Demasiados interrogantes
Tras la sorpresa y el temor que provocó el triunfo electoral de Trump, el mundo espera expectante la presidencia del republicano.
La victoria de Trump ha producido un seísmo desconcertante en todo el mundo y una inesperada sorpresa en Estados Unidos, incluso entre sus votantes. Ahora, al cabo de unos días, seguimos sin saber cómo será realmente su mandato. A lo largo de la destemplada campaña electoral insultó y descalificó de modo estridente a los musulmanes, a los homosexuales, a las personas de color, a los minusválidos, a los latinos, a las mujeres, se cebó con los mexicanos, con los transexuales... y sin embargo muchos latinos y muchísimas mujeres blancas le han votado. Un misterio. Dijo que levantaría un muro a lo largo de la frontera con México y para más inri afirmó que lo pagarían los mexicanos. A la señora Clinton la llamó “asquerosa” y prometió que si ganaba la encarcelaría. Sin embargo, en la noche electoral, cambió de registro y afirmó que quería ser el presidente de todos los estadounidenses.
La reacción ciudadana
Los efectos de la estridente campaña los estamos viendo en los comportamientos ciudadanos. Por un lado, en las grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles, Washington o Filadelfia, miles de personas salen a la calle para manifestarse contra Trump. Le recuerdan que no es el verdadero presidente ya que perdió por más de 500.000 votos populares. Debe quedar claro que el hecho de ganar por más votos populares no tiene ningún efecto, la votación se gana en los Estados y por compromisarios. La victoria de Trump es incontestable. La ley es la ley. Las manifestaciones en algunas ciudades han mostrado la siniestra cara de la violencia. Por otro lado, los ganadores, el mundo de Trump, han venido acosando de manera creciente a latinos y a gentes de color. El Southern Poverty Law Center, una ONG de referencia en materia de defensa de los derechos civiles, ha recibido centenares de denuncias por agresiones racistas.
Donde dije digo…
En declaraciones realizadas a lo largo de los últimos días ha bajado mucho el tono de Trump. En la campaña dijo con claridad que expulsaría a 11 millones de inmigrantes sin papeles, ahora afirma que expulsará a los dos o tres millones que estén acusados de delitos.
Debo incluir un paréntesis para precisar que Barack Obama expulsó a 2.400 sin papeles en sus ocho años de mandato. Veremos lo que hace Trump y cómo lo hace. En relación con el muro mexicano sostenía en los mítines que sería sólido y con una altura de tres metros, ahora dice que lo construirá, pero en algunas partes se tratará de simples vallas. A la señora Clinton no la perseguirá judicialmente, no quiere molestarla porque, ha dicho, los Clinton son “buena gente”. Como se ve, trata de echar agua al vino. ¿Hasta qué punto? Veremos. En cuanto a los matrimonios homosexuales, no cambiará nada, seguirán celebrándose sin problemas. Cosa distinta ocurrirá con los abortos. Muy pronto nombrará a un juez conservador y antiabortista para el Tribunal Supremo, pero en relación con este asunto prevalecerán las normas estatales sobre las federales y no se opondrá a que se sigan practicando abortos allí donde las leyes lo permitan. Incluso ha dicho que las mujeres que quieran pueden ir a abortar a otros Estados.
El pasado domingo nombró a dos colaboradores de la línea dura, aunque en un grado diferente: Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano, será el jefe de gabinete de Trump en la Casa Blanca, con un enorme poder, hay quien dice que es un puesto equivalente al de primer ministro. Priebus es la viva imagen del establishment. Tiene sólidas relaciones en el Partido Republicano, se le considera amigo de Paul Ryan, jefe de la mayoría de la Cámara de Representantes que se había negado a acompañar a Trump en algunos mítines. Un hombre ideal para limar asperezas entre Trump y el partido. En cuanto a Stephen Bannon, nombrado consejero senior y consejero de estrategia, es un activista ideológico. Un verdadero halcón. Fue director de la campaña y es tan desmesurado como Trump. Tiene un discurso antiélites, antisemita y por la supremacía blanca. Este nombramiento representa al extremismo radical.
Se dice que el presidente de Estados Unidos es casi omnipotente en política exterior, donde no tiene contrapesos, en la interior tiene muchos condicionantes, por eso hay una gran curiosidad por ver el enfoque que le da a la presencia de EEUU en la OTAN, a las relaciones con Europa, su papel en Oriente Medio y cómo se articulan su “imaginaria” amistad con Putin y las desavenencias con el chino Xi Jimpin.
Incertidumbre
En economía cultivará políticas proteccionistas. En los mítines dijo que el principal objetivo era volcarse en Estados Unidos y replegarse en el exterior. Veremos en qué se traduce. Algunos analistas creen que será una oportunidad para que Europa se fortalezca tanto en defensa como en economía. Durante la campaña acusó a los chinos de expansionismo, sin embargo hace unos días mantuvo una conversación con Xi Jimpin en la que ambos acordaron que el futuro está en la colaboración. Tendremos una idea de cómo será su política exterior cuando conozcamos a sus secretarios de Estado y de Defensa. Por ahora, incertidumbre.


