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La revolución del Papa

21 / 07 / 2015 Luis Algorri
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Su primavera está asombrando al mundo. A Francisco se le reconoce como uno de los líderes mundiales, pero empiezan a lloverle las críticas. ¿Por qué? Porque va demasiado deprisa, dicen unos. Y porque nadie sabe hacia dónde va, dicen otros.

El presidente boliviano, Evo Morales, regala al Pontífice un crucifijo con una hoz y un martillo en su visita al país andino este mes.

“Se está pasando de frenada. Se le está yendo la mano. Una cosa es ser algo populista y ocuparse de los pobres, que es algo que puede estar muy bien, y otra cosa es imponer a la Iglesia ideas que no están en la doctrina cristiana y negar lo que han dicho sus antecesores, alguno de los cuales es santo y lo canonizó él. Este señor argentino no es mi Papa”.

Es curioso que, al menos en España, los críticos con el papa Francisco prefieren no dar la cara ni el nombre, como si tuviesen miedo de algo. Y es curioso también que esos críticos no siempre provengan de lo que tradicionalmente se ha llamado la carcundia eclesial, los tridentinos conservadores de siempre, los curas de teja y manteo y catecismo de Astete, sino de los que no hace tanto parecían más modernos. Este canónigo de una catedral castellano-leonesa tiene ya más de 70 años, pero hace bien pocos que se metía con el Opus Dei y con los “inmovilistas” y con el Papa polaco. Ahora lo que tiene es, claramente, miedo. O vértigo. Es como si se hubiese subido por primera vez en una montaña rusa. “Nos está pasando a muchos. Tú pregunta por ahí a los que tengas confianza. Es que no sabemos a dónde va este hombre, dónde se va a parar, cuál es el límite. Una cosa es poner de rodillas a un Ernesto Cardenal y echarle la bronca, como hizo el polaco, que eso está mal, ¿verdad?, y otra es que un presidente loco te regale una hoz y un martillo y tú, como Papa, le sonrías y le des las gracias como si fuese lo más natural del mundo. Pues mira, pues no, pues eso tampoco”, se enfada el padre R. Y concluye: “¿Tú ves las iglesias más llenas ahora que hace tres años? Yo no. Si acaso, más vacías. Porque este hombre está espantando a los que venían pero no está trayendo a los que faltaban”.

Exactamente esa es la crítica más frecuente que se le hace a Francisco. En todas partes. Lo escribía hace poco Marcello Veneziani, columnista del diario conservador italiano Il Giornale: “El desafío ante este panorama es acercar a los lejanos sin alejar a los cercanos”. Algunas vacas sagradas de esa singular especie que en los medios de comunicación se conoce como vaticanistas están cada vez más alarmados, por decirlo suavemente. Vittorio Messori no esconde ya sus recelos hacia la primavera de Francisco. Otro de los más respetados, Sandro Magister, acaba de ser fulminado tras filtrar, con pocas horas de adelanto, la primera encíclica de Bergoglio, Laudato si, en lo que parece claramente aprovechar un pretexto para quitarlo de en medio. Otros dos, Alessandro Gnocchi y Mario Palmaro firmaban juntos hace algún tiempo un artículo en el diario Il Foglio en el que se decía: “Este Papa no nos gusta. Solo recita un guion –bien escrito y bien interpretado– para rescatar la imagen de la Iglesia que sufre los escándalos y el cambio de valores de la sociedad contemporánea”. A los pocos días, Radio María Italia suspendía el programa que ambos conducían.

Está claro que el papa Francisco ha dado un giro copernicano en muchos aspectos, y que a la mayoría eso le parece bien, pero les preocupan las formas y sobre todo la intensidad de los cambios. “En algunas cosas se parece a Pío XII. Es como si estuviese siempre en un escenario, bajo los focos, actuando para la galería. Poner coto a los abusos de algunos curas, sobre todo en el terreno sexual, era algo que hacía falta, y te recuerdo que eso ya lo empezó Benedicto XVI. Pero de otra manera. Con el asunto ese de Granada no hacía ninguna falta humillar al arzobispo, que es lo que ha hecho el Santo Padre. Eso es puro espectáculo. Eso no le hace bien a nadie. Todo lo contrario”, prosigue el canónigo. Y añade. “Y luego lo de los gais. Muchos, pero muchos, de toda la vida hemos tenido un comportamiento afectuoso, cariñoso, muy humano, con esas personas, dijera lo que dijese la jerarquía. Este Papa dijo que no debían ser juzgados, y eso me parece muy bien porque muchos nunca lo hemos hecho. Pero ¿es necesario estar hablando todo el rato de lo mismo, como hace este hombre? ¿No tiene otras cosas de las que preocuparse?”.

