El alemán del que pende el destino de la UE
Adicto a la austeridad, Wolfgang Schäuble es un protestante, riguroso y legalista hasta el extremo.
La Unión Europea lleva varias semanas enfrascada en la resolución de la crisis griega, que ahora parece encauzada tras el acuerdo del domingo pasado en el Consejo Europeo. Uno de los protagonistas indudables de todas las negociaciones ha sido el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, pero también ha habido otra estrella, sobre todo a la hora de liderar el veto europeo a todas las propuestas llegadas desde Atenas.
Se trata de Wolfgang Schäuble, el todopoderoso ministro de Finanzas alemán y hombre de confianza de Angela Merkel. Él ha sido el hombre que ha liderado el bando de la austeridad durante todos los años de la crisis, como mejor forma de rescatar a países en apuros como España, Portugal, Irlanda o Grecia.
Curiosamente, él siempre se ha comparado con Sísifo. El personaje de la mitología griega estaba condenado a empujar hasta la cima de una montaña una roca que día tras día volvía a caer. Es la frustrante sensación que deja a muchos europeos –y al propio Schäuble– la interminable cadena de cumbres sin solución para Grecia.
Obsesión por la austeridad. Hay mucho de esfuerzo repetido y de persistencia ciega en la biografía de este cristianodemócrata de 72 años, comenzando por la ya proverbial obsesión por la austeridad con la que se convirtió en un ogro para parte de Europa y en el político más popular para los alemanes.
“Estamos decididos a no proyectar cuentas en las que todo el mundo sabe que no se puede creer”, dijo el sábado en Bruselas al entrar en la cumbre de sus pares de la Eurozona. Llevaba ya bajo el brazo una propuesta inédita: excluir a Grecia del euro por cinco años.
El futuro de la Eurozona podrá ser aún incierto, pero nadie discute el lugar de Schäuble entre las figuras más respetadas y decisivas de las últimas décadas en la política alemana.
Este abogado nacido el 18 de septiembre en 1942 en Friburgo e hijo de un político de la CDU ingresó en el Parlamento por primera vez en 1972 y desde entonces ha renovado su mandato década tras década. Un perturbado mental le disparó durante un mitin en 1990. Schäuble, entonces ministro del Interior, sobrevivió postrado en una silla de ruedas. “En lugar de hundirlo, la experiencia lo hizo más fuerte”, ha contado su mujer y madre de sus cuatro hijos, Ingeborg.
Protestante y riguroso. Ocupó varios cargos clave en los Gobiernos de Helmut Kohl (1982-1998), su mentor y de algún modo su contrafigura: el canciller católico, contundente, flexible y vital contrastaba con un Schäuble protestante, brillante, riguroso y legalista. La sociedad se rompió tras el escándalo de financiación ilegal de la CDU que forzó a Schäuble a dejar la presidencia del partido –y los sueños de alcanzar la cancillería– en el 2000. “Nuestra relación terminó allí”, zanjó años más tarde, describiéndola como de alianza, más que de amistad. También en el primer Gobierno de Angela Merkel (2005-2009) fue ministro del Interior. Pero fue su salto a la cartera de Finanzas en 2009 lo que lo convirtió en uno de los políticos más influyentes de Europa por el pa-
pel decisivo de la primera economía europea en la crisis.
“No soy cómodo, no soy fácil. Soy leal”, se ha definido alguna vez. Merkel ha sufrido en carne propia ese carácter. La escalada de la crisis los distanció, al menos políticamente, debido a la política “paso a paso” con que la canciller impacientó al ministro.
Artífice en 2015 del primer presupuesto alemán con endeudamiento cero en casi medio siglo, Schäuble creía encaminada la crisis en Grecia hasta que el Gobierno de izquierdas de Alexis Tsipras llegó al poder en Atenas y, con él, su nuevo homólogo: Yanis Varoufakis. “Estamos de acuerdo en que no estamos de acuerdo”, dijo elusivo Schäuble después de un primer encuentro en Berlín. Pero el contraste con el griego de las chaquetas de cuero y la moto no podía ser mayor. Muy pronto ambos dejaron de lado los eufemismos. Mientras Schäuble aireaba su desconfianza en cualquier promesa que proviniera de Atenas, el ya dimitido Yanis Varoufakis lo acusaba esta semana de forzar la salida de Grecia del euro para “imponer su modelo de una Eurozona en donde impera una severa disciplina”.
El legado europeo de Wolfgang Schäuble sigue abierto. Pero todo indica que se definirá junto a la crisis griega en los próximos días. La política no es mitología: alguna vez la roca de Sísifo se sostendrá definitivamente en la cima de la montaña europea. O caerá para siempre, lamentablemente.


