Las dos caras del deshielo entre EEUU y Cuba
La solemnidad en la embajada cubana en Washington contrasta con la frialdad de la legación en La Habana.
No hubo ceremonia oficial ni izado de bandera. La flamante embajada de Estados Unidos en Cuba celebró con mucha discreción y rodeada de curiosos que ambos países retomaran formalmente sus relaciones diplomáticas.
“¡Hola amigos! Saludos desde la embajada de EEUU en La Habana, Cuba”, escribió por la mañana en Twitter el actual subjefe de la legación, Conrad Tribble. Fue una de las pocas señales públicas por parte de fuentes oficiales de que pasada la medianoche del lunes 20 de julio había empezado una nueva era en las relaciones entre ambos países, enemistados desde hace décadas. El diplomático publicó luego en la red social una imagen con su nueva tarjeta de visita en la que se lee “Embajada de Estados Unidos”.
Decenas de periodistas y algunos curiosos se agolparon desde temprano delante del edificio de siete plantas que simboliza desde hace décadas la presencia norteamericana en la isla. En la legación no ondeaba la bandera de Estados Unidos en el mástil dispuesto para ello desde hace semanas en un patio lateral. Washington tiene previsto celebrar oficialmente la reapertura de la embajada el 14 de agosto. El secretario de Estado, John Kerry, viajará a la isla para asistir a la ceremonia.
Pequeñas banderas. Delante de la embajada solo se podían ver por ello como máximo pequeñas enseñas en miniatura celebrando la nueva época. Varios de los empleados de la legación llevaban en la mano pequeñas banderas estadounidenses cuando salían del edificio.
También algunos paseantes agitaban la enseña de las barras y las estrellas en señal de júbilo. “Es un momento muy especial”, contaba Lisa Fragoso, una estadounidense de 35 años que se acercó especialmente a la embajada portando una bandera de su país.
En uno de los momentos más álgidos del enfrentamiento en la década pasada, la actual embajada llegó a colocar incluso carteles luminosos en su fachada para “informar” a la población sobre novedades del extranjero. El Gobierno de Fidel Castro respondió colocando decenas de mástiles para tapar con un mar de banderas el edificio y construyendo la “Tribuna anti-imperialista”.
Historias que parecen hoy lejanas: la embajada abrió sus puertas con normalidad. A un costado del edificio se formaron las colas habituales de personas que acudían a hacer trámites. Aunque ambos países no mantenían relaciones diplomáticas, la Sección de Intereses ya otorgaba visados o atendía otras solicitudes de cubanos desde hace tiempo.
Por la mañana, la embajada había informado de las históricas novedades en un escueto comunicado. “En concordancia con el anuncio efectuado el 1 de julio por el presidente Barack Obama, hoy los Estados Unidos y Cuba han restablecido relaciones diplomáticas. La Sección de Intereses de los Estados Unidos se ha convertido oficialmente en la Embajada de los Estados Unidos en La Habana”, rezaba el texto. La embajada anunciaba además que el hasta ahora jefe de misión, Jeffrey DeLaurentis, es ahora encargado de negocios interino hasta el nombramiento de un embajador.
La otra parte de la historia. Y mientras, en Washington, la bandera cubana sí se izó al cielo por primera vez en 54 años, entre gritos de “Cuba sí, Castro no”. Pasaban pocos minutos de las 10.30 horas cuando en una breve ceremonia en el jardín del edificio de piedra tres soldados vestidos con un uniforme blanco de gala izaron junto con el canciller Bruno Rodríguez la bandera ante las autoridades y los manifestantes, situados al otro lado de la verja. Solo el himno cubano logró acallar los gritos.
Luego, las autoridades, lideradas por Rodríguez, entraron a la embajada a continuar con la recepción y el acto protocolario. Y la división siguió en la arbolada calle 16 de la capital estadounidense, donde decenas de manifestantes alzaron su voz.
Los Gobiernos se aproximan, pero la división continúa al pie de una calle por la que taxis, autobuses y camiones trataban de abrirse paso más preocupados por los quehaceres de un lunes cualquiera que por una jornada histórica.
“Los pueblos del mundo celebramos la apertura de relaciones entre Cuba y Estados Unidos”, se leía en una pancarta bien elaborada. Quienes las sostenían lanzaban vivas a la “Cuba socialista” y pedían el fin del embargo que Estados Unidos mantiene sobre la isla. Roberto Quesada, crítico con el sistema capitalista y quien más alto gritaba “Viva Fidel” en honor del mayor de los Castro, el líder de la Revolución cubana, afirmaba: “No hay derechos humanos en los Estados Unidos”, mientras que, respecto a la situación en la isla, defendía que “Cuba nunca tuvo problemas de derechos humanos. En Cuba no hay la misma cantidad de presos [que en Estados Unidos]”.
Frank Calzón, por su parte, aseguró que estaba siendo testigo “de un hecho de infamia histórico”. Entre palabras más o menos gruesas, se escuchaban también discusiones moderadas que reflejan la tensa dialéctica que acompaña a ambos países desde hace más de cinco décadas.
Hubo manifestantes más festivos. “Salsa sí, embargo no”, se leía en una pancarta escrita en rosa. De ese color eran los cinco paraguas con los que formaron la palabra “amigo”.


