La inquietante escalada del nacionalista Modi
El candidato a primer ministro de la India por el partido Bharatiya Janata, en las elecciones generales que se celebrarán en abril, lidera los sondeos con un programa cargado de nacionalismo y fuertemente antimusulmán.
Narendra Modi es un nombre a recordar. Dentro de unas semanas, y especialmente a partir de la primavera, aparecerá con frecuencia en los medios. Modi es el candidato a primer ministro por el partido Bharatiya Janata para las elecciones generales de la India, que comenzarán a mediados de abril y terminarán en los primeros días de mayo, ya que se celebrarán en cinco fases. Por el Partido del Congreso, actualmente en el poder, se presentará Rahul Gandhi. Aunque la decisión todavía no está tomada según los protocolos del partido, nadie duda de que será el candidato, desde que la semana pasada el actual primer ministro, Manmohan Singh, de 81 años de edad y que lleva diez en el Gobierno, no solo anunció que no pensaba presentarse a una tercera relección, sino que afirmó que Gandhi tenía las mejores credenciales para convertirse en el próximo dirigente del Partido del Congreso y en primer ministro. Rahul Gandhi tiene 43 años y es el heredero de la saga histórica de los Gandhi–Nehru, la familia más poderosa de la India, profundamente marcada por la tragedia. Su abuela Indira, la mujer más poderosa del mundo hace cuatro décadas, fue asesinada en 1984 siendo primera ministra, y su padre, Rajiv Gandhi, que la sucedió al frente del Gobierno y del partido, fue asesinado en 1991 cuando había perdido el poder y luchaba por recuperarlo. Rahul Gandhi es nieto del mítico Pandit Nerhu, que en los 60 del pasado siglo fue uno de los grandes líderes de los países no alineados. Cuando Rajiv Gandhi fue asesinado, los dirigentes del Partido del Congreso ofrecieron a su viuda, Sonia, de origen italiano, la dirección del partido, pero tenía entonces el ánimo más propicio para el llanto que para el poder, y renunció anunciando que abandonaba la política. Sin embargo, los sentimientos cambian y seis años después decidió unirse de nuevo al Partido del Congreso, que la eligió como líder en 1998. Nunca aceptó presentarse a las elecciones para primera ministra, pero sigue manteniendo el liderazgo en el partido.
Rahul Gandhi es una incógnita y si no llevara un nombre tan cargado de carisma posiblemente nunca se hubiera dedicado a la política; de hecho ha estado siempre alejado de la dura lucha partidaria y, aunque lleva cuatro años como parlamentario, hace solo uno y medio que decidió incorporarse a la lucha por el poder en el partido. Bajo las alas de mamá Sonia se convirtió en vicepresidente de la formación y llegó a decir: “Mi madre es muy indulgente, yo soy más estricto”. No se sabe lo que quería decir con esta frase tan genérica, tal vez que controlaría con más firmeza el partido, aunque lo cierto es que su madre lo gestionó con gran habilidad, no es fácil mantener la cohesión interna de un partido de Gobierno y con tanto poder. En el último año, el Partido del Congreso ha tenido dos sonoras derrotas, en los Estados de Bihar y Uttar Pradesh, actuando Rahul como coordinador de campaña.
Como candidato en las elecciones a primer ministro, Gandhi tendrá enfrente a Modi, quien, desde que lidera el partido Bharatiya Janata, ha radicalizado un programa cargado de nacionalismo hindú y fuertemente antimusulmán. Decir de alguien que es candidato a gobernar la India que practica una política antimusulmana es decir mucho, ya que los musulmanes suman 150 millones de creyentes en el país, el tercero con más musulmanes en el mundo, después de Indonesia y Pakistán. Modi es gobernador de Gujarat desde hace doce años y tiene fama de dirigirlo con puño de hierro. Es un líder aclamado en su partido y los empresarios le adoran por el ultraliberalismo de una gestión que ha registrado una media de crecimiento del 10% en los últimos diez años. Su radicalismo antimusulmán quedó marcado a sangre y fuego el 28 de febrero de 2002 cuando una horda de extremistas hindúes, enarbolando antorchas y armados de cuchillos arrasaron el barrio de Juhapura, en las afueras de Ahmedabad, la capital de Gujarat, conocido como Little Pakistan. Se calcula que hubo 2.000 muertos e innumerables heridos. Modi niega que tuviera nada que ver, pero nadie duda de que sus incendiarios discursos impulsaron la matanza. La policía no intervino y nadie ha sido juzgado. Las descripciones de aquel día son espeluznantes: hombres quemados vivos, mujeres violadas, niños asesinados. Juhapura sigue siendo el mayor barrio de los musulmanes de la India con sus 400.00 habitantes. Allí viven abandonados por el Estado, pero en la capital, Ahmedabad, demasiado ocupada en cantar las glorias de Modi, parece que nadie se preocupa por eso. En Juhapura solo hay dos escuelas públicas, no hay institutos y la sanidad se basa en el socorro mutuo. La vida gira alrededor de las mezquitas y los habitantes apoyan su esperanza clamando: Alá, Akbar. Dios es grande.
Desde la oposición califican a Modi como mercader de la muerte, pero a él parece importarle poco mientras la mayoría le siga aclamando. Personalmente es un asceta, riguroso vegetariano que no ha probado nunca el alcohol y tampoco fuma, está casado con una mujer que vive alejada de él en su aldea para que no tenga de qué preocuparse. No tiene hijos ni bienes. Está consagrado a una frenética actividad política empapada de nacionalismo hindú. Ha contribuido a que en su Estado el pensamiento dominante sea el de que los musulmanes han oprimido a los hindúes durante siglos y son los responsables de que el país se dividiera en dos Estados en 1947, ya que Pakistán nunca debió separarse de la India. Sus partidarios sostienen que en la India los musulmanes son unos privilegiados, pero que con él la situación cambiará. Una de las razones por las que va por delante en los sondeos es su lucha implacable contra la corrupción, en un país en el que varios dirigentes del Partido del Congreso y altos gestores de la Administración se han visto envueltos en escándalos a este respecto.
Cambio de imagen.
Últimamente Modi ha moderado su discurso afirmando que su Gobierno llevará el progreso a todos y no distinguirá entre hindúes, sijs, musulmanes, cristianos o budistas. Frente a quienes le acusan de fanático afirma que cumplirá la Constitución, que dice claramente que la India es un Estado secular que respeta por igual todas las religiones. Presume de que Gujarat tiene las mejores carreteras y comunicaciones de la India y que no sufre cortes de electricidad como ocurre en la mayoría del país. Las multinacionales se están instalando allí por las facilidades ofrecidas por su Gobierno en cuanto a terrenos y costes de producción.
En los últimos años, la India ha crecido y se ha modernizado con las más avanzadas tecnologías sin tener una presencia sonora en la política internacional como la tuvo en tiempos del Pandit Nerhu o Indira Gandhi. Sin embargo, de ganar Modi, es previsible una presencia perturbadora si acentúa una política antimusulmana. Al joven Rahul Gandhi le espera un gran trabajo y transmitir credibilidad si quiere recuperar la confianza de los suyos. Sobre todo, ganar credibilidad en la lucha contra la corrupción.



