El Chapo Guzmán convulsiona México
La fuga del narcotraficante de una cárcel de alta seguridad genera graves sospechas entre los mexicanos.
El narcotraficante más famoso del planeta, Joaquín Guzmán Loera, el Chapo Guzmán, se ha fugado de la cárcel de alta seguridad El Altiplano provocando un devastador seísmo sobre el Gobierno de Enrique Peña Nieto. Con esta fuga, el narco ha engrandecido su leyenda. Ahora ha pasado a ser el delincuente más buscado de la Tierra. Y uno de los más peligrosos. Las circunstancias en que se produjo la fuga resultan asombrosas y para que pudiera huir fue necesaria una gran organización y muchos medios de todo tipo, empezando por los técnicos, y, por supuesto, dinero, mucho dinero.
Desde el exterior construyeron un túnel de kilómetro y medio desde una casa en construcción hasta la ducha de la celda número 20, en la que estaba recluido. Fue precisa la colaboración de ingenieros altamente cualificados así como una maquinaria de lo más sofisticada. La casa se construía en negro, es decir, sin las licencias necesarias, y las obras comenzaron hace once meses. Desde los medios de comunicación, los periodistas, los analistas y los políticos mexicanos, especialmente los de la oposición, se hacen muchas preguntas que solo obtienen respuestas titubeantes. ¿Cómo una casa se construye al margen de las ordenanzas en las cercanías de una prisión de alta seguridad? Y a esta pregunta matriz le siguen otras muchas, ya que se empleó en los trabajos importante maquinaria y un notable número de obreros. ¿Cómo pudieron hacer desaparecer tantos miles de metros cúbicos de tierra sin levantar sospechas?
La opinión pública mayoritaria sostiene que una operación de esta envergadura solo se pudo llevar a cabo con la complicidad de altas instancias del poder, especialmente en los sectores de la seguridad. Desde las dos grandes formaciones de la oposición, el Partido de Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), se acusa al Gobierno de incapacidad y de exponer a México al ridículo internacional. El secretario de Gobernación ha declarado recientemente que al Chapo se le tenía bien vigilado y seguro. El discurso del Gobierno de que estaban ganando la batalla al narcotráfico se ha roto y la fragilidad de las estructuras de seguridad ha quedado al descubierto. Cuando parecía que se iba superando el asesinato de los 46 estudiantes de Iguala a manos de los narcos del Estado de Guerrero, viene este mazazo que perfora el eje de flotación de las políticas del Gobierno de Peña Nieto.
15.000 sicarios. ¿Quién es y qué significa el Chapo Guzmán para que su fuga provoque tal terremoto político y social? Es el jefe del cártel de Sinaloa, también conocido como Alianza de Sangre. Fue detenido en Guatemala en 1993 y extraditado a México, donde se le encerró en una cárcel de alta seguridad, que demostró no ser tan segura porque en 2001 se fugó en una camioneta de la lavandería. Desde la clandestinidad fortaleció su grupo, llegando a tener unos 15.000 sicarios, convirtiéndose en el dueño y señor de la droga, principalmente la que iba hacia Estados Unidos. Abrió nuevos mercados en Europa y Asia y su volumen de negocio llevó a la revista Forbes a incluirle en la lista de los hombres más ricos del mundo. Su liderazgo sobre el cártel de Sinaloa se convirtió en leyenda carismática. Demostró una gran capacidad de organización, su crueldad no tenía límites y no permitía fallos a sus sicarios. Era legendaria su frialdad.
Una verdadera guerra civil. Fue el protagonista de las guerras entre narcos y eliminó de la competencia a los cárteles del Golfo, al de Tijuana y Juárez. Desde 2006 hasta hoy las guerras del narcotráfico han causado 100 muertos. Una verdadera guerra civil. El cártel de Sinaloa es el que suma mayor número de cadáveres. No solo mataba, también se movía bien en el papel de Robin Hood: construyó hospitales y escuelas en lugares inhóspitos donde no llegaba el Gobierno e incluso regalaba jeeps a los policías. Una verdadera red de poder. Llegó a entrar en restaurantes y, tras la sorpresa y el terror de los clientes, los sorprendía invitándoles a la cena.
Cuando le detuvieron de nuevo hace dos años, el Gobierno de Peña Nieto llevaba poco más de un año en el poder y lo celebró como el gran éxito de la lucha contra el crimen organizado. Habían detenido, según sus palabras, al delincuente más peligroso, por cuya localización se ofrecían 7 millones de dólares (6,3 millones de euros). Si la captura fue un gran triunfo, la fuga es una gran derrota.
Cuando se produjo la huida, Peña Nieto estaba a punto de aterrizar en el aeropuerto de Gander, Canadá, la escala en el vuelo que le llevaba a Francia. Le dieron la noticia en Gander y todo cambió. No suspendió el viaje, pero hizo regresar al secretario de Gobernación para controlar la situación. El viaje a Francia se consideraba muy importante para el relanzamiento de México y de Peña Nieto en la escena internacional. El Chapo lo estropeó todo. Los medios mexicanos solo se ocupaban del Chapo. Si no lo capturan pronto, y es probable que no, la imagen de la presidencia de Peña Nieto quedará severamente deteriorada. Un duro golpe.


