Cuando viajar se convierte en peligroso
El Estado Islámico ha puesto en jaque al mundo entero. Ninguna ciudad está a salvo de un ataque yihadista.
Se evidencia el problema del terrorismo internacional cuando, en cuestión de días, una persona vive de cerca dos atentados en lugares distintos del mundo. Ana regresaba de Madagascar cuando le sorprendió el ataque terrorista en el aeropuerto internacional Ataturk de Turquía, mientras esperaba su vuelo de regreso a Madrid. Estambul se tiñó de sangre el pasado 28 de junio, cuando tres miembros del autoproclamado Estado Islámico (EI) sortearon los controles de seguridad de uno de los aeropuertos más transitados del mundo y con mayores medidas de seguridad. Los tres suicidas murieron habiéndose cobrado la vida de otras 41 personas y dejando más de dos centenares de heridos. Dos días antes, Ana apuraba sus últimos momentos de visita en Antananarivo, la capital de Madagascar. Mientras la ciudad celebraba el 56 aniversario de la independencia del país, un hombre –no vinculado al EI– lanzó una granada en el estadio donde se llevaban a cabo las celebraciones. Dos personas murieron al momento, un bebé de 16 meses lo hizo al día siguiente. Días después, Bagdad superaba todos los récords de la trágica historia de Irak, con 250 víctimas mortales en distintos ataques del EI.
El mismo horror
Como un mal sueño que se repite con el comienzo de las vacaciones, y con una fecha casi similar al ataque en Estambul, la mañana del 26 de junio del año pasado fue trágica para Túnez. Un terrorista suicida abrió fuego en la playa de un hotel de lujo en Port El Kantaoui, a diez kilómetros de Susa, uno de los destinos más visitados. El miliciano, tunecino y vinculado al EI, entró en la zona privada del hotel Riu Imperial Marhaba, donde descansaban turistas occidentales y, antes de ser abatido por las fuerzas de seguridad, mató con su Kalashnikov a 38 personas, casi todas de origen británico. El mismo horror sufrieron en marzo los visitantes de la también turística playa de Gran Bassam, en Costa de Marfil, cuando seis hombres armados con AK47 y granadas de mano asesinaron a doce personas, en nombre de Al Murabitún (Los Centinelas), el aliado a Al Qaeda en el Magreb. Por su parte, París sufrió su peor masacre terrorista con 130 víctimas en el mes de noviembre. Bruselas vivió una pesadilla parecida el 22 de marzo, con los ataques en su aeropuerto y en la estación de metro Maalbeek, que causaron 35 muertos y 267 heridos. Resulta evidente la estrategia desestabilizadora y el efecto sorpresa del actual terrorismo: cualquier destino y cualquier nacionalidad pueden ser objeto de ataque, un desafío al que se enfrenta el sector del turismo, y contra el que tiene que luchar para no desplomarse.
Puntos estratégicos
Los aeropuertos y otros lugares de tránsito son sin duda los puntos más estratégicos y jugosos para un ataque terrorista, tanto por la espectacularidad que suscita el atentado, como por el público al que se dirige: cualquiera. Ya no es solo vulnerable el destino, sino el hecho de viajar en sí mismo. Túnez, y ahora Turquía, corren el riesgo de unirse a la lista roja del turismo (que lideran Yemen, Somalia, Líbano, Sudán, Siria o Afganistán) después de la bajada en las reservas turísticas tras sus correspondientes atentados. Si bien Egipto siempre se ha considerado como uno de los destinos más peligrosos del mundo, la cada vez menor tasa de visitantes extranjeros corrobora ese miedo a viajar al país, y lo mismo sucede con la mayor parte de países de Oriente Medio y algunos de África, donde hay presencia radical cercana, como Kenia o Costa de Marfil. Algo que sin duda beneficia al sector turístico del Caribe y Asia.
Si bien hasta ahora los países donde hay mayor influencia de grupos salafistas son los más vulnerables, Europa se ha convertido inevitablemente en un polvorín. El Departamento de Estado de Estados Unidos, consciente de ese peligro, ha emitido recientemente una alerta sobre el riesgo de viajar al Viejo Continente: “El gran número de turistas que visitan Europa en los meses de verano será uno de los principales objetivos de los terroristas que planean atentados en lugares públicos, especialmente en los grandes eventos”, dice el comunicado, haciendo referencia a la celebración de la Eurocopa en Francia. En el caso de España, en alerta “nivel 4 reforzado” desde hace casi un año, el número de efectivos del plan especial de seguridad de verano se mantendrá como el año pasado (unos 30.000). No se ampliarán los niveles de alerta terrorista, sencillamente porque ya están implantados. El turismo se ha convertido en una odisea para quienes quieren conocer el mundo. Sin embargo, con todas las medidas de seguridad posibles, el sufrir un ataque terrorista sigue siendo una macabra lotería tanto durante las vacaciones estivales como el resto del año.



