Europa, desbordada por el caos migratorio
El debate y la atención informativa se centran en cómo responder a los problemas que plantea la emigración procedente de lugares en guerra.
A nuevos datos, nuevas decisiones. Ante el dramático hecho migratorio y el caos de la desesperación derivado de las legiones de quienes buscan un lugar para respirar en las geografías europeas, la canciller alemana Merkel y el presidente francés Hollande decidieron afrontar el problema y plantear una respuesta unificada desde la Unión Europea a la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial. Ambos mandatarios se habían citado el pasado lunes día 24 en Berlín con el presidente de Ucrania, Pietro Porochenko, para analizar la situación de Ucrania y las aplicaciones de los acuerdos de Minks. Era la primera vez que se reunían desde la firma de los acuerdos y lo hacían por las presiones del presidente ucranio Porochenko que viene denunciando que la Rusia de Putin los incumple al enviar armamento pesado y ligero para reforzar la capacidad bélica de los separatistas. Era un asunto importante y lo trataron, pero pasó a segundo término en la agenda de ambos, ya que el debate y la atención informativa se centraron en cómo responder a los variados problemas que plantea la emigración que llega a los países europeos del sur para subir desde allí a los del norte. El papa Francisco y otros humanistas ya lo han dicho y denunciado. Los emigrantes son seres humanos como nosotros, solo que estas personas no pueden vivir como nosotros porque han tenido la mala suerte de nacer en un lugar de guerra, de fanatismos violentos o de pobreza extrema. Son fugitivos. Huyen. Huyen del infierno al paraíso. Como conocen el infierno, piensan que en Europa está el paraíso. Es cierto que Europa no es el paraíso, pero tampoco es el infierno que les rodea. Huyen de la guerra de Siria, del terror de Libia, de la dictadura sangrienta de Eritrea, de la brutalidad del Estado Islámico, de Afganistán y Pakistán, y también de la miseria de algunos países subsaharianos.
Caravanas de desolación. Las cifras y las imágenes nos dan las dimensiones de esta tragedia interminable. Se trata de una situación excepcional que va a durar, ha dicho Hollande, porque las causas que la provocan se mantienen y aumentan. El especialista en migraciones, Jean Dumont, calcula que superan el millón los que se están poniendo en marcha. Según Acnur, en lo que va de año, desembarcaron irregularmente en Grecia 158.000 personas, entre ellos, muchas mujeres y niños. Es tremendo ver las fotografías y los reportajes televisivos que nos muestran a madres veinteañeras, ajadas por el sol y el dolor, cargando con sus niños que miran con ojos de una tristeza infinita. Son las caravanas de la desolación. A la isla griega de Kos llegan en barcas de juguete ante la sorpresa de los turistas que se entregan al placer de dorarse al sol, también lo hacen en barcazas vacilantes, que no se hundieron de milagro. Bueno, muchas sí se hundieron. Según la Organización Internacional para las migraciones, 30.000 personas han perdido la vida en los últimos años. El Mediterráneo se ha convertido en un gran cementerio. Se calcula que entre 3.000 y 5.000 personas acampan en Calais luchando por una oportunidad para trasladarse a Inglaterra a través del Eurotúnel. Tratan de llegar, a pesar de que allí no les esperan con los brazos abiertos, sino todo lo contrario, el Gobierno de Cameron está dispuesto a aplicar penas de cárcel a quienes les alquile una casa. Los guardacostas italianos, en un solo día de este mes de agosto, consiguieron salvar a más de 4.000 personas de barcos a punto de hundirse. En torno a este drama florece el gran negocio de las mafias, cada día mejor organizadas. Las mafias controlan los diversos recorridos que hacen estos condenados de la tierra. Los recogen en sus países, los conducen a la orilla sur del Mediterráneo para encaminarlos hacia el norte. Están presentes en Italia, Grecia, Malta, Macedonia e incluso en Alemania y Suecia. Son jornaleros bien pagados del dolor ajeno. Las avalanchas migratorias están provocando el rechazo y los ataques de los ultranacionalistas y de los neonazis. En Francia, el Frente Nacional es un bastión del rechazo y en Alemania, en Sajonia, en el pequeño pueblo de Heidenau, los neonazis trataron de impedir que se instalaran en un albergue 250 refugiados. Les atacaron al grito de: “¡fuera los cerdos extranjeros!”.
La respuesta de la UE. Merkel y Hollande quieren impulsar una mayor rapidez y coordinación entre los países de la UE para darle una respuesta coherente y cohesionada a la crisis, ante la falta de acuerdo de los países que conforman la UE. Tratan que la Comisión coordine un sistema unificado del derecho de asilo. Instan a Grecia y a Italia, así como a otros países de entrada, que abran, antes de terminar el año, centros de acogida donde se registren a quienes lleguen para hacer una primera selección y decidir a quiénes se debe acoger como exilados y a los que repatriar a sus países de origen. Los dotarán de personal cualificado. Presionaran a la Comisión para que haga cumplir lo pactado a los países miembros. Jean-Claude Juncker ha prometido seguir las indicaciones, pero sin convocar una nueva reunión sobre el tema.


