fueron numerosas las llamadas de los que allí estaban para pedir ayuda, sin que llegaran a recibirla. Una comisión de investigación sobre los hechos en el Congreso estadounidense supuso un interrogatorio extremadamente duro contra Hillary, que pasó cerca de 11 horas defendiéndose de los ataques de los congresistas republicanos. De aquel trance quedó claro que la Secretaría de Estado debía haber reforzado la protección de la embajada ante las amenazas previas de los yihadistas, pero también que Hillary hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudar a sus compatriotas. Después vendría la creación de un grupo de acción rápida de los marines para evitar la repetición de estas situaciones, una de cuyas unidades permanentes ha sido instalada en España, en la base de Morón.

El escándalo de los e mails

La campaña de Clinton también está lastrada por el escándalo de los e mails. En marzo del pasado año se descubrió que antes de asumir el cargo la secretaria de Estado había decidido no utilizar la dirección de correo electrónico oficial y disponer de una cuenta de correo personal. Además, nunca utilizó el servidor oficial de su departamento y se hizo instalar uno en su casa familiar en Chappaqua, un pequeño pueblo situado a 60 kilómetros de Nueva York.

Cualquier alto cargo estadounidense sabe que las medidas de seguridad gubernamentales para evitar el espionaje establecen que debe usar una cuenta para los asuntos oficiales y otra para los privados. Esto es muy importante, porque en EEUU la separación entre ambos ámbitos está muy clara. Los correos oficiales pertenecen al Estado, son un bien público que es guardado y almacenado. Nada habría pasado si la comisión de investigación sobre los sucesos de Bengasi no hubiera solicitado conocer los mensajes oficiales que el día del ataque se cruzó Clinton con todos sus colaboradores para intentar arrojar luz sobre el asunto. Entonces se descubrió que no estaban en la Secretaría de Estado sino en el ordenador personal de la exmandataria en su casa.

Un juez no tardó en determinar su mal comportamiento saltándose la ley. Ordenó al FBI y a la Secretaría de Estado que recuperaran el contenido de ese servidor. Tras esta orden, Clinton se planteó qué hacer con los 62.320 correos que había almacenado en sus cuatro años en el cargo. La decisión que adoptó levantó una amplia polvareda que todavía enturbia su campaña electoral: entregó solo 30.490, aduciendo que el resto eran privados y no tenían nada que ver con las funciones de su cargo. Hiciera la limpieza de una forma honesta o no, el hecho es que su comportamiento levantó muchas críticas por la sospecha que transmitía de que podía haber eliminado correos que perjudicaran sus intereses para ocupar la Casa Blanca.

Además, la sociedad estadounidense está muy sensibilizada con el espionaje exterior y este escándalo ha dejado la sensación de que Clinton no se preocupó de hacer frente a un tema tan sensible. El servidor de la Secretaría de Estado es prácticamente inviolable a los ataques de hackers, mientras que el de su casa era mucho menos seguro, sin tener en cuenta que cualquier persona que acudiera a su casa también podía haber tenido acceso a la documentación secreta. La constatación de este hecho se produjo cuando se filtró la información de que su servidor había sido atacado al menos en cinco ocasiones, supuestamente por los rusos.

Donaciones sospechosas

El expresidente Bill Clinton ya tenía junto a su mujer Hillary una fundación cuando esta fue nombrada secretaria de Estado. Se dedican básicamente a apoyar temas de medio ambiente en países que necesitan un desarrollo sostenible. La información que se conoce habla de donaciones conflictivas que podrían poner en riesgo la independencia de la candidata en caso de llegar a presidenta. Antes de ocupar el cargo en el primer Gobierno de Obama en 2009, Hillary tuvo que firmar un documento en el que aceptaba que la fundación no recibiera donaciones de países extranjeros mientras estuviera en el cargo. No obstante, en 2010 recibió medio millón de dólares (457.184 euros) de Argelia, país que buscaba mejorar sus relaciones con EEUU. También recibieron fondos de países sensibles para la política exterior estadounidense, como Catar, Kuwait y Omán. Más grave fue la donación de 31 millones de dólares (28 millones de euros) recibida de empresas mineras canadienses. Durante su mandato, Hillary Clinton tuvo que dar el visto bueno a la venta de minas de uranio del país a empresas canadienses, dado que por ser recursos estratégicos no podían ser vendidas sin las más altas autorizaciones. Sin embargo, la empresa rusa Rosaton terminó adquiriendo la compañía Uranium One, que pertenecía a los fondos canadienses.

Y ahí no acaba el tema. Tras su salida del Ejecutivo, en 2013 Hillary se integró en la fundación, momento a partir del cual se produjeron grandes donaciones de países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes. Algo, como poco, sospechoso.

Para leer el artículo completo puede comprar la revista de papel o acceder a la versión digital enTiempo, Zetakiosko o Kiosko y más.
Grupo Zeta Nexica