Ellas toman el mando

12 / 01 / 2017 Lucy Kellaway
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Aumentará el número de ejecutivas. Los hombres no podrán protestar, salvo quizá en los servicios de caballeros.

El año 2017 será el más importante para las mujeres que trabajan en empresas desde 1934, cuando Lettie Pate Whitehead ingresó en el consejo de administración de Coca-Cola y se convirtió en la primera mujer alta ejecutiva de una gran compañía estadounidense. Desde entonces las mujeres han realizado avances en los consejos de administración, pero de forma extremadamente lenta. Más de un siglo después de que la joven Lettie, en 1906, empezara a administrar las plantas de Coca-Cola, el número de mujeres en puestos de alta dirección sigue siendo muy bajo.

Es previsible que en 2017 muchas empresas tomen medidas para aumentar el número de mujeres desempeñando cargos con poder. En las últimas dos décadas las empresas han estado enredando con todo tipo de programas de promoción femenina. Hemos podido ver planes de flexibilización laboral, programas de orientación, cursos de autoafirmación y todo tipo de iniciativas y zarandajas. Pero ninguna de ellas ha resultado demasiado útil. En numerosos sectores, y especialmente en el financiero, las mujeres ocupan menos de un 20% de los puestos ejecutivos, más o menos igual que hace dos décadas.

Pero ahora las cosas se endurecerán. Cada vez se recurrirá más al establecimiento de cuotas y objetivos relacionados con el acceso de las mujeres a los puestos de dirección. Lo que ha ido muy despacio por la vía del incentivo se hará ahora por la vía del decreto. Las empresas harán públicos objetivos ambiciosos y declararán públicamente las medidas que están tomando para llevarlos a cabo. Querrán superar a la competencia en ser la empresa con los objetivos más ambiciosos para las mujeres de cara a los próximos tres, cinco o diez años.

Tendrán dos motivaciones fundamentales, más allá de la propia desesperación de no poder no hacerlo. La primera es el éxito que en Europa están teniendo las imposiciones de cuotas en los consejos de administración. Y de forma menos directa, que el hecho de que haya muchas mujeres dirigiendo las mayores economías del mundo podría hacer que, en comparación, el mundo empresarial pareciera ranciamente masculino.

La opinión pública castigará cada vez más fuerte a los que considere que no siguen esta línea. En 2016 Kevin Roberts tuvo que dimitir como presidente de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi por decir que ya no había problemas de sexismo en relación con las mujeres que salían en los anuncios. Su caso demuestra hasta qué punto este tipo de comentarios pueden acabar con carreras y reputaciones en cuestión de segundos.

Todo el mundo dirá creer en el imperativo de colocar a más mujeres en altos puestos, aunque luego no lo hagan. En 2017 lo más cool que podrá hacer un hombre será negarse a tomar asiento en un consejo que no sea paritario.

Para cumplir estos objetivos, las empresas deberán arrastrar a las mujeres a los puestos de decisión en vez de tratar de convencerlas con incentivos sutiles. Esto significará que las mujeres que no se postulen para el ascenso, ya sea por falta de confianza o por falta de ganas de tener un puesto de mayor responsabilidad, tendrán menos margen para defender su decisión.

Con más mujeres al mando el estilo de gestión de las grandes compañías empezará a cambiar. En las últimas dos décadas se han hecho múltiples llamamientos para acabar con las técnicas de gestión del macho alfa, que sin embargo siguen vigentes. La incorporación de algunas mujeres a los consejos no cambiará las cosas, pues se trata de ejecutivas que han tenido que sobrevivir en condiciones muy adversas.

El nuevo estilo

La próxima generación de ejecutivas (empujadas a serlo) podría empezar a implantar un nuevo estilo de gestión. Podría empezar a consolidarse un tipo de liderazgo más consensuado basado en la inteligencia emocional. En un mundo algo menos ostentoso, fanfarronear y pavonearse dejará de estar de moda. La nueva situación restará importancia a la edad. Para encontrar suficientes mujeres para los puestos directivos será necesario que muchas retomen su vida laboral, y también recuperar a las que bajaron el ritmo para cuidar a sus hijos. Esta generación de mujeres de más de 50 años ya no tendrá que quedarse en casa cocinando, y competirá con los hombres de igual a igual por primera vez desde la universidad.

Pero ningún cambio sale gratis. Muchos hombres mediocres se verán afectados, pero no se les permitirá protestar salvo, quizá, en los baños de caballeros. Aunque este fortín también les podría ser arrebatado si se ponen en marcha planes para implantar servicios unisex para no ofender a los empleados transgénero. Ya existen en algunas universidades, y en 2017 podrían introducirse en las empresas. Y, con su llegada, la última barrera física que separa los géneros podría desaparecer. Sería bueno para la igualdad, pero de nuevo tendría un coste: el cotilleo ya no sería lo mismo.

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