Al padre R. se le recuerda que, en realidad, Francisco no está hablando todo el tiempo de los gais. Que son los medios de comunicación, sobre todo las redes sociales, las que repiten una y otra vez las mismas frases, algunas de las cuales tienen meses. Él se amosca: “Cuando el río suena... Si el Papa fuese claro de una vez por todas, nadie diría nada. Pero no es claro más que cuando le interesa. Para humillar a los que han servido bien y durante muchos años, tengan las ideas que tengan, para eso sí que se da prisa. Mira lo que hizo con el pobre Rouco, qué manera de despedirlo, qué falta de caridad y de cortesía y de todo. Y tú sabes que yo a Rouco no lo podía tragar”.

Lo dice Messori: “Muchos en la Iglesia están perplejos por un estilo donde creen ver un matiz populista, típico de un sudamericano que de joven sufrió la fascinación del carisma demagógico de Perón”.

“Y se pasa la vida riñendo a los que no son como él”, rezonga el canónigo. “Eso que dice tantas veces sobre los curas aburridos...”. Es verdad, Bergoglio arremetía hace poco tiempo contra los “pastores con cara de vinagre, quejosos y, lo que es peor, pastores aburridos (...) Esos pastores que huelen a perfume caro y que te miran de lejos y desde arriba”. Lo dijo en la misa Crismal, en la Basílica de San Pedro.

“Mira, hijo, yo huelo como huelo y no uso colonia”, dice el padre R., y no miro a la gente ni desde arriba ni desde ninguna parte; y si soy aburrido y feo, pues qué quieres que haga. Pero ya está bien, caramba. Tengo la edad que tengo. ¿Qué quiere este hombre que haga? A mis años no me voy a poner a bailar en misa para divertir a nadie. A veces el Papa dice cosas que me parecen faltas de respeto a muchas personas que hemos dedicado nuestra vida a la Iglesia. Yo no tengo por qué dudar de su buena intención, que seguro que la tiene. Pero que se baje alguna vez del escenario, caramba. Que deje de besar niños cada vez que ve una cámara cerca. Que deje de hacer que muchos que no tenemos culpa de nada, que yo creo que somos la mayoría, nos sintamos mal. Y que deje de hacer política”.

En esto último, el canónigo castellano-leonés no está solo ni muchísimo menos. El viaje que acaba de concluir a Ecuador, Bolivia y Paraguay ha provocado aullidos en mucha gente. Francisco parece olvidar que en septiembre tiene previsto un viaje importante a Estados Unidos, donde le aguarda buena parte del sector más combativamente conservador del catolicismo. Francisco no ha tenido pelos en la lengua a la hora de criticar con toda dureza el capitalismo, de hablar de la “fe revolucionaria”, de proclamar que Ecuador se está poniendo en pie con el presidente Correa, de ponerse de parte de Bolivia en el viejísimo problema de la salida al mar de esa república y hasta de meterse de hoz y coz en el drama de Grecia, por supuesto para criticar a los “opresores” y ponerse de parte de “los pobres que sufren”.

Eso ha sentado muy mal no ya en la curia vaticana o en los “pastores perfumados” a los que él alude, sino entre los católicos de muchos países occidentales, singularmente los norteamericanos. Que son católicos, sí. Y burgueses adinerados. Y capitalistas también, y no se avergüenzan de ello. Y son la principal fuente de ingresos de la Iglesia católica.

El periodista José Manuel Vidal, director del medio Religión Digital y hombre firmemente comprometido con la primavera de Francisco, lo dice sin ningún tipo de disimulo: “Se la está jugando. Se pasa la vida fustigando a los mercados. Se va a Ecuador y abraza a Correa, que es un señor de izquierdas, y se le ve contentísimo, y no se da cuenta de que todas las manifestaciones contra Correa, toda la oposición, la está financiando la petrolera Chevron, y que esa gente tiene muy pocos escrúpulos a la hora de quitarse a alguien de delante”.

Se le pregunta qué quiere decir eso exactamente. Y no lo duda: “Pues lo que dice. Quitarse a alguien de delante es eliminarlo. Sí, no ponga esa cara, es algo que le puede pasar y él lo sabe. Está muy, muy expuesto. Se la está jugando y lo hace a propósito. No es un loco ni un suicida, pero sabe muy bien que está en peligro y que hay gente, no voy a dar nombres ni pistas, que no tendría ningún problema en eliminarlo. Uno sabe el peligro que corre cuando deja que le llamen el Papa Che”.

Se le pregunta a Vidal, de nuevo, qué significa eso del Papa Che. Que si se lo llaman porque es argentino o es por otra cosa. Se ríe: “¿Usted qué cree? Él no deja de repetir que el Evangelio es revolucionario”.

