Colombia, ante el desafío de la paz
Al final de un verano tan pródigo en malas noticias como este, tal vez la única positiva y alentadora sea el acuerdo de paz, firmado en La Habana, entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno colombiano presidido por Juan Manuel Santos.
Realmente fue un verano caluroso y atroz, los ataques de los yihadistas del EI sembraron el terror en varios puntos de Europa, de una manera absolutamente brutal en Francia donde un camionero desalmado sembró de sangre y muerte el bellísimo Paseo de los Ingleses de Niza. En muchas ciudades musulmanas como Bagdad, Alepo, Kabul, Yemen etcétera, los fundamentalistas fanáticos han hecho estallar sus cinturones de metralla llevándose por delante a centenares de conciudadanos. Los escenarios preferentes de sus fechorías son mezquitas, mercados y lugares de reuniones masivas. Cada día son más los refugiados que se amontonan a las puertas de Europa en condiciones lamentables y desesperadas, y Europa llena de temores no tiene respuestas sino que se refugia en populismos radicales e insolidarios. Turquía alentó un golpe de Estado para diseñar un contragolpe vengativo y bien planificado contra los enemigos de Erdogan. Podía seguir enumerando desventuras de este verano hasta terminar el artículo, pero quiero resaltar y centrarme en la única que considero que puede ser la mejor noticia, aunque no hay que echar todavía al vuelo las campanas del optimismo. Me refiero al acuerdo de paz logrado en La Habana por los negociadores del Gobierno colombiano y las FARC, considerada la guerrilla más antigua del mundo, con sus cincuenta y dos años de disparos que han producido una verdadera devastación en el país. La barbarie tiene números y debajo de esos números hay tragedias de todos los colores. Según las cifras de los diversos observatorios, los muertos de una y otra parte suman 250.000, los desaparecidos 45.000, los secuestrados 30.000, los desplazados casi 7 millones y los heridos entre 200.000 y los 500.000 dependiendo del grado de las heridas. Los responsables sustantivos son los de las FARC, pero también se cometieron muchos desmanes por parte de los distintos Gobiernos, los militares y los terribles paramilitares. Convivir con tanta tragedia se había convertido en un viejo dolor encallecido. Por eso, no es exagerado decir que el anuncio del final de los combates se haya convertido en un acontecimiento histórico de primer orden que fue escenificado de varias maneras solemnes.



