Brexit or not Brexit
Las encuestas para el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE destacan la ventaja de los partidarios del no y hacen saltar las alarmas en los organismos internacionales y entre los británicos que quieren seguir en la Unión.
A medida que se acerca el 23 de junio, día en que el Reino Unido definirá su modo de estar en el mundo y el diseño de su futuro, las tensiones crecen y las opiniones de los dos bloques, los partidarios del sí y los del no, chocan frontalmente con apasionada violencia. Excepto en el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) de Nigel Farage, profundamente antieuropeo desde su fundación, en el resto de las formaciones ha estallado una auténtica guerra fratricida.
En el Partido Conservador la confrontación es más visible por la popularidad de los personajes. El primer ministro David Cameron, después de haber negociado algunas ventajas para su país en Bruselas, se ha convertido en el adalid de quienes consideran que mantenerse en Europa es condición necesaria para seguir siendo una nación fuerte tanto política como económicamente en el paisaje mundial. Su principal oponente es el popular exalcalde de Londres Boris Johnson, también conservador. Boris, como todos le conocen, es un tipo histriónico, pero su histrionismo comunica bien, es un populismo que llega a la gente. Nadie conocía su repentina pasión antieuropea, más bien se pensaba que era un político europeísta, pero ya vemos que no. Claro que son muchos los que piensan, dicen y escriben que la causa antieuropea en Boris se debe a una estrategia para alcanzar el liderazgo de los conservadores y convertirse en el sucesor de Cameron, que si pierde este referéndum presentará su dimisión como primer ministro y su salida del número 10 de Downing Street. Y ahí estará Boris para ocuparlo. Los dos mosqueteros que acompañan a Boris Johnson en la apuesta irrenunciable por el no, son el ya citado Nigel Farage, que tiene un discurso con fuertes tonos racistas, y el ministro de Justicia, Michael Gove. Para estos tres tenores, el Reino Unido pierde identidad y singularidad al diluirse en la burocracia europea. Cuando hablan de la inundación de extranjeros que supondrá seguir en Europa citan el caso de Turquía, hablan como si hubiera 80 millones de turcos ansiando entrar en el Reino Unido.
El miedo es libre
Es un discurso falso y populista que apela al miedo y ellos saben que no es cierto. Desde 1963, Turquía viene siendo candidata a entrar en el Mercado Común, nunca lo ha logrado y está lejos de lograrlo por una sencilla razón, solo cumple cinco de las 72 exigencias para su entrada. Además deben saber que el Reino Unido dispone de derecho de veto para impedirlo. Debían saber también que los viajes sin visado solo se aplican a los ciudadanos del espacio Schengen, del que el Reino Unido no forma parte. Sin embargo, estos planteamientos calan en las masas, el miedo al extranjero es un fenómeno fácil de excitar y cultivar, también hay una prensa que está en esa apuesta. Con una de las últimas encuestas que da ventaja al no se ha avivado la inquietud y las alarmas han saltado entre los partidarios del sí, cuyo gran argumento es que la salida tendría efectos nefastos sobre la economía y el Reino Unido entraría en recesión. El FMI, la OCDE y el Banco de Inglaterra lo advierten una y otra vez en sus comunicados. Los sindicatos y la mayoría de los economistas advierten de que la salida de la UE sería desastrosa. Como máximo el Reino Unido se convertiría en el pariente pobre con gran dependencia de Estados Unidos, volcado en el Pacífico y articulando su comercio con los grandes mercados asiáticos. Incluso se quedaría lejos de la naciente apuesta africana.
Es cierto que en este Brexit sí, o Brexit no, dominan las pasiones, más que las razones. Hay mucho de sentimiento emocional, los partidarios del no aluden a la singularidad británica, a su orgullo histórico. Por eso, en estos difíciles momentos aparece Gordon Brown, el que fuera primer ministro durante los años más duros de la crisis, con un discurso apelando a la historia. Habla de los valores que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial con la victoria sobre la peste nazi, esos valores que nos han permitido tantos años de paz son los que deben marcar el futuro. En Europa –dice Brown–, a lo largo de los siglos, las naciones han luchado en largas y crueles guerras por la supremacía, todas las generaciones. Ahora estamos unidos no solo por el mercado sino que nos hemos convertido en una comunidad cuyo gran combate es la lucha por la paz. Luchamos con argumentos e ideas, no con armas y disparos. En estas circunstancias hemos visto una imagen inédita, la de los ex primeros ministros John Major, conservador, y laborista, Tony Blair, haciendo campaña a favor del sí y advirtiendo que la victoria del no podría desestabilizar el statu quo de Irlanda del Norte y el País de Gales y no digamos de Escocia, que es partidaria de seguir en Europa.
Son muchos los que defienden que un sí a la UE debe fomentar los grandes valores europeos como la solidaridad y poner frenos a los nacionalismos rampantes. El alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán y socialista y con prestigio creciente, ha apoyado a un decadente Cameron en la lucha por el sí.
Shakespeare podía ser un gran cronista de lo que suceda. Dios salve a la reina.

