Kuczynski vence por la mínima
La segunda vuelta de las presidenciales en Perú ha dado la victoria por décimas al candidato moderado, tras dos meses de incertidumbre que han dejado un país polarizado entre fujimoristas y antifujimoristas.
En el recuento de votos de las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo en Perú, el sentimiento dominante hasta el último momento fue la absoluta incertidumbre. Los peruanos lo siguieron conteniendo la respiración. Parecía una de esas carreras en que los dos caballos, ya en la meta, van con las cabezas a la par. Ninguno de los dos candidatos se atrevía a proclamar la victoria, pero tampoco ninguno de los dos se daba por derrotado. Al final parece que entró primero por décimas Pedro Pablo Kuczynski, a la espera de los resultados oficiales que, en principio, se harán públicos los días 11 o 12, una vez que se computen los votos del exterior.
En la primera vuelta, celebrada hace dos meses, Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, venció rotundamente con el 40% de los votos, duplicando el resultado de Kuczynski, de Peruanos por el Kambio. Las cosas se presentaban muy difíciles para Kuczynski, parecía imposible lograr aglutinar la mayoría de los votos de los otros ocho candidatos perdedores en torno a Peruanos por el Kambio. Había que crear una corriente antifujimorista en el ambiente recordando los puntos negros, que fueron negrísimos, de Alberto Fujimori, en la cárcel desde 2007 con una condena de 25 años. La corrupción y diversos crímenes contra los derechos humanos conforman la herencia del siniestro personaje que en 1992 dio un autogolpe disolviendo el Parlamento y rompiendo la convivencia democrática en el país. A pesar de esto, son muchos los peruanos, especialmente entre los más pobres, que guardan un buen recuerdo del autócrata. Consideran que terminó con el terrorismo salvaje de Sendero Luminoso y se preocupó por luchar contra la pobreza. Le recuerdan yendo a los barrios pobres con una libreta apuntando lo que le pedían y al cabo de un tiempo les llegaban sillas para la escuela o les construía una carretera o un campo de deportes. Ahora que se habla tanto de populismo, Alberto Fujimori podía considerarse un icono populista. Keiko Fujimori, educada para mandar, ocupó el puesto de primera dama a los 19 años, después de la tormentosa separación de sus padres.
Combate cuerpo a cuerpo
En esta segunda vuelta de dos largos meses de duración, la tensión entre los dos contendientes fue creciente, la primera parte la dominó Keiko Fujimori, tanto que las encuestas le daban una confortable ventaja, Pedro Pablo Kuczynski, hombre de talante liberal, exponía sus recetas económicas, pero eso no era lo que los ciudadanos querían oír, deseaban un combate cuerpo a cuerpo. Querían una pelea de pasiones en vez de un debate de ideas. El que Kuczynski tenga 77 años le sirvió de base a los fujimoristas para extender la especie de que tenía una enfermedad seria y que no podría cumplir los cinco años de mandato, ya que no llegaría a los 82. El candidato desmintió el malintencionado rumor con apasionamiento y desde entonces las maniobras sucias se multiplicaron por una y otra parte. Fujimori reconocía que había capítulos de la historia de Perú que no debían repetirse. En Perú hay un clima de inseguridad, que se traduce en la frase: “Te matan por un celular”. La delincuencia organizada está presente por doquier y Fujimori asegura que pondrá fin a esa lacra. Esta firmeza parecía consolidar su victoria.
La pregunta que se hacen estos días los analistas políticos es cuándo Kuczynski comenzó su remontada. En qué momento se jodió la marcha victoriosa de Keiko. Fue en la última semana, cuando coincidieron muchas cosas que desbarataron la imagen de fujimorismo. Por primera vez en Perú, se celebraron dos debates cara a cara: uno en Piura, que ganó por pocos puntos Kuczynski, el otro en Lima, donde se impuso con claridad a Fujimori. Hubo muchas denuncias de corrupción contra colaboradores de la candidata, pero la que terminó calando con más fuerza en la opinión pública fue la que afectaba a Joaquín Ramírez, secretario general de Fuerza Popular y principal financista del partido, y que revelaba que la DEA, la agencia antidrogas estadounidense, le estaba investigando por sus relaciones con el narcotráfico. El candidato a la vicepresidencia José Chimpler acudió al rescate de Ramírez falsificando un audio que emitió una emisora limeña donde se le exculpaba. Una historia confusa que investiga la Fiscalía y que recuerda los tenebrosos modos de Vladimiro Montesinos, el asesor de los tiempos dorados de Alberto Fujimori. Pero, tal vez, el factor decisivo que movió el ánimo de muchos electores a decidirse por Kuczynski fue el gesto de Veronika Mendoza, líder del izquierdista Frente Amplio que quedó tercera en la primera vuelta, de apoyarle para frenar a Fujimori, a la que considera un peligro para la ética democrática y para la propia democracia. Hizo su proclama en quechua y tuvo gran impacto en las zonas del sur del país.
A la vista de los resultados es evidente que Perú ha quedado dividido en dos mitades, por un lado, los fujimoristas; por el otro, los antifujimoristas. En la Asamblea Nacional Fujimori tiene mayoría y a pesar de que los dos candidatos proclaman la necesidad de una reconciliación nacional, no se lo va a poner fácil a Kuczynski. Veremos.


