Cuando El Niño asoló África
Las sequías causadas por el fenómeno meteorológico amenazan a más de 14 millones de personas.
Cuando el papa Francisco visitó Nairobi, la capital de Kenia, a finales de noviembre del año pasado, una lluvia casi constante le acompañó durante tres jornadas. Obra de Dios o no, las precipitaciones fueron recibidas como un milagro por los ciudadanos locales. “Que en África llueva, siempre es algo bueno”, decían. Sin embargo, esa lluvia que acompañó a Nairobi durante su visita oficial, las semanas previas y los dos meses posteriores tampoco eran habituales. Kenia finalizó el año con más de 100 muertos y 70.000 desplazados a causa de las inundaciones en el sur, mientras que en la región de Turkana, al norte del país, las temperaturas se disparaban. Como Kenia, otras zonas de África han sufrido una época de lluvias abundantes especialmente prolongada, mientras otros países han registrado los niveles de pluviosidad más bajos conocidos en años.
Un enemigo más. La amalgama entre el cambio climático y el fenómeno El Niño ha propiciado los mayores impactos en el continente desde 1998, según la Organización Mundial de la Meteorología (OMM). Se estima que entonces más de 20.000 personas perdieron la vida y se ocasionaron destrozos por valor de 34.000 millones de dólares (30.647 millones de euros) a nivel mundial. Naciones Unidas hacía saltar las alarmas frente a la que se avecinaría en África ante el paso de este Godzila climático a finales de noviembre de 2015. Las endémicas crisis alimentarias a las que acostumbra el continente recibieron un enemigo más en el terreno. En total, más de 14 millones de personas están amenazadas en todo el continente según el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Zambia, Malaui, Madagascar y Zimbabue son los casos más preocupantes al ser algunos de los países que contienen cifras de malnutrición crónica más elevadas, aunque el último sea al mismo tiempo uno de los más ricos. La directora ejecutiva del PMA, Ertharin Cousin, ha mostrado recientemente la preocupación de la agencia en Zambia: “Es uno de los graneros de la región y lo que está pasando allí es motivo de gran preocupación no solo para Zambia sino para todos los países de la zona”. La imposibilidad de cultivar productos básicos como el maíz supone que el precio del producto suba a causa de su escasez. Hasta un 73% más se ha incrementado en Malaui en comparación con años anteriores. En Zimbabue, donde una de cada cinco personas está en riesgo severo de hambruna, se ha declarado el estado de desastre alimentario y tendrá que importar más de 700 toneladas de alimentos. Otro problema es que la mayor parte de su importación provenía de Zambia. Las tasas de paro en África obligan a la población rural a mantener una agricultura de subsistencia. Sin embargo, al tener menos tierra para cultivar, los pequeños agricultores no podrán vender el excedente de producción e incluso puede que ni lleguen a tener suficiente comida con la que alimentar a sus familias o al famélico ganado, y dejarán de cubrir otras necesidades básicas y hasta de abonar las matrículas escolares de sus hijos.
Alerta en los países en conflicto. A principios de febrero, tres agencias de Naciones Unidas –Unicef, el PMA y la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO)– hacían un llamamiento conjunto alertando de la situación en Sudán del Sur. El Estado más joven del mundo vive una situación “sin precedentes” en la que 2,8 millones de personas –el 25% del país– necesitan de manera urgente asistencia alimentaria y 400.000 están “al borde de la catástrofe”. Más aún teniendo en cuenta que ahora es la época de cosecha, cuando más alimento debería haber. Poco antes se conocía la noticia de que más de 58.000 niños corren el riesgo de morir de hambre a causa de las sequías y la guerra en Somalia si no se envía ayuda con urgencia. “Cerca de 305.000 niños menores de cinco años tienen desnutrición”, advirtió el jefe de ayuda de Naciones Unidas en Somalia, Peter de Clerq, sin dejar de recordar que casi un millón de personas “lucha a diario para satisfacer sus necesidades alimentarias”. En 2011 la guerra y la sequía mataron de hambre a más de 250.000 personas. Ambos países, Estados fracasados devastados por una guerra continua son los dos principales puntos de riesgo del continente.
La falta de alimentos y la imposibilidad de cultivos debido a los desplazamientos y exilio forzosos hace que también haya mayor riesgo de contraer enfermedades como la malaria o virus intestinales que aumentan las tasas de desnutrición infantil. El Niño en África no ha hecho más que empezar.


