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La cuna del petróleo, en manos de los kurdos

07 / 07 / 2014 Ethel Bonet (Kirkuk, Irak)
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Desde hace varias semanas las fuerzas de los peshmergas tienen el control de los campos de petróleo de Kirkuk, en el norte de Irak.

Bajo esta árida “tierra prometida” se haya una de las mayores reservas de petróleo del mundo. Este océano de hidrocarburos genera 200.000 barriles de crudo diarios. El olor a nafta es tan intenso que uno ha de pensárselo dos veces antes de encenderse un cigarrillo. Desde hace varias semanas la región de la ciudad de Kirkuk está bajo control de las fuerzas kurdas. El Ejército iraquí abandonó sus posiciones y sus equipos militares ante el avance de las milicias suníes, dirigidas por el grupo radical Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL, en sus siglas en inglés) que se habían hecho ya con la vecina Mosul.

Ante el “vacío de seguridad” en Kirkuk, los peshmergas –una fuerza paramilitar de élite kurda–, y los asaiysh –una especie de policía y servicio de inteligencia kurdo– han ocupado el lugar que dejaron las fuerzas de seguridad del Gobierno central, que huyeron a la carrera cuando entraron las milicias suníes. La presencia de la Policía Nacional también es visible, pero la mayoría de los agentes hablan mejor el kurdo que el árabe. “Son kurdos pero que trabajan para el Gobierno central”, aclara Shahanam, nuestro conductor.

La población civil recibió con los brazos abiertos a las fuerzas kurdas, ya que, hasta ahora, han conseguido asegurar el perímetro de Kirkuk. Hacia el Oeste, la línea enemiga se encuentra a una distancia de entre cinco y siete kilómetros, en dirección a Mosul, y hacia el Sur los peshmergas están combatiendo contra el ISIL en los alrededores de Bashir, a 25 kilómetros de Kirkuk.

Hay un viejo dicho iraquí que dice: “El que tiene el control de Kirkuk, controla el resto de Irak”. La ciudad de Kirkuk siempre ha sido un territorio disputado entre los árabes y los kurdos. Hasta el punto de que muchos kurdos la llaman la “Jerusalén kurda”. Desde 1960 hay una guerra entre kurdos, turcomanos, asirios (cristianos) y árabes, y todos reclaman la ciudad por lazos históricos.

Esta tierra próspera donde mana a borbotones el oro negro será, sin duda, el nuevo foco de confrontación entre Bagdad y la Provincia Autónoma del Kurdistán Iraquí. El viejo sueño de anexionar los campos petroleros de Kirkuk al Gobierno de la Región Autónoma del Kurdistán podría hacerse realidad. En los últimos años el Kurdistán iraquí ha experimentado una de las mayores tasas de crecimiento económico a nivel mundial gracias a las ventas de petróleo unilaterales a través de Turquía y el flujo de miles de millones de dólares de inversión extranjera que han alimentado un auge en la construcción sin precedentes.

Guerra de guerrillas.

Esta polémica se remonta a varias décadas atrás. “Yo entré por primera vez con la división de Faransa Hariri (un líder sirio que se unió a las fuerzas de Mustafa Barzani en 1965) en la ciudad de Kirkuk para expulsar a las tropas de Sadam [Hussein]”, rememora Issa Ashkar, un viejo combatiente kurdo. Se refiere a los enfrentamientos a mediados de la década de los setenta del pasado siglo, cuando Sadam Hussein llevó a cabo una campaña de “arabización” en las ricas áreas petrolíferas del Kurdistán, rompiendo con el pacto conocido como Manifiesto, por el que los kurdos iban a tener un Estado autonómico con las fronteras demarcadas en las que se incluía la rica ciudad petrolera de Kirkuk. Esto llevó a la expulsión de más de medio millón de kurdos de esta urbe. La disputa territorial se convirtió en una guerra de guerrillas en la que participaron milicias iraníes apoyando a los kurdos. La contienda finalizó con un acuerdo de paz entre Barzani, el Gobierno de Irak y el sha de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, por el que este último garantizaba a Bagdad que las milicias iraníes no iban a ayudar a los kurdos. Los hombres de Barzani tuvieron que retirarse y ceder a Bagdad el control de la región petrolera.

Pero después de la invasión estadounidense de Irak en 2003, miles de kurdos desplazados regresaron a la ciudad prometida y a otras regiones anteriormente arabizadas para reclamar sus hogares y sus tierras.

Se cree que hoy en día los kurdos son mayoría en Kirkuk, pero nadie se atreve a hablar del censo de la población, se trata de un asunto tan tabú como peligroso que podría transformarse de nuevo en un conflicto armado. Las voces de la calle en el Kurdistán iraquí piden la independencia de Kirkuk y los políticos kurdos aspiran a que se lleve a cabo un referéndum para determinar si la ciudad petrolera pasa a manos del Gobierno autonómico kurdo. La autonomía de Kirkuk está contemplada en el artículo 140 de la Constitución iraquí, y en 2007 debería haberse celebrado un referéndum en esta ciudad petrolera sobre su incorporación a la región autónoma del Kurdistán.

