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El curioso y transparente negocio de influir en la política de EEUU

03 / 06 / 2015 Beatriz Juez (DPA)
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Se calcula que en Washington hay 90.000 lobbistas. La multinacional Google ocupa el quinto puesto en la lista de los que más gastan para defender sus intereses.

Nueva York tiene Wall Street, símbolo del poder financiero. Y Washington tiene K Street, símbolo del poder de los lobbies o grupos de presión. La industria del cabildeo se gasta cada año miles de millones de dólares en influir en la agenda política de la capital estadounidense al son del interés de quienes pagan.

Seis manzanas separan el hotel Willard, donde el presidente Ulysses Grant (1822-1885) popularizó el termino lobbista, de K Street, la calle K, donde se concentran la mayor parte de los grupos de presión.

El término lobby –grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses, según la RAE– nació en el siglo XIX en Inglaterra para designar los pasillos de la Cámara de los Comunes, donde los grupos de interés solían ir para discutir con los miembros del Parlamento británico y tratar de influir en las políticas que estaban debatiendo. Su uso se extendió en EEUU durante la presidencia de Grant, hasta el punto de que muchos consideran que el término lobby para referirse a los grupos de cabildeo se acuñó en el lobby (vestíbulo) del elegante hotel Willard, en la avenida Pensilvania.

Después de una larga jornada de trabajo en el Despacho Oval, Grant solía ir caminando al hotel Willard, cerca de la Casa Blanca, para tomar una copa de brandy y fumar un puro. Muchas personas acudían al lobby del hotel para tratar de influir en el presidente. De ahí que él les llamara lobbistas, según se explica en la galería histórica del Willard.

12.000 lobbistas. Según la legislación estadounidense, los lobbistas están obligados a inscribirse en un registro federal. En 2014, los grupos de presión emplearon a 11.800 cabilderos en Washington y se gastaron 3.240 millones de dólares (2.973 millones de euros), una cifra inferior a la registrada en 2010, cuando esta industria se gastó una cifra récord de 3.520 millones de dólares (3.230 millones de euros), según la web opensecrets.org de la ONG Center for Responsive Politics, que vigila, entre otras cosas, la actividad de los lobbies. James Thurber, director del Centro para Estudios del Congreso y Presidenciales de la American University en Washington, considera que la industria del cabildeo es mayor de lo que refleja el registro federal y calcula que puede emplear a unas 90.000 personas en la capital estadounidense y sus alrededores.

Fabricantes de armas, farmacéuticas, aseguradoras, bancos y constructoras tratan de marcar la agenda política de Washington a través de los diferentes lobbies y a golpe de talonario. En lo que va de 2015, la Cámara de Comercio de Estados Unidos es la que más se ha gastado en actividades de lobby, 19,6 millones de dólares (17, 9 millones de euros), seguida de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios, con 7,7 millones de dólares (7 millones de euros); la Asociación Médica de Estados Unidos, 6,9 millones de dólares (6,3 millones de euros); y la empresa sanitaria Blue Cross/Blue Schield, con 5,7 millones de dólares (5,2 millones de euros). Google, con 5,4 millones de dólares (4,9 millones de euros) gastados en lo que va de 2015, ocupa el quinto puesto, por delante de gigantes como General Electric, AT&T, Boeing, Lockheed Martin o Verizon Communications, según el Center for Responsive Politics. 

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