¿Hacer la recesión grande otra vez?
Potencial y peligros de las Trumponomics.
Donald Trump se pasó la campaña defendiendo políticas que harían que la mayoría de los economistas se echara a temblar: barreras comerciales, rebajas fiscales sin alternativa de ingresos y deportaciones masivas. Estas ideas, si se llevan a la práctica, conducirían casi seguro a la recesión. Una proyección de la agencia de rating Moody’s prevé que al final del primer mandato de Trump habrá menos trabajadores, un menor crecimiento de la productividad y más deuda pública que ahora.
Pero nadie sabe hasta qué punto se llevará a la práctica esta agenda. El presidente electo no es muy dado a los detalles. Durante la campaña presentó sus planes fiscales tres veces, y siguen sin estar claros. Además, estos planes tendrán que ser aprobados por el Congreso. Las políticas fiscales que quieren los republicanos de la Cámara de Representantes son el doble de austeras de las que pretende Trump. Cualquier bajada de impuestos tendría que tener fecha de caducidad, y en caso contrario los demócratas podrían bloquearla en el Senado.
En lo que se refiere al comercio, la regulación y la inmigración, el presidente electo tendrá un poder mayor. Lo del comercio es particularmente preocupante. Trump podría sacar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte sin consultar al Congreso. Y si utiliza las maniobras legales correctas, probablemente podrá imponer los aranceles que ha anunciado: de un 45% a los bienes de China y de un 35% a los de México. Aunque Trump afirmó que se trata de simples amenazas con las que solo quiere lograr mejores acuerdos comerciales.
Todo ello podría espantar a los inversores, lo que dañaría el crecimiento, fuera lo que fuera lo que acabara haciendo Trump. Una política monetaria flexible podría aliviar la situación, como hizo el Reino Unido tras el brexit. La Reserva Federal (Fed) podría aplazar el aumento de tipos previsto para 2017, o incluso bajarlos. Pero preocupa que la inflación pueda descender, y es que aunque el paro es bajo, el crecimiento salarial apenas ha repuntado. Muchos trabajadores que salieron del mercado laboral aún tienen que volver a él (ver gráfico sobre estas líneas).
Por otro lado, si Trump se apresura a bajar los impuestos y, como ha prometido, aumenta el gasto en infraestructuras, será necesario subir los tipos para mantener la inflación bajo control. Eso sería bueno para Trump, que durante la campaña dijo que unos tipos tan bajos estaban creando una burbuja económica. Incluso acusó a la presidenta de la Fed, Janet Yellen, de mantener los tipos bajos por razones políticas. La desventaja de unos tipos altos, combinados con una política monetaria flexible, sería un dólar fuerte, lo que perjudicaría las manufacturas estadounidenses. Por otro lado, un alto nivel de consumo haría que el déficit comercial aumentase. Ambas tendencias ejercerán presión para que Trump sea coherente con su retórica proteccionista.
Pero si lo hace, que nadie espere grandes ventajas. Aunque se podrían recuperar algunos empleos industriales para sustituir las importaciones chinas, Estados Unidos no está diseñado para vender mercancía barata al resto del mundo. Al cabo de un tiempo, los ingresos reales descenderían por la pérdida de productividad. La verdad incómoda es que el futuro de la economía estadounidense depende de la capacidad de Trump de reconocer los fallos de su planteamiento.