Agradecidos.

“El Consejo Provincial de Kirkuk votó por unanimidad invitar a las fuerzas peshmerga para proteger la ciudad y evitar un vacío completo en la seguridad”, explica a Tiempo Aso Mamand, máximo responsable de la oficina política del partido gobernante, la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), fundada por Jalal Talabani, el actual presidente iraquí. “Tanto turcomanos como chiíes y árabes están muy agradecidos a las fuerzas peshmerga por haber restablecido la seguridad. Si las fuerzas de seguridad kurdas se marchan de Kirkuk será un caos. Los yihadistas entrarán, arrasarán la ciudad y matarán a cientos de personas”, advierte Mamand.

“Kirkuk pertenece todavía a Bagdad. Pero el Gobierno central no tiene en estos momentos ni el poder ni la fuerza para enviar tropas aquí. Todas las carreteras están bloqueadas por los puestos de control del ISIL y es imposible mover a las tropas”, asegura el político kurdo.

“No seremos parte de la guerra entre el Gobierno central y las tribus suníes. Únicamente nos defendemos de la amenaza del terrorismo. Nunca nos rebelaremos contra las autoridades de Bagdad, aunque nos hayan dejado de lado y no hayan cumplido ninguna promesa”, aclara Mamand.

Las oficinas del UPK son tan grandes y tienen tanta seguridad que parece el propio edificio de la Gobernación. Esto te da una idea de quién gobierna realmente aquí. Mamand nos ofrece ir escoltados por una patrulla de peshmergas hasta la última posición del frente. El puente del río Mashru separa la zona bajo control de los peshmergas del territorio enemigo. Desde hace dos semanas un destacamento de paramilitares kurdos custodia las posiciones para impedir que los yihadistas contrataquen. “No vamos a permitir que los insurgentes suníes entren en la ciudad de Kirkuk. Somos más de 1.000 peshmergas vigilando día y noche. Nuestra misión es solo proteger la zona. No vamos más allá. El Gobierno central no permitiría que nuestras fuerzas cruzaran hacia territorio iraquí”, explica el capitán Ferman.

“Nosotros tratamos a todo el mundo por igual, cristianos, kurdos, y árabes. El problema es que no queremos que las diferencias entre suníes y chiíes desestabilicen nuestra región”, afirma Barzan Hadi, director adjunto de los asaiysh, y continúa: “Nuestra misión es proveer la seguridad dentro de la región kurda y de nuestras fronteras –indica respecto al despliegue de fuerzas de seguridad kurdas en la ciudad de Kirkuk y alrededores–. Nosotros fuimos allí porque la gente nos pidió protección. Nuestra obligación es ayudarles. Simplemente ocupamos las posiciones que abandonaron las fuerzas iraquíes”, detalla el responsable de la Seguridad.

Civiles armados.

El oficial Hadi sostiene que el cerebro detrás del éxito militar del ISIL es el exjefe del partido Baaz y sucesor de Sadam Hussein, el general Ibrahim Al Douri: “El General Al Douri tiene amigos bien colocados en Washington”, a pesar de figurar en la lista de los más buscados de Estados Unidos desde 2003. “Al Douri ha logrado evitar su captura y ahora ha regresado para tomar enormes partes de Irak”, puntualiza el responsable de las fuerzas de seguridad kurdas. Aunque, en general, la población civil de Kirkuk se siente más segura y protegida desde que las fuerzas kurdas controlan el área, algunos vecinos han decidido elevar al máximo las precauciones y están comprando armas en el mercado negro para estar preparados y poder proteger a sus familias si regresan los yihadistas.

“No tenemos miedo, todo el mundo tiene un rifle, no solo los peshmergas o la policía, también los civiles”, declara desafiante Shakhawan Nasih, un vecino kurdo de Kirkuk. “Yo me he alistado como voluntario para defender el Kurdistán de la amenaza del terrorismo”, agrega Estefan Polish Hana, de 67 años. En el mercado de Imam Kasim y el de Rahim Hawa, los vendedores de armas de contrabando están haciendo el agosto desde que los insurgentes suníes tomaron Mosul hace dos semanas.

“Cuando huyeron las fuerzas de seguridad iraquíes, algunos soldados vendieron sus rifles en el mercado negro”, asegura Koran, de 25 años, y vendedor de Kalashnikov rusos y copias chinas. Un AK-47 de segunda mano cuesta unos 900 dólares (660 euros) en el mercado. Los modelos chinos se venden por alrededor de 600 dólares (440 euros). “Depende del mes. A veces gano hasta 2.000 dólares [1.460 euros] o incluso 2.500 [1.830 euros]”, dice este joven como si se tratara de una fortuna, y aclara: “Eso sí, todas las armas se las vendemos a los kurdos. No nos fiamos de los árabes”.

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