Etapa histórica en Argentina
La victoria electoral de Mauricio Macri, el primer presidente de la derecha liberal en cien años dominados por el peronismo y el radicalismo, abre una etapa de cambio profundo en el país plagada de desafíos
No se trata de un relevo ritual de una presidenta por un nuevo presidente cumpliendo la normativa constitucional, lo que acaba de suceder en Argentina es algo más profundo e inédito. Desde hace casi cien años, todos los presidentes que habitaron la Casa Rosada provenían del radicalismo o del peronismo, ahora llega alguien que viene de otro lugar, proviene de la derecha liberal.
Sin embargo, conviene decir que esto que se repite en todos los comentarios no es del todo cierto, porque en la coalición Cambiemos, liderada por el flamante presidente electo Mauricio Macri, está el radicalismo que en una decisión visionaria capitaneada por Ernesto Sanz llevó al decadente partido de Raúl Alfonsín a un acuerdo con Macri y, vistos los resultados, podemos decir que fue una decisión acertada. En el espíritu de Cambiemos estaba que había que ganar al populismo en cualquiera de sus variantes. La victoria de Macri fue más ajustada de lo que pronosticaban los sondeos, menos de tres puntos sobre Daniel Scioli. Sucedió lo contrario de lo que ocurrió en la primera vuelta, cuando las encuestas daban a Scioli una gran ventaja e incluso algunas lo situaban en la Casa Rosada por mayoría absoluta, y finalmente las urnas solo le concedieron dos puntos de ventaja sobre Macri. Cambiemos lo celebró con un entusiasmo contenido, a la vista de unos resultados tan ajustados. La vicepresidenta electa, Gabriela Michetti, quiso neutralizar el mensaje del miedo lanzado por los kirchneristas, diciendo: “Muchos hogares humildes están preocupados, pero les digo que no tienen nada que temer, deben sumarse a la apuesta por el cambio, que tendrá en cuenta sus aspiraciones”.
La derrota supone un duro golpe para Cristina Fernández, el fin del peronismo kirchnerista la pone fuera de juego dentro del peronismo, ya que son muchos los que la señalan como causa del fracaso, debido a que su aparato de poder tuteló de forma implacable a Scioli, imponiéndole como vicepresidente a Carlos Zanini, el más fiel devoto de la presidenta. Zanini era un comisario político, más que candidato a la vicepresidencia. Hay un dicho que afirma que “el peronismo perdona la traición, lo único que no perdona es la derrota”. Cristina Fernández acaba de ser derrotada, el peronismo aparecerá con nuevas caras, porque este movimiento se va reencarnando como un fatalismo histórico en Argentina, y es probable que entre esas caras no esté la veleidosa Cristina.
Coraje político. El nuevo presidente se enfrenta a muchos desafíos y lo hace en un ambiente desfavorable, aunque se considera con fuerza para afrontar este cambio de época. Tiene capacidad de decisión, como lo demostró cuando fue presidente del club de fútbol Boca Junior, un cargo que le dio una enorme popularidad. También tuvo éxito como regente de Buenos Aires y demostró coraje político cuando fundó el partido Propuesta Republicana, conocido como PRO, de corte netamente liberal. En la coalición Cambiemos hay varios componentes ideológicos, aunque el liberal sea la referencia, pero también tiene ramalazos progresistas y socialdemócratas, eso afirman, al menos, varios de sus dirigentes.
Macri ha anunciado que en el área económica de su Gobierno habrá seis ministros, a la hora en que escribo todavía no ha revelado quién será el responsable de Economía, solo ha dicho que lo más urgente es examinar las cuentas del país. Antes de ponerse a gobernar el próximo 10 de diciembre quiere conocer la verdadera situación económica del país, ya que según ha manifestado: “Argentina no tiene un sistema creíble y confiable de datos. Para tomar las decisiones oportunas tenemos que saber el estado real de las cuentas y de los fondos que quedan en el Banco Central”. Existe una sospecha generalizada de que el Gobierno de Cristina Fernández hinchó las cifras positivas. De ser esto cierto caería sobre la presidenta una fuerte carga de desprestigio. Desde 2012, la economía está estancada y en 2014, la devaluación del peso provocó una inflación del 25% y los salarios se quedaron por debajo, perdiendo los trabajadores un notable poder adquisitivo. Si Macri, como ha prometido en campaña, mantiene los logros sociales y educativos del kirchnerismo tendrá que renunciar a algunas recetas de la ortodoxia neoliberal. Ha prometido una presidencia dialogante y no tiene otra alternativa, ya que la oposición domina las dos Cámaras y le costaría mucho sacar adelante muchas de sus leyes si no es a través de negociaciones pacientes e intensas.
En política internacional, el nuevo presidente dará un giro de 180 grados. Cristina Fernández se aliaba con el chavismo de Nicolás Maduro y de los países que profesan el conocido como socialismo del siglo XXI. Macri se aliará con Washington y con Bruselas, tanto en lo económico como en las relaciones internacionales. El enfrentamiento con Venezuela se producirá muy pronto, ya se está viendo: la esposa del preso político Leopoldo López, Lilian Tintori, asistió a la victoria en Buenos Aires como invitada especial de Macri. Va a pedir la suspensión de Venezuela como miembro de Mercosur. El viraje en este campo será muy visible.


