Un rezo juntos
El 5 de enero de 1964, en Jerusalén, el papa Pablo VI extendió los brazos todo lo que pudo, sonrió y abrazó al patriarca Atenágoras, de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla. Fue la primera vez que aquello sucedía en 500 años. Y fue el principio de lo que ahora acaba de verse: Francisco ha reunido en el Vaticano al presidente de Israel, Simon Peres, y al de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, para hacer algo aparentemente sencillo: rezar juntos, cada uno a su diferente manera de llamar a Dios, para que la paz llegue pronto a la ensangrentada tierra que las tres religiones llaman santa. Un impresionante símbolo que muchos no comparten. Abbas tiene detrás de sí, al menos en teoría, a los fanáticos de Hamás, que propugnan la muerte, la venganza y el odio eterno a los judíos. Peres ha de cargar con su primer ministro, Netanyahu, que es quien de verdad manda y que mantiene posiciones no demasiado diferentes a las de Hamás, pero en el extremo contrario. Francisco dice a quien le quiera oír que la oración todo lo puede. Ojalá tenga razón. Todo lo demás parece haber fracasado.



