Boko Haram sigue fuerte
Cuando el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, tomó posesión de su cargo en abril, prometió que acabaría con el grupo terrorista en diciembre. Pero, a pesar de algunas espectaculares acciones, los yihadistas siguen fuertes
Hace unos días el Ejército nigeriano llevó a cabo una liberación masiva de más de 300 mujeres y niños secuestrados por Boko Haram en el norte de Nigeria. Durante la operación, los militares afirman que mataron a una treintena de terroristas. Un titular muy esperanzador teniendo en cuenta los más estremecedores que se han leído este año: hallazgos de fosas comunes y la cada vez más habitual práctica de que menores de edad lleven a cabo atentados suicidas, presumiblemente obligados según Unicef.
Se acaba el año y el presidente Muhammadu Buhari quiere hacer ver que tiene todo bajo control. Pero lejos de haber cesado en sus ataques, Boko Haram alardea de su fuerza cada día. Siete de cada diez ataques se producen en Nigeria con una sangrienta frecuencia semanal, y hace unos meses la amenaza ha traspasado fronteras hasta convertirse en un enemigo regional, incluyendo en su territorio de acción también a Chad y Camerún.
Boko Haram, cuya traducción es “la educación occidental es pecado”, no esconde su ferviente rechazo a todo lo que tenga que ver con Occidente, de ahí los numerosos ataques contra escuelas y símbolos extranjeros. Los orígenes del grupo se remontan al año 2002 en la localidad de Maiduguri, al norte del país, y su objetivo es establecer la sharia –la ley islámica– en el conjunto de Nigeria, un país cuyas religiones se dividen en una casi exhaustiva dualidad: si bien la mitad norte es mayormente musulmana, el sur se profesa cristiano.


