Terremoto Trump

12 / 01 / 2017 David Rennie
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Las réplicas por su elección como presidente retumbarán en Estados Unidos y en todo el mundo.

Cuán permanentes serán los daños causados por los temblores políticos que no dejaron de sentirse en todo 2016? En 2017 Estados Unidos tendrá que llevar a cabo un informe de daños tras el shock sísmico que supuso la victoria de Donald Trump. Incluso si el próximo presidente incumple o suaviza algunas de sus promesas más radicales, la elección de un magnate opaco y demagógico con intereses comerciales en todo el mundo pondrá a prueba todos los contrapesos de poder de la democracia estadounidense.

En este comienzo de la era Trump sus defensores en el Partido Republicano piden calma. Incluso durante la campaña informaron de que sería un presidente de corte empresarial que delegaría las tareas cotidianas de gobierno a sus subordinados, empezando por su vicepresidente, Mike Pence, un republicano a la vieja usanza. 

Para sus incondicionales, Trump es un empresario a la Reagan cuya capacidad retórica ayudará a los republicanos a navegar en tiempos de populismo. Olvídese de sus bandazos políticos, con los republicanos controlando el Congreso y la mayoría de los Estados existe una oportunidad de oro para que el país dé un giro a la derecha. Si están en lo cierto, los primeros 100 días de la presidencia serán un vendaval de acción política conservadora, empezando con la firma de órdenes ejecutivas que socaven los cimientos de la herencia de Obama.

Los conservadores quieren que Trump saque a Estados Unidos del acuerdo del clima de París, anule las leyes federales que limitan el uso del carbón, apruebe la construcción de nuevos oleoductos y gaseoductos y permita la explotación energética de los terrenos federales.

Después de tantos discursos sobre la construcción de muros, Donald Trump difícilmente podrá evitar dar algunos pasos claros para fortificar la frontera. Y si en el Congreso alguien se opone a pagar el coste, le recordarán lo caro que resulta electoralmente mostrarse débil en temas de seguridad fronteriza. A pesar de que una reforma migratoria amplia necesitará la aprobación del Congreso, el Ejecutivo tendrá margen suficiente para prohibir la entrada al país a las personas que considere una amenaza terrorista. Lo más probable es que Trump ordene más deportaciones de extranjeros, incluso por delitos menores.

Los republicanos del Congreso presionarán a Trump para que baje los impuestos a las empresas y ofrezca una amnistía de reducciones fiscales a aquellas que reinviertan en Estados Unidos las ganancias obtenidas en el extranjero. Las grandes figuras del partido tratarán de minimizar las promesas de Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés). Le sugerirán que se centre en combatir las “trampas” realizadas por socios comerciales como México o China, pero sin entrar en una guerra comercial a gran escala.

Pero puede que los partidarios de Trump se equivoquen y su héroe no sea tan dócil como ellos creen. Durante la campaña, Trump dejó clara su rendida admiración por Putin, al que alabó por ejercer “un gran control sobre su país”. Esta admiración y sus ideas de “América primero” van en contra de una política exterior guiada por ideales universales. Sus asesores califican a Trump de ultrarrealista: un hombre que cree que el mundo es un lugar peligroso y desagradable y que rechaza la idea de que EEUU tenga la misión sagrada de garantizar su seguridad. Trump podría buscar en Rusia su gran chollo geopolítico. Quizá le levante las sanciones impuestas por invadir Ucrania a cambio de una mayor colaboración contra el terrorismo islámico.

Las decisiones de Trump

Trump podrá realizar cerca de 4.000 nombramientos. Podrá dar a sus amigotes puestos de gran poder en el FBI y en agencias de espionaje, o bien nombrarles jueces federales. También elegirá como mínimo a un miembro del Tribunal Supremo. En febrero de 2016 fanfarroneó con que, si era elegido, revisaría las leyes de difamación para hacer más fácil denunciar a los medios. En realidad las leyes de difamación no dependen de él, pero un presidente tiene un amplio margen para hacerle la vida imposible a sus enemigos.

Los medios tienen otros motivos para temer la presidencia de Trump. Incluso aquellos que se esfuerzan por mantenerse lejos de la lucha política, como las agencias de noticias, se sentirán obligados a informar de todo nombramiento vergonzante e investigar todo conflicto de intereses relacionado con los enmarañados negocios de Trump. Si el nuevo presidente se muestra tan vengativo y falto de principios como presidente como lo fue como empresario, los miembros del Congreso también tendrán que elegir entre su lealtad al partido y su obligación de controlar al poder ejecutivo. Si se dan muchas dimisiones de cargos gubernamentales, significará que los contrapesos del poder funcionan. Alguien que en la vida real era un matón ha sido elegido al frente del cargo más amenazante del mundo. Habrá réplicas.

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