Esperando un difícil milagro

15 / 04 / 2011 0:00 Alfonso S. Palomares
  • Valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • Tu valoración
  • Actualmente 0 de 5 Estrellas.
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¡Gracias!

La primera vuelta de las elecciones peruanas ha dejado un resultado sorprendente: dos populistas, Ollanta Humala y Keiko Fujimori, pelearán por la presidencia.

Estos días se ha repetido la pregunta ¿en qué momento se había jodido Perú?, que aparece en la cuarta línea, nada más empezar, de Conversación en la catedral, una de las más famosas novelas de Mario Vargas Llosa. Hay demasiadas respuestas afirmando que empezó a joderse el pasado domingo, día 10, con los dos nombres que dieron las urnas para enfrentarse en la segunda vuelta de la que saldrá el nuevo presidente. Son Keiko Fujimori, todo un apellido, y Ollanta Humala, síntesis del caudillismo indigenista.

En el paisaje de los titulares de los analistas políticos de distintos países hay una coincidencia: se les califica de populistas radicales. A la una por la extrema derecha con ribetes fascistas y al otro por la extrema izquierda con acento ultranacionalista. El flamante Nobel Vargas Llosa ha dejado un rosario de frases para titular cualquier crónica sobre lo acontecido en el país andino. La más dura de sus lapidarias frases fue: “Es como elegir entre el cáncer terminal y el sida”. No identificó quién representaba el sida y quién el cáncer terminal. Muy cuidadoso, Mario. Otra de sus frases: “Las elecciones de esta segunda vuelta representan el suicidio o el milagro”. Tampoco está claro el significado de milagro en la metáfora del brillante Nobel. Pero como el hecho al que se refiere se produjo en una intachable votación democrática, hay que confiar en el sistema y esperar el difícil milagro. Yo me inclino por esa apuesta, ya que las otras pertenecen al pesimismo fatalista.

Vargas Llosa, para apuntalar la radicalidad de sus frases, dijo más. Afirmó que con Keiko los criminales, los torturadores, Fujimori, Montesinos y otros asesinos pasarían de las cárceles al Gobierno. De Humala afirmó que era Chávez con lenguaje abrasileñado, la catástrofe. El Nobel siguió con la máxima atención la campaña desde Lima, en donde representó como actor la obra Las mil noches y una. La política peruana le sigue envenenando los sueños, aunque ha prometido no saltar de nuevo a la arena electoral. Le bastó la malograda experiencia de 1990 cuando se enfrentó a Alberto Fujimori en la segunda vuelta, cosechando una severa derrota a manos del Chino.

Caos en el centro.

Los resultados de la primera vuelta parecen un disparate, pero responden al lógico planteamiento de las candidaturas del centro y la derecha. Los elegidos corrían por extremos opuestos, con un electorado muy definido y decidido. Por el paisaje político del centro y de la derecha iban tres candidatos muy conocidos, apoyados por conglomerados y alianzas pero sin un partido sólido detrás. El caos era tal que la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), el partido más antiguo y al que pertenece el presidente saliente, Alan García, no pudo presentar candidatura. Por la pista central iban Alejando Toledo, expresidente de la República, con su alianza Perú Posible; Pedro Pablo Kuczinski, exministro de Economía de Toledo, con su Alianza para el Gran Cambio; y Luis Castañeda, exalcalde de Lima, con Solidaridad Nacional. Mantuvieron un discurso análogo, pero atacándose sin piedad. Hubo maniobras y recados para que dos renunciaran a favor de uno. Los defensores de la teoría de la unidad elegían a Toledo como figura aglutinadora.

La campaña para la segunda vuelta va a ser larga, las elecciones se celebrarán el 5 de junio, y promete ser encarnizada. Los votos a ganar están todos en el centro, nada menos que un 50% no tienen ahora dueño. Ollanta Humala sale en primer lugar, necesita un 20% de esos votos.

