Corea del Norte: alarmante satélite

15 / 02 / 2016 Alfonso S. Palomares
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La puesta en órbita de un satélite con ayuda de un cohete de largo alcance eleva las críticas de la contaminación mundial. 

Momento del lanzamiento del cohete norcoreano de largo alcance desde el centro de Sohae.

Corea del Norte, el régimen más tenebroso de la Tierra, despliega una espectacular coreografía para resaltar sus grandes celebraciones, especialmente en los avances en la tecnología de la defensa. Vemos con asombro miles de soldados perfectamente alineados y masas moviéndose armónicamente en plazas inmensas. El espectáculo prima sobre todas las cosas, en un país con grandes hambrunas. Con cierta frecuencia, Corea del Norte inquieta a sus vecinos del Sur y a países de la zona, especialmente Japón. Ahora acaba de producirse una provocación más.

Fue el pasado domingo. A las nueve de la mañana, desde el centro espacial de Sohae lanzaban un cohete de largo alcance para poner en órbita un satélite de observación terrestre: la operación enmascaraba la prueba de un misil de largo alcance. La obsesión del régimen de Piongyang desde hace años es lograr un misil que llegue hasta Estados Unidos. Un delirio de grandeza, pero muy peligroso. A pesar de todas las prohibiciones de desarrollo nuclear y de las sanciones de que fue objeto, Corea del Norte se ha ido dotando de armamento nuclear. El lanzamiento de este satélite se produce un mes después de que el país hiciera su cuarto ensayo nuclear, en el que, en el ansia por demostrar su poderío, aseguraron que habían logrado detonar con éxito una bomba de hidrógeno. Los expertos de diferentes países pusieron en entredicho que hubieran logrado explosionar una bomba de hidrógeno, ya que la fuerza de la explosión no correspondía a la de una bomba de esa naturaleza.

La florida retórica verbal se corresponde con el exhibicionismo coreográfico al que aludí antes. Lean lo que escribió la agencia de prensa norcoreana KCNA sobre el lanzamiento del satélite y que reprodujeron todos los periódicos: “Fue un vapor fascinante que se arrastró por los cielos claros y azules de la primavera de febrero en el umbral del día de la Estrella Resplandeciente”. En general, celebraron el acontecimiento como un salto histórico en el desarrollo de la ciencia, de la tecnología, de la economía y la capacidad de defensa del país. En los informativos de televisión aparecía el líder Kim Jong-un asistiendo al despegue rodeado por una corte de militares que le prodigaron un sonoro aplauso ante el éxito. Kim Jong-un sonreía embobado diciendo: “Es el fruto orgulloso de la política del Partido de los Trabajadores”.

Reacciones y condenas. Las reacciones a nivel mundial no se han hecho esperar. A petición de Japón y Corea del Sur se reunió el Consejo de Seguridad de la ONU para condenar lo que tanto el secretario general, Ban Ki-moon, como el presidente, un cargo rotatorio que actualmente ocupa el venezolano Rafael Ramírez Carreño, han calificado de provocación. La embajadora estadounidense en la ONU, Samantha Power, ha anunciado un paquete de medidas duro y concreto. El primer ministro japonés Shinzo Abe ha manifestado que junto con la comunidad internacional tomarán las medidas oportunas para la seguridad del pueblo nipón.

Donde causan más inquietud las aventuras armamentistas de Corea del Norte es en Corea del Sur, como es lógico, por eso trata con Estados Unidos para que desplieguen un sistema antimisiles en la península de Corea. En China se está recibiendo muy mal ese planteamiento, pero a pesar de todo es posible que lo lleven a cabo en nombre de la seguridad de los surcoreanos. China tiene vínculos de protección y amistad con Corea del Norte y aunque condena sus avances nucleares, después trata de que no les impongan sanciones. En estos momentos, el secretario de Estado John Kerry negocia con el ministro de Exteriores de China las medidas a imponer al régimen de Piongyang por los experimentos nucleares llevados a cabo el 6 de enero, en los que según la propia versión norcoreana llevaron a cabo la explosión de una bomba de hidrógeno. Hasta ahora no se han puesto de acuerdo sobre la dimensión de las sanciones. Cuando el Consejo de Seguridad trató de imponer serias medidas sancionadoras por sus experimentos nucleares en el año 2006, China, que tiene capacidad de veto, solo toleró unas sanciones genéricas relativas a la compraventa de armas y el acceso a los mercados financieros, la congelación de activos o la prohibición de viajar a determinados funcionarios. Solo se cumplieron a medias.

El joven y veleidoso Kim Jong-un trata de consolidar su poder con esta demostración de avances ofensivos ante el VII Congreso del Partido de los Trabajadores, a celebrar el próximo mes de mayo. Este congreso servirá para que el Partido de los Trabajadores profundice en la revolución. En el anterior congreso, celebrado en 1980 bajo el mandato del fundador de la dinastía, Kim Il Sung, se nombró heredero a Kim Jong-il, padre del actual mandatario. El congreso es una novedad, ya que Kim Jong-il no consideró necesario celebrar ninguno. Este se celebra para reafirmar las realizaciones del pasado y afrontar el futuro con la visión que proponga Kim Jong-un. Las proposiciones serán acertadas e infalibles, como corresponde a la retórica del régimen.  

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