¿Pocos? En Estados Unidos, el poderoso cardenal Raymond Burke hace tiempo que no oculta su alarma por lo que está sucediendo, a pesar de que Francisco, que sabe que le tiene enfrente, lo nombró padre sinodal en la primera parte del trascendental Sínodo de la Familia. En África son cinco cardenales y 45 obispos los que se acaban de reunir en Accra alrededor del cardenal guineano Robert Sarah, para mostrar algo más duro que su “preocupación” por la actitud de Francisco ante los homosexuales y el divorcio, como bien ha difundido el vaticanista Sandro Magister; hablan, sin referirse a nadie explícitamente, de la “estrategia del Enemigo del género humano”. Otros prelados se reunieron para lo mismo, pero mucho más en secreto, en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma: eran alemanes, franceses y suizos. La jerarquía eclesiástica polaca, con el arzobispo Stanislaw Gadecki a la cabeza, es la más explícita en su hostilidad al Pontífice argentino. Ya han dicho que “poner en práctica el estilo del papa Francisco puede resultar un problema difícil para nuestra Iglesia”. Y más: para el también arzobispo Jozef Michailik, Bergoglio es “un arma de los enemigos de la Iglesia”. Y añadía: “Con el Papa se combate hoy en Polonia contra los obispos. Papa Francisco bueno, obispos malos. ¿Papa Francisco sí, obispos e Iglesia en Polonia no?”.

Rumanía, Bulgaria, desde luego –si bien sotto voce, sibilando– Italia... No parecen, a simple vista, tan pocos.

“Es el agit-prop de siempre –replica Vidal–, son los que tienen más ideología que fe. Son los que manejan la doctrina, no el Evangelio, y por eso el Evangelio les parece revolucionario. Lo que intentan es mantener su poder y su influencia sobre las personas. Y eso con Francisco ya no va a ser posible. Los que hacen política son ellos”.

Quizá, pero la imagen del Papa atónito, recibiendo de manos del presidente de Bolivia, Evo Morales, un crucifijo hecho sobre una hoz y un martillo dio la vuelta al mundo. Bergoglio no sabía que aquello iba a pasar, nadie le había dicho nada: clamoroso fallo del protocolo vaticano e ingenuo patinazo de Francisco. Morales llenó el cuello del Papa de condecoraciones (que a él no le gustan nada): la Orden del Cóndor de los Andes y otra condecoración creada aviesa y expresamente para endosársela al Papa: la “Orden al Mérito Padre Luis Espinal Camps”, un jesuita asesinado casi al mismo tiempo que el obispo Óscar Romero y que fue, precisamente, quien talló la figura del crucificado sobre una hoz y un martillo. Esa figurita que estaba en el colgante que Morales le puso al Papa y que, por si acaso no la había visto bien, le regaló a tamaño grande. La cara de Francisco fue todo un poema. Se quedó helado y luego trató de sonreír: le acababan de meter un gol y lo sabía. Lo único que podía hacer era decir luego, en el avión de regreso a Roma, que el estrambótico “crucifijo comunista” no le había ofendido, que aquello había que entenderlo en su contexto.

Lo que no dice. Una de las armas sucias que el sector ultraconservador de la Iglesia está usando contra Francisco es poner en su boca cosas que no ha dicho... pero que suenan a él. Por ejemplo: un blog de sátira política –el Diversity Chronicle– publicó unas declaraciones del Papa completamente falsas en las que empezaba diciendo que el infierno es una “figura literaria como la fábula de Adán y Eva”. Poco después decía que todas las religiones son verdaderas, que la Iglesia ha abolido el juicio, que admite por igual a los abortistas y a los provida, a los homosexuales y a los heterosexuales, a los conservadores y liberales y comunistas, porque “todos amamos al mismo Dios”... Cuando uno se daba cuenta, se estaba tragando supuestas frases del Papa que no habría dicho ni el más chiflado lector del tarot de la televisión nocturna. Era todo mentira. Pero los medios controlados por la derecha eclesiástica se pusieron a reproducir una y otra vez aquello. Y se ha vuelto viral. Muchísima gente cree de verdad que Francisco dijo esas gansadas.

En cualquier caso, al menos en opinión de partidarios fervientes como José Manuel Vidal, Francisco tiene ganada esta batalla... si logra conservar la vida antes de dimitir a los 80 años, como ha dicho alguna vez (en privado) que hará. “No puede perder –dice el periodista–, porque su estrategia no consiste en vencer sino en convencer. Su mayor esfuerzo se va en tratar de hacer razonar a quienes no están de acuerdo con él. No tiene miedo. Sabe que ha abierto un ciclo nuevo en la historia de la Iglesia, un ciclo que durará mucho tiempo: como mínimo dos o tres Papas más. Y escucha las críticas, siempre lo hace Este es el hombre que devolverá la Iglesia al tiempo en que vive. Nada menos”.

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