En esta ocasión apareció en los mítines y en las declaraciones a los medios con un discurso más suave que en las anteriores elecciones, cuando perdió frente a Alan García. Entonces se movía en la órbita del chavismo ortodoxo y en sintonía con Evo Morales; ahora se ha movido en las coordenadas de Lula y su Partido de los Trabajadores. Morales le felicitó por su paso a la segunda vuelta, pero también felicitó a Keiko con un texto muy parecido. Parece ser que la felicitación a Keiko fue una exigencia del entorno de Humala. Le asesoran en la campaña dos de los hombres que encumbraron a Lula, Luis Faure y Valdemar Garreta, que atemperaron el tono caudillista con el lema Paz y amor. Repite que admira al Brasil lulista de Rousseff y al Uruguay de Mujica. Ahora se ha lanzado ofreciendo un diálogo nacional a los perdedores para conseguir una mesa de Gobierno con las fuerzas políticas, sociales y laborales que quieran trabajar en ese proyecto. Ha asegurado que mantendrá el rumbo económico, aunque corrigiendo la distribución del crecimiento, que respetará la propiedad privada, la libertad de prensa y la independencia del banco central. Para limar asperezas con la Iglesia visitó al arzobispo de Lima, el influyente cardenal Cipriani, que le regaló un rosario. No dijo si lo iba a rezar. Repite la oferta de estabilidad a los inversores extranjeros y en cuanto a las relaciones con EEUU afirma: “Hay que darles un nuevo giro, acorde con el siglo XXI. Que sean más transparentes, más frescas, con reciprocidad y entender que los EEUU son unos importantes socios comerciales para Perú. Se requiere una relación en la que los dos países podamos ganar”. Todo un proceso verbal lulista.

Un molesto disfraz.

La gran pregunta es si con este discurso logrará superar el rechazo que hasta ahora provocaba en las clases medias, que le consideran como uno de los disfraces de Chávez, y Chávez no tiene demasiados amigos en estas latitudes. También se ignora si con este discurso conseguirá borrar la imagen de militar golpista y nacionalista que le rodea en el electorado de la clase media.

Frente a él, y por el otro extremo, corre Keiko Fujimori, es joven, muy joven, 35 años. Con una sólida formación en Economía y Ciencias Sociales en la Universidad de Boston y una larga experiencia política para sus pocos años, ya que a los 19 se convirtió en primera dama del Perú cuando sus padres, Alberto y Susana Higuchi, se divorciaron. Keiko ha promovido para esta contienda Fuerza 2011, recuperando a todos los simpatizantes de su padre en apoyo del proyecto.

La sombra del padre.

La pregunta que se hacen en los círculos peruanos es si Fuerza 2011 es obra de Keiko o una pantalla estratégica de su padre, que está en la cárcel con una condena por delitos de lesa humanidad, acusado de crímenes atroces y de corrupción. En el sentimiento colectivo de quienes le defienden está el haber acabado con Sendero Luminoso, que dejó un reguero de 70.000 muertos. Para Keiko, entre los objetivos de su victoria figura el de amnistiar a su padre, aunque ese objetivo lo ha borrado últimamente del discurso, ya que considera que no es necesario, porque ante una hipotética victoria que rebase el 50% los tribunales de justicia le sacarán de oficio de la cárcel, aunque esta sea benévola: vive en una casa con huerto donde cultiva lechugas y recibe a los amigos y políticos. Keiko se esforzará en negociar con las fuerzas de la derecha perdedora una lucha a fondo contra la pobreza, que todas llevaban de una u otra forma en sus programas. También ha prometido neutralizar la violencia y el crimen, para lo que dotaría mejor a las fuerzas que participan en esa lucha y les elevaría el sueldo. Otro de sus objetivos es una cruzada implacable contra la corrupción. Impondrá su imagen dialogante al criminal autoritarismo de su padre, tan rechazado por la derecha y el centro del espectro electoral.

La verdad es que promete ser un cuerpo a cuerpo apasionante disputándose la confianza del centro. La solución a la singular pelea, el 5 de junio. Después, el vencedor tendrá que mantener el crecimiento económico en el 7% o superarlo, y que esa riqueza sirva para sacar de la pobreza a más del tercio de la población que la padece.

Grupo Zeta Nexica